Hijos de la RABIA

Hace unos días estaba hablando con mi novio. Siempre he dicho abiertamente que era homosexual y en general, no he visto más que caras amables. Este escrito, sonará como suene y parecerá un ejercicio de rabia y en gran parte, de contención verbal. Os garantizo que lo será, para qué mentir.

Lo será, porque mi relación no tiene que generar caras ni de amabilidad, ni de odio. Tiene que generar la misma cara de indiferencia que genera cualquier otra relación heterosexual. Cuando una amiga te dice: “este es mi novio”, nos presentamos, nos sentamos en una mesa, hablamos como personas normales mientras tomamos un café y volvemos a casa. Nada más.

Sin embargo, en mi caso llega hasta a abrirse un debate del todo absurdo. Preguntándome sin escrúpulos cuestiones que simplemente son privadas y que no me da la gana compartir, pero de no hacerlo, eres muy borde y si eres gay no puedes serlo, porque los gays son todos muy simpáticos. Además ser antipático frente a preguntas que se repiten hasta la saciedad es peor si eres gay. Maricón y borde, lo tengo todo.

Preguntas relacionadas con quién ocupa qué lugar en la cama, preguntas sobre cómo nos lo vamos a hacer si algún día vivimos juntos, afirmaciones de que la sociedad ya está muy avanzada y que hablar de homofobia está pasado de moda. Nos quejamos por gusto y además hay que aguantar las bromitas de gente que no conocemos de nada.

Las frases típicas de: “Que guay tengo un amigo gay, siempre había querido tener uno” como si fuera un loro en peligro de extinción. “Podemos ir de compras” como si fuera un diseñador de ropa con criterio en moda. “Me parecéis dos chicas estupendas” hablándonos en femenino y quitándonos la categoría de hombres porque somos gays, porque claro, los gays somos femeninos de nacimiento.

¡Ah! Y nuestra principal amenaza son los musulmanes.

Esto son meros ejemplos de lo que podríamos llamar estereotipos benignos, en el sentido de que no generan un ejercicio o actividad de violencia directa, sino más bien indirecta.

La heteronormatividad, entendida como toda una construcción normativa sexual de lo que se supone que debe ser una relación de pareja, en las últimas décadas, solo para sobrevivir se ha autodestruido estructuralmente. Entendiendo que ha permitido las relaciones gays, siempre y cuando se adapten a los criterios heterosexuales.

Actualmente encontramos relaciones homosexuales estructuralmente heterosexuales. Y el surgimiento de algo completamente paradigmático como es la violencia intragénero.

Esta tipológía de violencia existe fundamentalmente cuando por construcción identitaria trasladamos los parámetros de las relaciones heterosexuales a las relaciones homosexuales. Se denomina como tal, porque las relaciones de violencia se manifiestan prácticamente del mismo modo que en la violencia de género.

Entendiendo que se genera una lucha de poder en una relación entre dos hombres o dos mujeres, que en teoría, no debería existir, precisamente por la inexistencia de roles de género en conflicto.

El género es una construcción cultural que por razones de influencia a razón del sexo se asigna. La mujer en el género femenino y el hombre en el masculino. Cuando esos parámetros socioculturales se dan en las parejas de dos hombres, no se explica si no entendemos cómo nos construimos los homosexuales y en qué entorno de influencia social.

En mi vida he tenido varias parejas y me acabé fijando que en función de la pareja que tuviera, mi actitud cambiaba. Si mi novio era masculino, yo era más femenino y a la inversa. Eso que puede sonar absurdo y arbitrario, es una realidad. En función de tu pareja adoptas un rol. Un rol, por cierto, artificial.

Que la violencia de género existe y que no hay condicionamientos biológicos para el machismo, se constata con la violencia intragénero ¿Cómo va a haber machismo entre dos hombres o dos mujeres? Sin embargo, se construyen roles que así lo manifiestan, construyendo un binarismo sexual y de género, donde no lo hay.

Los homosexuales nos construimos en función de cómo de hostil es la sociedad. Cuanto más hostil, más adaptación o confrontación. Es simple supervivencia. Si el mundo te exige que seas “la mujer” serás la mujer, si el mundo te exige que seas “el hombre”, serás el hombre.

Más todavía cuando vives en un mundo en el que aquellos que te rodean se burlan y manifiestan su desagrado a aquellos que son demasiado femeninos. Los tildados de “locas” que, por lo visto, nos dejan muy mal.

Hay que entender que la normatividad heterosexual manifiesta dos clases de gays. Aquellos que son respetables y decorosos, en contra de aquellos que son exagerados, excéntricos y raros.

Los primeros merecen todo el respeto, siempre y cuando, se comporten de forma decente y los segundos, nunca. Porque nos dejan mal, exageran, y faltan al respeto.

Ese discurso heteronormativo para que no solo nos amoldemos a sus dogmas, sino que además nos enfrentemos es y ha sido uno de nuestro mayores problemas en cuanto a nuestra integridad física y nuestra construcción identitaria personal.

Atendiendo a la idea de que aquellos que definen y conceptualizan la decencia son los normativos.

¿Qué puede ocurrir si con tus actos o tu forma de ser contradices la norma? Evidentemente se manifiesta, sin duda, la homofobia. El rechazo a ser algo que la norma no permite. Y el problema no solo se sitúa en la negación, sino en las medidas correctivas y en la disciplina.

Cuando escuchamos un caso de agresión a una pareja de dos chicos, no es un ejercicio solo de violencia, sino de disciplina. Aquel que conculca las normas instaladas, aquellos dogmas incuestionables, que de ser incumplidos te convierten en indecente, merece y debe ser disciplinado.

Esas normas de las que hablo, incluso discursivamente se proyectan como “derechos” y la narrativa consta de una serie de argumentos que aluden a un conjunto de derechos de los heterosexuales que están siendo mermados por la actividad homosexual de algunos. Es decir, exigen el derecho a ser homófobos y de negárselo, estás en contra de sus derechos y te proclamas como un enemigo público muy peligroso. Es un discurso realmente perverso, pero que cala mucho en la sociedad.

El argumento es el siguiente: Si yo me beso con mi novio en la calle, estoy mermando los derechos de los heterosexuales, porque al igual no les gusta y les estoy faltando al respeto. O si un cura hace unas declaraciones hablando de lo antinatural que es la homosexualidad y te posicionas en contra, quieres censurar y estás en contra de la libertad de expresión.

En realidad, no son derechos, son normas y en realidad no les estoy faltando al respeto, ni censurando, solo que ellos entienden que es una amenaza a su forma de vida y a sus normas. Por tanto, merezco un castigo disciplinario, medidas correctivas para que te lo pienses dos veces antes de hacerlo.

Los homosexuales nos construimos, como ya he dicho, en función de cómo de hostil es el mundo y, en cuánto miedo tenemos.

Nos construimos a través del miedo, del odio, de la rabia, de la violencia, del sarcasmo, de los prejuicios, de los dogmas identitarios, de las mentiras, de los mitos y tenemos que ser simpáticos.

Cuando escucho por la televisión que España es uno de los países más gayfriendly del mundo, en lo primero que pienso es: ¿cómo estarán los demás países?

Porque, desde luego, que un heterosexual diga que no ve homofobia, no es de extrañar. Eso les ocurre a muchos, mucha casualidad. Los hombres tampoco vemos el machismo ¿por qué será? Ni los blancos el racismo ¡qué sorpresa!

Descartando, conseguimos el perfil hegemónico.

Al final te acabas dando cuenta que formas parte de un mundo que te odia, que te odiará y te destrozará en cuanto pueda. Te hundirá y te callará, porque hablamos demasiado. Un mundo que te hará creer que tu mera existencia merma los derechos de aquellos que no son como tú. Un mundo que te meterá en la cabeza que tu presencia es algo descabellado y que debes ser perseguido, mutilado, encarcelado y/o asesinado.

Un mundo que nos odia, un mundo que nos paraliza a través del miedo, un mundo que nos matará sin dudarlo. No es cierto que estemos en un mundo de avances y progreso, estamos en un país que se contiene, que se calla, pero que algún día hablará y que de hecho, ya lo hace.

Este es el homosexual en el mundo: el perseguido, el condenado a muerte, a cadena perpetua, el golpeado en la calle, al que le echan de casa, al que maltratan en casa, en la escuela, en el trabajo… ¿y os pensáis que me voy a callar por una campaña de insultos en Facebook?

A veces, cuando abro la boca y doy una opinión sobre un tema escabroso delante de hombres heterosexuales, les veo en su cara las ganas de llamarme “puto maricón” y veo como se les hincha la vena, se contienen y temblando de rabia y odio, intentan esbozar su opinión mientras intentan ser educados. Eso les pasa exactamente igual con las mujeres, porque están muy acostumbrados a hablar sin ser interrumpidos ni cuestionados. Se os acabó el chollo.

No suelo dar sugerencias sobre algunos temas, pero hoy lo haré.

La homofobia no solo se combate en colectivos, se combate en casa, con vuestros amigos, en vuestra vida, en vuestro trabajo y se combate no teniendo miedo a morir.

Sonará como suene, pero es cierto. A veces acabas bajo tierra antes de la cuenta por defender un ideal. Y convirtiendo en algo político, algo que por naturaleza no lo es, como expresar cariño a tu novio en la calle.

Si tenéis que montarla, la montáis. Si tenéis que dejar un trabajo, lo hacéis. Si tenéis que pelearos, hacedlo. Si tenéis que denunciar a vuestro hermano, hermana, padre o tía, ni lo dudéis.

Colaborad en vuestra protección. Nunca decaigáis. Tu lucha es la mía y, sobretodo, disfrútala. La satisfacción de haber hecho justicia sabe muy bien, os lo garantizo.

Irremediablemente todos sois homófobos y yo también. En vez de negarlo, que es lo que probablemente haréis, intentad revisaros un poquito, que no duele y es gratis.

Planteaos por qué ese homosexual “reprimido”, que tanta gracia os hace, lo está y quién es el causante. Un dolor tan terriblemente profundo y que genera tantos estadios de sufrimiento y carencias emocionales, que en demasiadas ocasiones acaba en suicidio. En mi opinión, esos chicos y chicas propiamente no se suicidan, los mataron hace tiempo, solo acaban el trabajo.

Sin mencionar, aquellos y aquellas aliadas, que en su gran lucha contra la homofobia tildan de forma sarcástica, burlesca y desde la sátira, que muy probablemente el homófobo que ha hecho indeterminada declaración homófoba, sea homosexual y que tal vez, no sé, disfrute mucho con el sexo anal que tanto critica.

Utilizar la homosexualidad como objeto de burla siempre es homófobo, se dirija a quien se dirija y aludir a que los principales homófobos son los homosexuales, también y además mentira.

Me besaré con mi novio por la calle si me da la gana y si me matan, pues que me maten. Es lo que nos ha tocado vivir. Lo asumí ya hace tiempo. Asumidlo, viviréis más tranquilos y libres.

Pena es lo que siento para aquel o aquella que vaya buscando problemas. Solo por existir y exigir respeto. La tolerancia no se pide siendo decoroso, se exige, se obliga y se castiga su incumplimiento.

Disfruta la rabia, disfruta la lucha.

Antoni Miralles Alemany

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