Carolina Coronado

“En esta población tan vergonzosamente atrasada, fue un acontecimiento extraordinario que una mujer hiciese versos sin ‘maestro”.

 

En una de esas visitas esporádicas al Museo del Prado, encontré un rostro enmarcado en un pequeño cuadro, casi esquinado de un pintor del XIX . Algo me llamó la atención en el rostro femenino, pleno de dulzura, decisión e inteligencia, pintado por Federico de Madrazo,  nativo de Cantabria, por más señas. Era el rostro de Carolina Coronado, que me contemplaba en el silencio de la sala escondida. Reconozco que era una figura, para mí casi desconocida, tan solo reconocible, por los versos que le dedicó Espronceda. Me fascinó esa cara  y hoy le dedicamos a su figura un estudio a fin de darla a conocer.

 

Nacio Catalina en 1820 en Almendralejo, Badajoz. Hija de un padre y abuelo progresistas que sufrieron represión y cárcel por ello, es educada dentro de la tradición. Coser, bordar, y poco más recibe como educación Catalina, siendo ella la que motu propio y robando horas al sueño se dedica a leer todo lo que puede. “En esta población tan vergonzosamente atrasada, fue un acontecimiento extraordinario que una mujer hiciese versos sin ‘maestro”. Son  palabras expresadas con pesar en una de sus cartas.

Años después se dolerá de su falta de instrucción dedicando empeño a cultivarse. Aprendió francés e italiano, sola, como forma de leer a los clásicos.  Duros eran los tiempos para la cultura femenina, no obstante consiguió publicar poemas con poco más  de doce años. Su poesía es emotiva, pero adolece de errores sintácticos y ortográficos imputables a la falta de base cultural. “Mis estudios fueron todos ligeros porque nada estudié, sino la ciencia del pespunte, el bordado y encaje extremeño, que sin duda es tan enredoso como el código latino donde no hay un punto que no ofrezca un enredo”

 

Han llegado a compararla con Rosalía y con Bécquer, de forma exagerada, ya que Carolina Coronado tiene poesía muy bella, pero representa un romanticismo rural, y quizá no tiene la enorme talla de los citados.

 

De salud frágil, padece catalepsia, llegando incluso a “morir” varias veces, desarrollando la obsesión de ser enterrada viva. En una ocasión hasta la prensa publicó su obituario, lo cual dio lugar a una obra: Dos muertes en una vida.  Su obsesión la lleva a que al morir su marido, decide embalsamarlo y convive con el cadáver en la casa de Lisboa, donde habitaban entonces.

Debido a su enfermedad sufre una crisis nerviosa que la paraliza. Con el fin de   intentar mejorar su estado, le aconsejan recibir baños en una zona cercana a Madrid, a donde  translada su residencia  comenzando entonces a brillar socialmente. Amiga de Isabel II, borda en plena guerra civil de 1839, una bandera apoyando la causa del liberalismo. A los 28 años, rompe la promesa de castidad que hizo cuando murió su novio Alberto (del que hay dudas de su existencia) para contraer matrimonio con sir Justo Horacio Perry.

Luchadora antiesclavista, colabora con Concepción Arenal, escribiendo el poema : A la abolición de la esclavitud en Cuba, siendo publicado y declamado con enorme escándalo.

Sus poemas  fueron publicados con éxito, siendo prologados por A. Hartzenbusch, con el que tiene una amplia correspondencia a lo largo de su vida. No es bien visto que una mujer escriba y publique, pero la enorme simpatía, el amparo que ofrece su casa a los  revolucionarios le hacen acreedora de respeto. En su domicilio, que estaba situada en un palacete donde hoy está la calle Lagasca, recibe a personajes importantes siendo famosas sus tertulias en las que participna Martínez de la Rosa, Castelar, Bretón de los Herreros, Donoso Cortés.

 

Al casarse, abandona la poesía, publicando a partir de entonces novela. Siendo las obras reseñadas : Jarilla, Paquita,Adoración, Luz; La Sigea, La rueda de la desgracia, manuscrito de un conde, El Oratorio de Isabel la Católica y la inacabada Harnina; obras como Los genios gemelos. Primer paralelo: Safo y Santa Teresa de Jesús, Un paseo desde el Tajo al Rhin, descansando en el Palacio de Cristal,Galería de poetisas contemporáneas,España y Napoleón y Anales del Tajo corresponden a sus ensayos. También se conocen algunos títulos de obras teatrales que se estrenaron, como El cuadro de la Esperanza. Narrativa epistolar y otros artículos completan la producción de Carolina Coronado.

Incluso se permite escribir un ensayo, haciendo un paralelismo entre Teresa de Ávila y Safo de Lesbos, volviendo a producirse escándalo mayúsculo al conocerse el escrito.

Sufre la pérdida  de varios hijos, y del marido, refugiándose en Lisboa con una cierta perturbación nerviosa en la vejez en compañía de la única hija que la sobrevive, Matilde. Vive encerrada, con el cadáver del esposo, con una conducta errática, llegando a soñar, premonitoriamente,  la muerte del hijo varón y se mantiene en una soledad desvariada.

Quizá su obra no brille como otras autoras de su siglo. Es posible que se deba a que suele haber una sola figura de mujer  notable en cada generación y la enorme figura poética de Rosalía eclipse a la de Carolina Coronado, pero creemos que su poesía tiene una gran validez, hallando en ella notas de gran belleza.

Muere en Lisboa y es enterrada en su tierra de Almendralejo, en Enero de 1911.

 

LA LUNA ES UNA AUSENCIA

Y tú, ¿quién eres de la noche errante
aparición que pasas silenciosa,
cruzando los espacios ondulante
tras los vapores de la nube acuosa?

negra la tierra, triste el firmamento,
ciegos mis ojos sin tu luz estaban,
y suspirando entre el oscuro viento
tenebrosos espíritus vagaban.

yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos
perfiles asomar con lenta calma,
como tu rayo descendió a mis ojos,
tierna alegría descendió a mi alma.

¿Y a mis ruegos acudes perezosa
cuando amoroso el corazón te ansía?
Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa
hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!

LA ROSA BLANCA

¿Cuál de las hijas del verano ardiente,
cándida rosa, iguala a tu hermosura,
la suavísima tez y la frescura
que brotan de tu faz resplandeciente?

La sonrosada luz de alba naciente
no muestra al desplegarse más dulzura,
ni el ala de los cisnes la blancura
que el peregrino cerco de tu frente.

Así, gloria del huerto, en el pomposo
ramo descuellas desde verde asiento;
cuando llevado sobre el manso viento

a tu argentino cáliz oloroso
roba su aroma insecto licencioso,
y el puro esmalte empaña con su aliento.

 

 

 

María Toca

 

Sobre Maria Toca 274 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

Deja un comentario