Balas de plata

Vivimos en un mudo de licántropos. Hombres lobo que adoptan la forma de amables vecinos, padres amantísimos, solícitos compañeros de trabajo o parejas dedicadas. Pero detrás de ese disfraz de respetabilidad se esconde el monstruo. No hay que tener miedo a las palabras, ni a la rotundidad con la que nos expresamos. Un monstruo no es solo un bicho horrendo salido del averno más profundo. También es aquel que devora a dentelladas las vidas de otros, y sobre todo de aquellos que le quieren.

En lo que llevamos de 2017 las cifras oficiales dejan un reguero de muertes: 31 mujeres asesinadas dentro de la tipología denominada violencia de género y 5 menores ejecutados por hombres que decidieron que era la mejor manera de matar en vida a sus madres. Y si recogemos las cifras no oficiales publicadas en feminicidio.net, que reflejan también aquellas muertes a manos de hombres ocurridas fuera del ámbito familiar o de relaciones sentimentales, la cifra aumenta hasta las 50 mujeres asesinadas en los cinco primeros meses de este año.

Pero las cifras son solo eso, números. Como datos son también las 287 violaciones denunciadas el primer trimestre de este año, un 13 % más que el año anterior. O las más de 143.000 denuncias puestas por violencia de género solo en el año 2016. O las 805 mujeres asesinadas a manos de hombres que decían quererlas desde el 2004, año en el que entra en vigor la denominada Ley contra la Violencia de Género.

Ninguno de esos datos refleja el dolor. Los hijos que ven su vida rota porque papá decidió matar a mamá, huérfanos de todo aquello que creían seguro en su pequeño mundo. Niños obligados a seguir un régimen de visitas con aquel hombre que pegaba e insultaba a su madre en base a no sé qué derechos. Mujeres que ni en toda una vida podrán recuperarse de las secuelas físicas y emocionales que deja un maltratador a su paso. Abusadas, violadas, y encima cuestionadas por un poder, el judicial, que obliga a demostrar que sí, que en esa ocasión cerraste bien las piernas y opusiste resistencia. Ninguneadas y juzgadas por una prensa que en muchos casos se revela como cómplice del sistema que permite que estas cosas sigan sucediendo, cada día. Porque no nos morimos, nos matan.

Los hombres lobo se parapetan detrás del heteropatriarcado, seguros detrás de las altas murallas construidas durante siglos. Son ellos quienes legislan, quienes deciden las dotaciones presupuestarias que se destinan a la protección de las mujeres víctimas de violencia de género, quienes ayudan a que los violentos puedan seguir teniendo derechos sobre unos hijos que asistieron impotentes a los abusos cometidos en sus hogares. Determinan nuestros sueldos, vetan nuestra participación en puestos de responsabilidad, ridiculizan nuestras reivindicaciones. Porque, curiosamente, el problema no está en el machismo endémico sobre el que esta construida nuestra sociedad. El problema es el feminismo.

Putas si somos libres, putas si protestamos, putas si denunciamos, putas si soportamos. Porque la responsabilidad de permitir los atropellos está en nosotras, que soportamos el maltrato. Putas sí, porque será que nos gusta. Nos han llamado tantas veces putas que hemos perdido la cuenta. Si aguantamos, nos matan. Si no aguantamos, nos matan. Si denunciamos, nos matan. Si no lo hacemos, nos matan. Si respiramos, nos matan. No tenemos suficientes recursos para atender a las víctimas, y nos matan. Las leyes son insuficientes, y nos matan. Nos matan. A nuestros hijos, también los matan. Y la culpa es nuestra, por putas.

Necesitamos balas de plata para acabar con los licántropos. Balas en forma de leyes que protejan a los que más lo necesitan, integrando a los menores en esa red de protección. Hace falta que los presupuestos generales del Estado den respuesta a la demanda mayoritaria de una sociedad que clama por el final de los feminicidios. Porque sin dinero público las leyes no son eficaces. Los juzgados de familia necesitan profesionales especializados en violencia de género y efectivos suficientes para que las sentencias de divorcio o separación sean un traje a medida de las necesidades de cada familia y no un régimen preferencial dictado por instancias superiores que desconocen la idiosincrasia propia de cada caso. Es urgente que los acosadores, violadores y maltratadores se vean cercados por un rechazo social e institucional que les haga replantarse su misma existencia; enviar un twitt o un escueto mensaje con lo afectados que están algunos políticos no vale una mierda cuando acaban de asesinar a otra mujer más. Nuestras balas de plata son la educación, las políticas reales, la justicia y el feminismo. Sí, el feminismo, sí. Es decir, la igualdad entre hombres y mujeres. Y es agotador tener que repetirlo en cada gesto, en cada palabra, en cada artículo, en cada denuncia. Algunas estamos más que hartas de hacer pedagogía continuamente. El feminismo no quiere un mundo por y para mujeres, dominado por amazonas castradoras. Solo queremos una convivencia igualitaria. ¿Tan difícil es esto de comprender?

Este fin de semana han muerto tres mujeres en apenas 24 horas. Y ni todas las manifestaciones, ni todos los días de luto decretados, ni todos los mensajes solidarios podrán aliviar a los que dejan detrás.  Solo podemos mirar hacia delante y hacer frente a los hombres lobos. Si es necesario a dentelladas.

 

Texto original para #LaPajarera: Susana Ruiz Bilbao

Susana Ruiz Bilbao:

Nacida vasca y trasplantada hace más de una década a tierras cántabras. Licenciada en Bellas Artes y diplomada en Interiorismo, ejerce su vocación como profesora de artes plásticas en su propio taller. Lo combina con el activismo político y social como Coordinadora del Comité Ciudadano del partido municipalista Santander Sí se Puede, con la lectura incansable y la escritura cuando el tiempo lo permite.

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Nacida vasca y trasplantada hace más de una década a tierras cántabras. Licenciada en Bellas Artes y diplomada en Interiorismo, ejerce su vocación como profesora de artes plásticas en su propio taller. Lo combina con el activismo político y social como Coordinadora del Comité Ciudadano del partido municipalista Santander Sí puede, con la lectura incansable y la escritura cuando el tiempo lo permite.

  1. Me ha gustado tu mensaje mucho Todas tenemos que trasladar mensajes de igualdad desde la formación en todos los ámbitos donde nos desemvolvemos para concienciar y educar desde la igualdad y libertad . Esto es una labor a largo plazo pero no podemos permitir que sigan asesinando a madres y niños inocentes y esto es aquí y ahora Presionemos todas/os los que tengamos un algo de conciencia en ámbitos judiciales, de comunicacion y política social para que hayas especialización Es muy importante !!!!

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