Humpty Dumpty y los dueños de las cosas

Desde el otro lado del espejo, Humpty Dumpty insistió desdeñosamente en que: “Cuando yo empleo una palabra significa lo que yo quiero que signifique… ¡ni más ni menos!”. Sin embargo el rostro que se lava, los dientes que se cepillan y el pelo que se peina pertenecen a este lado del espejo. Y es desde ese aquí, desde donde queremos hablar. Tomemos, pues, la palabra.

 

Y, en principio, aunque el éxito se antoje improbable, el primer paso para tomar la palabra parece evidente. Habría que llamar a las cosas por su nombre. No soñamos. No creemos en la identidad de la palabra y la cosa. Tal alquimia sólo es posible al otro lado del espejo. Porque allí no hay cosas sino imágenes. Porque allí no hay palabras sino el aliento de la omnipotencia. Consistiría simplemente en decir, por ejemplo, “víctimas” y no “daños colaterales”. ¿Lucha contra el eufemismo, pues? Sin duda. Pero ¿y si queremos decir paz pero no “su” paz? El posesivo lo es todo y Humpty Dumpty, nuestro desdeñoso tentetieso, se ríe desde el otro lado del espejo.

 

Pero quizás hayamos ido demasiado deprisa. Quizás aún tengamos legañas en los ojos y nuestros pies se hayan enredado en las sábanas. ¿Y si el primer paso no fuese llamar a las cosas por su nombre sino decidir qué cosas han de ser nombradas? No es que creamos que en nuestra mirada habite la verdad. Simplemente creemos que hay que mirar queriendo ver, porque sólo así podremos saber qué cosas deben ser nombradas. Y lo que vemos – por ejemplo – no es que la paz internacional pase únicamente por el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, sino por encarar el hecho de que 3.000 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día y, de estos, 1.300 con menos de un dólar diario. Nombremos, pues, las cosas que deben ser nombradas. Hambre y miseria. Guerra y opresión. Desigualdad. Explotación. Expolio… Ya lo hemos hecho. Sin embargo, Humpty Dumpty, nuestro inefable tentetieso, se sigue riendo.

 

¿Aún tenemos legañas en los ojos?, ¿siguen nuestros pies enredados en las sábanas?, ¿no basta con llamar a las cosas por su nombre?, ¿no sirve tampoco con proclamar las cosas que deben ser nombradas?, ¿soñamos?, ¿por qué Humpy Dumpy se sigue riendo?…

 

Porque Humpty Dumpty sabe que “la cuestión está en saber quién manda aquí”. Porque Humpty Dumpty sabe que las palabras tienen dueño. Porque Humpty Dumpty sabe que si las voces tienen amo es porque las cosas lo tienen. Todas, absolutamente todas. Incluso nuestra cabeza, que tampoco nos pertenece.

 

Y es que Humpty Dumpty conoce bien a la Reina de Corazones y su “¡Que le corten la cabeza!”. Y se ríe, se sigue riendo. A ambos lados del espejo. ¿Será el tiempo de romperlo?, ¿se puede tomar la palabra sin cuestionar quién es el dueño de las cosas? La palabra o es aire o es un piolet clavado en la propiedad de las cosas. Tomémosla. Porque no es un palacio. Porque es invierno.

Marisa del Campo Larramendi, para #LaPajarera

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