El punto de no retorno

En estos días de perdón y de redención deberíamos hacer un planteamiento sobre cómo estamos permitiendo o actuando respecto a Cataluña y hasta qué punto hemos llegado.

Yo soy de los que opina que cuando se toman determinadas decisiones extremas, llegado el momento, hay un punto de no retorno y en política todavía más. Hay un momento en el que las posibilidades de diálogo desaparecen.

Yo no sé qué pasa por la cabeza de Puigdemont, ni sé lo que pasa por la cabeza de Rajoy, si es que les pasa algo. Lo que tengo muy claro es que están jugando con fuego y esto puede acabar muy mal. Sé que estoy siendo muy generalista y que no doy una explicación, soy consciente, pero creo que todo el mundo que me está leyendo sabe perfectamente a qué me estoy refiriendo.

Ahora os voy a pedir, al menos durante un lapso de tiempo, que os olvidéis de partidos, sucesos, hechos y os planteéis las cosas de otra manera menos intoxicada.

Soy de los que opina que en este caso el código penal no es extensible a un movimiento social que propone una idea, porque es de chiste pensar que a través de la ley es posible cambiar la sociedad. Esa idea consiste en poder cuestionar democráticamente la relación política, social, cultural, medioambiental, territorial y económica que tiene un territorio concreto con el resto del estado.

Ese territorio expresa una desafección o un conjunto de ellas que hace plantearse si continuar formando parte de ese estado, que entienden que no vela por sus intereses. Los ciudadanos y ciudadanas de ese territorio votan legítimamente a un gobierno que apuesta por esa idea y la lleva a cabo. Esa idea, como ya sabemos, no es legal. Aunque haya muchas interpretaciones jurídicas.

Todas ellas se basan fundamentalmente en el carácter indisoluble y los hay que entienden que permitir la desconexión de una parte de ese estado lo disuelve per se o por las consecuencias precipitantes, el famoso “ánimo de descontento” que lo legitima todo y los hay que entienden que no se disuelve el estado porque un territorio se desconecte, sino que se desintegra parcialmente.

La disolución será, en todo caso, la desaparición de ese estado. Y sin embargo, no desaparece, se ve mermado, reducido, parcialmente desintegrado, pero no se disuelve. Pero bueno, más allá de eso, lo que quiero decir es que las interpretaciones son muchas sobre la constitución y la terminología juega un papel muy importante, desde luego. En derecho no todo es blanco o negro y hoy algo es ilegal y mañana no, y eso en derecho es así.

En cualquier caso, el derecho no existe solo en la categoría formal. Algo no siempre tiene que estar reconocido por instituciones internacionales para que sea cierto.

¿Es legítimo cuestionar un status quo político sin que la legislación de ese sistema lo permita? Bueno, sí es legítimo y más todavía cuando es pacífico y democrático. La idea por sí misma de que un territorio pueda cuestionar la relación político-territorial respecto al estado es simplemente un planteamiento estructural y de poder. Repito, otro tema es que sea legal, que desde luego no lo es. Bajo mi criterio el problema no es el cuestionamiento, el reto o la discusión, sino que la ley no lo permita.

Por tanto estamos delante de un movimiento social que cuestiona la relación territorial que tiene con el estado y ese, no lo permite.

¿Qué es lo que debería hacer la izquierda? Es lo que debiéramos preguntarnos, porque si esperamos a que la derecha haga algo, ya conocemos los resultados de su política. Violencia de estado, palizas, tiros, represión, cárcel, torturas y “viva España”. Sin más.

Además, eso no es solo una conducta con demasiadas similitudes al sueño húmedo del fundador del PP, sino que además son irresponsables, infantiles y muy, pero que muy peligrosas. A veces me da la sensación de que el movimiento independentista no haya matado a nadie es un problema para el gobierno del estado, pero por inactividad. El gobierno no puede justificar su violencia de manera inmediata, pero ya se encargan de utilizar a sus mamporreros del partido y de los medios para que los tachen de golpistas. Para construir el relato de que los catalanes no son víctimas de un gobierno autoritario, sino que son ellos los que les han obligado a serlo para salvaguardar la patria que tanto cuesta encarrilar. Sería un “van provocando”.

La supuesta izquierda se pasa la vida diciendo que la “verdadera izquierda” no puede estar de acuerdo en conculcar la ley o no aplicarla. Además, suelen acabar el debate con que hoy día el debate izquierda-derecha es antiguo y que, bueno, si todos hiciéramos igual alguien podría no pagar sus impuestos a modo de protesta y sería un sin dios. Como ejemplo.

No entender la diferencia entre un acto individual y arbitrario, que nace de la falta de responsabilidad colectiva, por egoísmo y por pura indecencia con un movimiento social que propone una idea pacífica y democrática para cambiar el status quo de un estado que no entiende que trabaje por sus intereses, está increíblemente infestado de mezquindad.

Antes de saber cuál es el deber de la izquierda, primero entendamos qué es la izquierda.

Una persona de izquierdas es aquella persona que entiende que la sociedad está constituida por jerarquías sociales, culturales, políticas, territoriales y económicas y eso le parece injusto, porque entiende que sus decisiones no tienen que estar tuteladas por una hegemonía sino que el poder tiene que estar supeditado a los ciudadanos y las ciudadanas en el ejercicio de sus derechos y deberes. Ya.

Por tanto, una persona de izquierdas está de acuerdo en que un movimiento democrático y pacífico rete a un estado, está de acuerdo en que ese grupo haga movimientos encaminados a sus intereses, entiende que han votado legítimamente a un gobierno para que lleve determinados objetivos a su práctica, entiende que las manifestaciones y huelgas son legítimas y deben permitirlas, utiliza el diálogo no como una opción sino como la única vía de solución, un referéndum por muy ilegal que sea no se ve castigado por el código penal porque entiende que no es extensible a un movimiento social y que el problema cabe que sea la ley y no la idea, entiende que si un gobierno tiene problemas de democracia interna es porque tiene una democracia por la que velar (y se alegra) y no manda a la policía, no manda a la guardia civil, no golpea, no tortura, no utiliza la violencia jamás y negocia, porque es su trabajo.

Eso es la izquierda. Todo lo que salga de aquí es legítimo, pero no es izquierda.

El independentismo no es Puigdemont, el Estado no es Rajoy. Si ellos no le ponen seriedad, pongámoslo nosotros y nosotras. Dejemos las tonterías de lado, olvidemos lo que se ha dicho, olvidemos las mentiras recurrentes de los medios de información, olvidemos las consultas, los referéndum, el “a por ellos” y todo lo demás.

Seamos serios y dejemos las tonterías de lado, porque son tonterías. No es un argumento lo del “Espanya ens roba”. No lo es y no puede serlo porque PDCat no es Cataluña, ni los catalanes, ni los independentistas. Y el “a por ellos” no es España, ni el PP, ni los españoles. Y es solo por poner dos ejemplos absurdos.

En todos los conflictos siempre hay un cauce de funcionalidad, absolutamente siempre, la complejidad se sitúa en encontrar esa senda de diálogo y la política es la habilidad de resolver la complejidad. Espero que no lleguemos a ese punto de no retorno anteriormente mencionado.

Y hasta aquí. Solo una cosa más.

Recemos todos en estos días de cordura, amor, paz y serenidad para que, una que yo me sé, encuentre el Trabajo Final de Máster. Rezad hasta que os sangren las rodillas para que ese trabajo no estuviera en uno de los discos duros destrozados a martillazos.

Amén.

PD: Nada, es broma. No lo encuentra porque no lo hizo.

Antoni Miralles Alemany

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