El Discurso, Roberto H. Rodriguez

Excelentísimos e Ilustrísimos amigos:

Sean bienvenidos a nuestra comunidad que, desde este momento, pueden considerar suya. Hoy me corresponde el honor de actuar como portavoz de la Corporación. En su nombre agradezco la presencia de tantos y tan altos dignatarios interesados en conocer de primera mano el Proyecto. Así pues, con el espíritu directo y franco de mi tierra, iré al grano. Una sola frase explica el núcleo de nuestro modelo de convivencia: en esta ciudad el tiempo está detenido.

Disculpen si sonrío al ver sus caras. Era de suponer que así, en frío, esta pintoresca frase provocaría incredulidad hasta en políticos tan experimentados como ustedes. Les aseguro que mis palabras no son producto del capricho. ¡Ni mucho menos! Entre nosotros este asunto se trata con la seriedad que merece toda empresa fundamentada en una profunda verdad colectiva. Como ya suponen, mi afirmación sobre el tiempo es metafórica. Seguramente habrán visto en su paseo por la ciudad las bellas maquinarias que inundan los cielos con tintineos y deliciosas tonadillas populares. En ellas está la clave.

Desde sus inicios fuimos ambiciosos con la magnitud de una obra pública que alegra nuestras calles y sintetiza el horizonte mental de sus ciudadanos. Unimos a una gran cantidad recursos la mayor sencillez administrativa. La fórmula ha resultado ser un éxito. El Departamento de Urbanismo selecciona el espacio público en que se instalará el Anticrono (así llamamos a estas torres con relojes sin manecillas) y busca los accionistas dispuestos a financiar el proyecto.

En poco más de un mes el mecanismo está listo y conectado a un equipo que amplifica su sonido. Pues bien, de forma aleatoria y sin razón horaria alguna, la nueva melodía se une a las restantes y una alegre algarabía de campanazos, promos de patrocinadores y canciones tradicionales tarareadas por todos; nos recuerda que hoy, felizmente, somos los de siempre. ¿Y todo esto a qué viene, se dirán ustedes? La explicación es sencilla. Tras una larga trayectoria de gobierno creímos llegado el momento de dar a esta ciudad el monumental homenaje que merecía. Buscamos  nuestro rasgo más digno de exaltar y preservar pero nos gustaban todos. Lo cierto es que tenemos una gran vocación conservadora, una genuina conformidad con lo establecido.

Casi sin querer surgió la pregunta: ¿qué clase de futuro puede tener un colectivo que se replantea continuamente su propia identidad? El desastre, fue la clamorosa respuesta. Y así, en este mundo azaroso, cambiante y globalizado, nosotros, queridos amigos, decidimos permanecer inalterables. Nuestro empeño no es casual, ni producto de la imposición, el miedo o la desidia. Óiganlo bien, somos lo que somos porque nos da la gana y no vamos a cambiar. Esa es nuestra filosofía y los anticronos su símbolo. Sin duda, conocerán ustedes países, continentes enteros, dispuestos a todo por adaptarse a nuevos modelos de sociedad. ¿Para qué cambiar? ¿Qué consiguen con ello? ¿Es qué no se gustan? ¿Desde cuándo están reñidos identidad y progreso? Sin embargo no estamos de moda y somos nosotros el foco de las críticas. ¡Nosotros, una sociedad respetuosa y solidaria con aquellos que voluntariamente desean abrazar nuestra forma de vida! Al contrario que ellos a nadie obligamos. No vamos por ahí reinventando diferencias, nos limitamos a conservar férreamente las que ya tenemos. Así nos va bien.

Quien quiera tiene las puertas abiertas.Llaman inmovilismo a nuestros sólidos valores. ¿No está en el orden divino actuar según la propia naturaleza? ¿Acaso deben relinchar las ovejas? Como ven les hablo con total sinceridad, no pretendo callar virtudes ni defectos y, por respeto a la verdad, no puedo ocultarles que esta idiosincrasia no es compartida por toda la población. Coincidirán conmigo en que no deben regatearse esfuerzos para evitar males mayores. Somos servidores públicos conscientes de la misión que el pueblo nos encomienda y por ello valoramos cuidadosamente los elementos a potenciar, a quién y para qué subvencionamos. Hacemos lo imposible por estimular esa presión social que descorazona a los rebeldes. Una sociedad sana y laboriosa debe saber a qué atenerse. Dejar las cosas claras, evitar ambigüedades, es, sin duda, lo más práctico. Aquí todos nos conocemos, dependemos unos de otros y sabemos de qué pié cojean nuestros vecinos. Ya que ciertas inclinaciones, ciertas cojeras, son mayoritarias y deseables para la comunidad, cualquier persona con sentido común debe saber inmediatamente de qué pie le conviene cojear. La convivencia exige sacrificios; sacrificios lógicos en democracia.

 

Como amigo y colega de los presentes no dudo en compartir la idea de que un colectivo renqueando de la misma pierna camina con mayor armonía y facilita a sus cargos electos la tarea de marcarles el paso. En ese aspecto estamos orgullosos de nuestra gente. Los ciudadanos han aprendido a vivir este estado de cosas como algo natural y evitan que la cuestión sea debatida salvo en momentos de celebración o amenaza. Esta higiénica actitud corrige la tendencia, tan humana, de llevar el paso cambiado. A nadie le interesa aumentar el número de voces malintencionadas que acusan a esta Corporación de corrupta, de clientelista, de estar manejada por intereses económicos. ¡Ridículo! ¡Vergonzoso! Esos radicales de vía estrecha no pueden asumir la verdad de las urnas. ¿Tan difícil resulta de entender que los ciudadanos nos sigan confiando la llave de su destino?

Les aseguro que no hay en mis palabras censura o desprecio por los grupos disidentes. Esta ciudad sabe respetar todas las voces y garantizar la pluralidad. Tenemos minorías críticas. Nunca les hemos negado un espacio para sus acusaciones. Personalmente me reconozco muy dado a presenciar sus mítines. Me conmueven sus inútiles empeños. Hablan de estancamiento, de desesperanza, de tiempo perdido. Proponen cambios a un auditorio semivacío. En general acaban emigrando a otras latitudes más acordes con sus pretensiones. Son, por decirlo así, nuestra resistencia, pero privados de su aureola. Si aquí hay algo verdaderamente romántico es nuestra manera de permanecer inexpugnables. Me gustaría concluir con una anécdota para ilustrar la gran aceptación de estos equipamientos. En pocos años se ha creado la costumbre de citarse bajo los anticronos. Cada pareja tiene sus preferencias. Los hay que se decantan por una melodía o por el autómata, siempre distinto, que corona la esfera. ¡Cuántas amistades han nacido ya bajo su fresca sombra de verano! ¡Cuántos noviazgos! ¡Cuántos pequeños Parménides se están gestando! Mil perdones por este rapto emocional. No quiero privarles por más tiempo de las delicias gastronómicas que esperan en la sala contigua. Eso, amigas y amigos, si que es poesía. Sólo me resta agradecer su paciencia y valorar su amistad. En su visita anida una dulce esperanza. Quién sabe si entre todos no conseguiremos, algún día, que el tiempo nos de la razón.

Texto: Roberto H. Rodriguez

Sobre Maria Toca 274 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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