Cincuenta años de Cien Años de Soledad

Alguien en esto de las redes, apuntó que se cumplían cincuenta años desde la publicación de Cien Años de Soledad. Cincuenta años desde que se creó el mundo, desde que nació Macondo y en un rinconcito, entre la higuera y las sábanas de Remedios la Bella, me refugié cuando el viento arreciaba y la cosa se torcía.

Lo he leído varias veces. La primera, apenas llegada a la adolescencia. Lo descarté por irredento: no entendí nada. Me mareé a poco de empezar por entre el árbol genealógico de los Buendía , apartándole  en el anaquel de los incomprendidos. Fue milagro conservarle entre los sucesivos percances que en los años siguientes acaecieron. Lo hice, milagro sumo.

Con más años, un invierno doloso como son en el norte, lo desempolvé en unos días en que las inclemencias no permitían salir. Recuerdo como si fuera ahora, como realizaba mis tareas con prisa, aplicando la premura, casi el estrés para abandonar el mundo real y sumergirme entre los arabescos de ese Macondo que contaba como la creación del mundo. Fueron tres o cuatro días, no recuerdo, porque las noches se fundieron con el día, las tardes con las mañanas y solo existía en mi gris vida, Melquiades y sus augurios, la buena de Ursula Iguarán, antes de comprimirse hasta desaparecer, los Aurelianos, los Arcadios, los Buendía al completo y sus historias. Me recuerdo sumida entre las páginas, que no lo eran, porque a poco de empezar, se convirtieron en ciénaga apestosa; sufrí con mis axilas que  no se podían cerrar porque llegué a padecer los golondrinos que me nacieron de golpe. Y luego, casi me subo al cielo con Remedios La Bella. Tanto miedo cogí, que dejé de hacer colada por una buena temporada.

 

Hace poco volví a leerlo. Ya con ojos de escrutadora, de hacer examen para aprender o percibir imperfecciones. Con esa idea entre en las primeras páginas. Al llegar a la quinta o la sexta, se me fue el porfío y comencé a disfrutar como si fuera nueva la historia. Porque lo era, Cien Años de Soledad es el mundo, que nace en cada línea, el portento que milagrea con cada lector.

Tengo pena de haberlo leído tantas veces. Ahora mi tiempo transcurre esperando a olvidarle, para volver a hacerlo. Mientras, me declaro de nacionalidad maconiana, postulante de la fe marquizta y como tal devota de mi Gabo. Del Gabo Dios, porque fue él y no el otro el que creó el mundo.

 

#MariaToca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre Maria Toca 277 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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