El amor más grande

Ella lo amó antes de saber lo que significaba amar. Todavía no sabía hablar ni caminar. Creo que simplemente lo reconoció y decidió que su papá era su persona favorita en el mundo, el sentimiento era mutuo y así crearon el vínculo más fuerte de sus vidas, el amor más grande. Ese lazo era su fortaleza, lo que los unía al mundo y a la vez los separaba de él, el vínculo que los hacía parte de algo que era únicamente de los dos. No se propusieron ser egoístas y bloquear el acceso a los demás, simplemente así se dio, ellos dos eran iguales.

Él era un papá de los de antes, no cambiaba pañales, no cuidaba a las guaguas*. Él sólo trabajaba todo el día y cuando regresaba traía chocolates Princesa y daba uno a su princesa. A veces él tenía que viajar por trabajo y cada vez que lo hacía ella se enfermaba y no eran mañas. Hijita linda y querida, por qué siempre te enfermas cuando yo no estoy? En esa época ella tenía pesadillas recurrentes en las que algo malo le pasaba a él… lo mató en sueños de todas las formas posibles: se ahogó en el mar, se lo comió un tiburón, lo aplastó el tren, lo raptaron los extraterrestres. Despertaba llorando enloquecida, felizmente esos sueños horrendos duraron poco. A lo mejor era su alma de niña avisándole que lo más difícil que le tocaría hacer en la vida sería vivir sin él.

Cuando ella aprendió a escribir, si por alguna razón estaba lejos de su persona favorita, se escribían cartas. Él hablaba lindo y escribía mucho más lindo. Tenía la delicadeza de adaptar su escritura para que una niñita la comprendiera. Ella conserva una de sus cartas de esa época, parece un cuento, una demostración de ternura indescriptible. La pobre hizo esfuerzos sobrehumanos para entender su letra, él era zurdo y cualquiera hubiera dicho, al leer sus manuscritos, que era médico. Se quejó. Cholapaburra que no entiende mi hermosa caligrafía y desde entonces optó por mecanografiar sus cartas. Firmaba a mano Oscar, y a veces Tu Tata. Y así empezaron la costumbre de escribirse siempre, pero siempre, largo y tendido, cosas importantes y tonteras, primero cartas, luego correos electrónicos.

Cuando salían a la calle a veces él la sentaba en sus hombros y ella se sentía en la cima del mundo. Los fines de semana salían a pasear en familia y llegaban a la casa de noche. Ella se hacía la dormida sólo para que él la llevara cargada hasta su cama. Creo que él se daba cuenta de que estaba despierta, pero ella se sentía invencible en sus brazos y supongo que él lo adivinaba, al fin y al cabo era su héroe. Sus ojos tenían una expresión especial dedicada sólo a ella, una mirada que mezclaba ternura, sonrisa, admiración y amor. Los dos tenían un vocabulario propio, unas palabras que ella inventó y que a él lo hacían carcajear a mandíbula batiente. Ella hacía la siesta echada sobre él, tomaba vuelo desde la puerta del dormitorio de sus papás y aterrizaba muerta de risa en su pecho, apanado papi. Se quedaban dormidos corazón con corazón. Ese siempre será el mejor lugar del mundo para ella: la cabeza apoyada en el pecho de su papá, arrullada por los latidos del corazón que más la amó, pompompompompóm. En esa época ella quería ser trapecista cuando fuera grande y andaba todo el tiempo contorsionándose, rascándose la oreja con el tobillo, sobándose el dedo gordo del pie con el cuello o patas arriba. Veía la tele al costado de su persona favorita, cabeza con cabeza pero con sus piernas paralelas a la pared, viendo el mundo al revés.

Varios años más tarde, una de las gatitas de la familia murió. La pobre casi se muere del dolor de corazón y le dijo papi, nunca he sentido un dolor tan grande. Él la miró y le dijo hijita linda y querida espero con toda mi alma que éste sea el dolor más grande de toda tu vida. Ella no entendió lo que él quiso decir hasta muchos años después. En esos tiempos, él le enseñó a manejar. La verdad es que era más lo que conversaban que lo que ella atendía las explicaciones. Eran un espectáculo: ella al volante, él de copiloto encomendándose a todita la corte celestial, si ella estaba contándole algo sabroso terminaba entusiasmándose tanto que soltaba el timón… Agarra el tiiimooón hijiiita que nos mataaamos!!! En todo caso de lo único que se mataron durante las clases de manejo fue de risa. Reían mucho cuando estaban juntos.

Él tenía la capacidad única e irrepetible de ver las cosas desde la perspectiva de ella. Ella nunca tuvo que explicarle sus acciones o sus reacciones porque él la entendía. En una familia peruana típica, donde lo que abunda son los metetes, ella tuvo en él a un aliado incondicional, él era de su bando a ojo cerrado. A lo mejor el vínculo que establecieron cuando ella supo por instinto lo que era el amor estaba basado en el hecho de que veían y sentían las cosas desde el mismo lugar. Se entendían, se aceptaban. Él fue su héroe de niña y cuando ella creció y entendió que los héroes son de papel y no de carne y hueso él fue solamente su papá y mejor amigo y al serlo le dio el regalo más grande: sentirse absolutamente amada y amar sin condiciones.

No he conocido jamás a un par con una conexión como este padre y su hija. Ahora él está en el cielo y hace poco ella se sorprendió a sí misma acariciando a su perro tal como él le acariciaba la cabeza a ella: una mano detrás de la otra, presionando. Lo sintió en su alma donde está segura de que él está. Extractos de algunas de sus cartas:

Hijita linda y querida, hay que cruzar el Rubicón, allá vamos, como los buenos, optimistas y cantando.

Adelante Cachupín!!!

Cuánto quisiera estar ahí y ayudar, tener la capacidad de viabilizar cada objetivo, saltar de gozo contigo con cada realización y ganarme un pedacito del mérito para regalártelo.

El dolor de los años acumulados se convierte en el júbilo de los años que valieron la pena vivir porque tú estás ahí.

Hace demasiado tiempo que no te escribo, los días con sus exigencias prosaicas, me dejan exhausto y se pasan. No quiero que esta ausencia de palabras se prolongue más. Por lo pronto sabe que estas en mí como nadie lo ha estado nunca y que si alguien te ama en este mundo, ese soy yo.

¿Quién puede afirmar que el solo pensamiento no es capaz de reunir a las personas?. Veámoslo así, hijita querida, nuestros amados están con nosotros, los bulliciosos o voluminosos alternan sin saberlo con los que no pueden estar por la distancia y también con los ausentes apacibles hechos de puro sentimiento…Son nuestros, somos de ellos… A los amados ausentes podemos sentirlos también, ningún fenómeno físico puede evitarlo.

Nunca fui mejor atendido ni me sentí más querido que en tu casa, me has blindado contra lo feo de este mundo por un buen rato. Gracias hijita.

Los viejos sabios griegos sabían lo fácil que es para el amor traspasar las barreras que metidos en nuestros torpes cuerpos no podemos traspasar.

Hoy es el día en que fui premiado, recompensado por algo muy bueno, pero muy bueno, que he de haber hecho en otra vida; no recuerdo nada hecho en la presente, que meritúe que Dios me concediera un premio como tu presencia en este mundo. Gracias Dios. Pásalo lindo hijita, sé feliz. Te encargo que cuides el tesoro más grande, el más bello regalo que jamás haya recibido este vejete orejón…mi florcita de hierro…frágil, flexible, inteligente, incontrastable… Cuídate por favor..

Paciencia. Ya sé qué es ciencia ¿qué será pa?

…acaban de llegar tus tías, felices, gorjeando como brujas después de almorzar niñitos, de un viaje, que parece, ha sido venturoso.

En medio de un balance de vida con altibajos tan pronunciados, exhibo con orgullo amores tan completos que a pesar de todo, justifican mi paso por este planeta. Te quiero princesita.

Úrsula Álvarez Gutiérrez /

Facebook: Entre Histerias e Historias

*guagua: peruanismo para ‘bebé’.

*chola: peruanismo con muchas acepciones, en este caso, palabra cariñosa.

Sobre Ursula Álvarez 10 Artículos
Arequipeña de origen cántabro (sobrina de Consuelo Bergés y sobrina nieta de Matilde de la Torre) Profesora de inglés en la Universidad del Pacífico de Lima Publica en Mujeres Mundi y en diversas revistas peruanas. Corazón partido entre el origen cántabro y su Arequita natal

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