Ángela Figuera Aymerich

Nació Angela en Bilbao un 30 de Octubre de 1902. Desde niña mostró amor a la lectura y una inteligencia despierta. Estudió en el Colegio Sagrado Corazón de Bilbao, luego sigue estudios siendo de las primeras mujeres en España en realizar  bachillerato. En 1925 comienza a estudiar Filosofía por libre, examinándose en la Universidad de Valladolid. Termina su carrera residiendo ya en Madrid.

Al termino de su carrera realiza diversos trabajos en colegios, para más tarde comenzar a trabajar en la empresa italiana Aceros Poldi. En 1933 accede por oposición a la Catedra de Literatura y Lengua para Institutos de Enseñanza Secundaria. Es destinada a Huelva y se casa con el ingeniero Julio Figuera. En 1935 nace su primer hijo, que lo hará muerto:

Muerto al nacer

No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante
bebió la luz. Sus ojos no tuvieron
color. Ni yo miré su boca tierna…

Ahora, ¿sabéis?, lo siento.
Debisteis dármelo. Yo hubiera debido
tenerle un breve tiempo entre mis brazos,
pues sólo para mí fue cierto, vivo…

¡Cuántas veces me habló, desde la entraña,
bulléndome gozoso entre los flancos!..

 

 En 1936 nace el segundo, ya residiendo en Madrid y en pleno bombardeo, lo que le hace decir a ella: “como salvas, como si fuera un rey” Le pone de nombre Juan Ramón por la admiración que Ángela siente por el  poeta Juan Ramón Jiménez.

Comenzada la guerra, Julio Figuera, de ideología socialista, se alista en el ejército. En 1937 los evacuan de Madrid hacia  Valencia,  impartiendo ella clases en el instituto de Alcoy, para luego más tarde trasladarse a Murcia.

Finalizada la contienda, pierde cátedra y título en represalia por la ideología familiar, como ocurre con todas las maestras/os y catedráticos/as republicanas. La familia queda en total penuria sin trabajo, y sin bienes. Se trasladan de nuevo  a Madrid  impulsados por el pensamiento de que en la capital pasaran desapercibidos y podrán labrarse un porvenir sin la represión que toda ciudad pequeña produce a los perdedores.

Son años duros, de enorme penuria para la familia de Ángela y Julio. Ella, no obstante,  comienza a escribir publicando en 1948  impulsada por Julio su primer libro: Mujeres de barro. Al poco tiempo, Soria pura. La obra posterior de Ángela da paso a una “poesía preocupada” o de tema social, influida por la vida que se desarrolla ante sus ojos llena de penuria y humillación. Es una poesía que podría circunscribirse a la de Blas de Otero, León Felipe…donde transpira el dolor y la falta de esperanza de un pueblo maltratado.

En 1952 comienza a trabajar en la Biblioteca Nacional, pasando a desempeñar labor de difusión en un autobús que visitaba los barrios marginales de Madrid, con lo que su visión social se agudiza ante la miseria que contempla.

Publica en México, para eludir la censura franquista, Belleza cruel, prologado por León Felipe:

Belleza cruel

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo de jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde, sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.

Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el mido al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asusta verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.
Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.

Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.

 

En 1961 se reúne con Julio Figuera en Aviles ya que él  ha conseguido plaza de ingeniero en Ensidesa , allí se desconecta del mundo literario para dedicarse a la traducción.

Posteriormente visita la URRSS, y México. En 1971 Julio se jubila trasladándose de nuevo, la familia, a Madrid.

Ángela llega a esa etapa  cansada, escribe poco, como si su alma después de tanto dolor se le  hubiera secado. Asiste con decepción a la  Transición española y muere de enfermedad pulmonar el dos de Abril de 1984. Pensamos que su obra es de una intensidad y belleza que merece más conocimiento.

Su obra completa es como sigue:

  • Mujer de barro
  • Soria pura(1949). Premio Verbo. Poemario ilustrado con dibujos de su hermano el pintor Rafael Figuera.
  • Vencida por el ángel(1951).
  • Poema «Destino». Premio de la revista Ïndice de las artes y las letras
  • El grito inútil(1952). Premio Ifach
  • Los días duros(1953).
  • Víspera de la vida(1953).
  • Belleza cruel(1958). Premio de poesía Nueva España con prólogo de León Felipe.
  • Primera Antología, Caracas (1961)
  • Toco la tierra. Letanías(1962).
  • Cuentos tontos para niños listos. Libro dirigido al público infantil(1979).
  • Otoño(1983).
  • Canciones para todo el año. Poesía infantil(1984). Póstumo.
  • Obras completas(1986).

 

 

Nadie sabe

Abre tus ojos anchos al asombro
cada mañana nueva y acompasa
en místico silencio tu latido
porque un día comienza su voluta
y nadie sabe nada de los días
que se nos dan y luego se deshacen
en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

Pisa la tierra. Vierte la simiente.
Coge la flor y el fruto. Sin palabras.
Pues nadie sabe nada de la tierra
muda y fecunda que, en silencio, brota,
y nadie sabe nada de las flores
ni de los frutos ebrios de dulzura.

Mira la llamarada de los árboles
irguiéndose en lo azul. Contempla, toca
la piedra inmóvil de alma intraducible
y el agua sin contornos que camina
por sus trazados cauces ignorándolos.
Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
Pues nadie sabe nada de los árboles
ni de la piedra ni del agua en fuga.

Mira las aves, altas, desprendidas,
rayando el sol a golpe de sus alas.
Toma del aire el trino y el gorjeo,
pero no quieras traducir su ritmo,
pues nadie sabe nada de los pájaros.
Mira la estrella. Vuela hasta su altura.
Toma su luz y enciéndete la frente,
pero no inquieras su remoto arcano
pues nadie sabe nada de la estrella.

Besa los labios y los ojos. Goza
la carne del amante sazonada
secretamente para ti. Acomete
con decisión humilde la tarea
del imperioso instinto. Crece y ama.
Mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos,
ni del amor ni del placer ni entiende
la ruda sacudida que nos pone
el hijo concluido entre los brazos.

Clama sin gritos. Llora sin estruendo.
Cierra las fauces del dolor oscuro,
pues nadie sabe nada de las lágrimas.

Vete a hurtadillas con discreto paso.
Traspasa quedamente la frontera,
pues nadie sabe nada de la muerte.

María Toca

Sobre Maria Toca 750 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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