Feminismo, machismo y erotismo

El patriarcado crea y reproduce un erotismo perverso.

Para el hombre estructurado psicológicamente en el machismo, el erotismo es satisfacción inmediata del deseo, voluntad de poder, reafirmación del ego. Su trasfondo oscuro sería el simio dominante, con todas las hembras de la horda a su disposición – crías, incluidas –

Para la mujer estructurada psicológicamente en el machismo, el erotismo es sumisión, débito obligado, violencia atávica, medio hacia la maternidad, fuente de identidad alienada fundamentada en el deseo hacia ella del macho. Su trasfondo oscuro sería la madre primigenia.

Para el hombre estructurado psicológicamente en la pseudo cultura de la igualdad o el machismo blando, el erotismo es juego contractual, conquista pacífica, muescas en la pistola, placer egoísta, conversión “democrática” del otro en objeto de consumo sexual. El simio dominante viste ropajes de Don Juan de discoteca.

Para la mujer estructurada psicológicamente en la pseudo cultura de la igualdad o machismo blando, el erotismo es placer egoísta, forma de reconocimiento y ascenso social, alimento de un ego que gira en torno a la belleza, mecanismo de competencia con las otras mujeres, instrumento de seducción y contra poder con el que, a costa de alienarse aún más como persona, puede conquistar áreas de dominio sobre el macho. La madre primigenia se hace mujer fatal, Mata-Hari de discoteca.

Para el micromachismo, el erotismo es un problema irresoluble, pues el erotismo, al contrario que la sexualidad o la pornografía, pide sujetos en un espacio íntimo que compartan una acción aceptada libremente, mientras que el machismo – micro o macro – necesita la cosificación de una de las partes. Con el micromachismo, la mujer sigue siendo un objeto, aunque pueda ser un objeto con gran poder de seducción y prestigio, como por ejemplo tiene poder de fascinación y prestigio un BMW o cualquier otra mercancía con “aura”.

Para el feminismo mecanicista el erotismo es un problema irresoluble, pues el erotismo es cuestión de cuerpos, y el cuerpo femenino en nuestra sociedad está convertido en medio de reproducción – maternidad – y en mercancía – cultura de la “belleza” – Esta condición paradójica del cuerpo femenino como espacio de liberación y teatro de la alienación hace muy difícil las estrategias de reivindicación del cuerpo femenino, pues cualquier atisbo de “embellecimiento” – propio del juego erótico – es de inmediato reconvertido en un reclamo más como mercancía sexual – cuando no pornográfica –

Este es uno de los motivos por los que el feminismo mecanicista cae en ocasiones en el “puritanismo”, en el sectarismo de género o en la condena de cualquier juego de seducción erótica propio de una especie sexuada. En definitiva, el feminismo mecanicista, con el agua sucia de la alienación corporal femenina, deja ir por el desagüe el niño de la posibilidad de construir un erotismo de la igualdad.

¿En qué consistiría ese erotismo de la igualdad? Eso es tema de otro texto.

Texto: Marisa del Campo Larramendi

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