INTERPRETANDO A VARGAS LLOSA

Con los debidos respetos a una serie de valores en los que sigo creyendo a pesar de que la realidad se empeñe en demostrarme todo lo contrario, todos tenemos, en cierta medida, lo que nos merecemos, lo que hemos ido construyendo por nosotros mismos, sin perjuicio de ciertos elementos que pueden influir, en mayor o menor medida, en nuestra vida, en nuestra decisiones, en nuestros comportamientos.

Hace unos días, el mediático Vargas Llosa nos decía que “cada país tiene la literatura que se merece…”. Sin afán de criticar al producto o a la persona, interpreto sus palabras en el sentido de que los libros, más allá de quién los haya escrito, de su ideología, de su buen o mal gusto, de su estilo, necesitan para atravesar las fronteras del anonimato, una serie de condiciones importantes. Necesitan de editoriales, necesitan difusión, necesitan distribución, necesitan lectores, que son, en última instancia, los que hacen de ellos, de los libros, un producto de consumo.

Todos sabemos qué mueve a una editorial a publicar un texto. Más allá de la calidad literaria de sus páginas, ninguna editorial, como empresa privada que es, invierte tiempo y dinero en un producto que no tendrá repercusión en el mercado, salvo para algunos enajenados que, como puede ser mi caso, vemos en unas páginas escritas algo que nos emociona y nos conmueve, que además están bien construidas, aunque al autor no lo conozca ni Dios, ni circule por esos corrillos mediáticos  que tanto me aburren.

Pero los libros también necesitan difusión. Si nos fijamos en los medios de comunicación de elevada audiencia, sea de televisión, de radio o de prensa escrita, los círculos son cada vez más cerrados, sea por amistad, por mercadeo de favores o simple ideología. Se trata en el fondo de defender, con todas sus armas, su “cortijo” conservador, no en el sentido ideológico, sino económico.

Si además, los canales de distribución se mueven por lo que se mueven, un producto con posibilidades de éxito, más un apoyo mediático determinado y corporativista, tenemos el producto que tenemos. El que inunda las estanterías de todas las librerías, el que se asoma tras las lunas del escaparate junto a enormes y coloridos carteles de publicidad. Productos que, por todo ello, caerán en nuestras manos querámoslo o no.

Es decir, los lectores estamos en gran medida condicionados a leer lo que quieren que leamos, da igual que sea bueno, que sea malo, que cuente una historia u otra. Solamente nosotros, como lectores, podemos invertir el orden de las cosas. Solo nosotros somos soberanos para que un libro alcance, más o menos, cierto renombre.

Es uno de los valores de la democracia, de nuestra opinión depende todo, no solo que un libro, por malo que sea, ascienda escandalosamente en las listas de “más vendidos”, entrevistas en todos los medios, colas interminables en los actos públicos, ediciones y más ediciones… El lector, desde su libertad, con su dinero, ha decidido que sea un libro en vez de otro. Después podrá decir que es “una mierda”, pero es simple una opinión personal, la misma que le llevó a comprarlo libremente. Igual, que le llevó libremente a ver cierta película en una de las pocas salas de proyección que sobreviven en su ciudad, lo mismo que le llevó a ver ciertos programas de televisión que solamente pueden presumir de tener los mayores índices de audiencia.

Si no viviéramos en una democracia aún sería peor, nos llegarían los libros que los demás quieren que nos lleguen, las películas que han decidido que se proyecten, los programas de televisión que quieren que veamos… Y solamente es peor por una sencilla razón, porque todas las demás creaciones no estarían permitidas. En la democracia solo son menos visibles, pero, afortunadamente, nos queda la palabra, al menos de momento.

Tenemos la literatura que nos merecemos porque los lectores lo hemos elegido, tenemos los medios de comunicación que queremos porque los oyentes y los telespectadores lo hemos decidido, tenemos al Sr. Rajoy de presidente porque los ciudadanos lo hemos decidido. Solo tenemos lo que hemos elegido libremente.

Afortunadamente, la creación cultural en general va más allá de lo que hoy quiere la mayoría, existen posibilidades de revertir la situación en cualquier momento, solo nos queda seguir confiando en nuestra capacidad para seguir creando más allá de lo que unos quieren vendernos, de lo que otros quieren que opinemos.

Sigamos haciendo ruido, que no se confíen los otros, que las personas sigamos siendo libres a la hora de elegir, es lo único que diferencia nuestra democracia de otra cosa.

José de Acevedo

  1. En el diccionario las acepciones” Escritor”, “Libro”, “Editorial” siguen siendo las mismas que hace medio siglo, en la realidad sus significantes han variado completamente. Tambien ha sucedido con otros oficios y actos del mundo de las palabras escritas tales como “Noticia”, “Periodista”, “Reportero”, “Difusión”. La idea del escritor como un creador metódico y serio ha ido dando lugar a una perspectiva más laxa; la de autor que se presta a ser showman si quiere que su libro se venda. El artista-comerciante es un hibrido de los tiempos actuales que ha alcanzado a otros estilos de creacion y expresión artística. El tándem editor-escritor recuerda al del empresario de teatro y director teatral. Lo que no genera clientes deja de ser apoyado por una incongruencia obvia en su insustentabildiad económica (si no hay beneficios no hay inversión). Esa comercialización de lo artístico. Como que todo pivota en torno a las leyes de mercado hay un impacto en la libertd creativa: la autocensura pesonal inhibe aquellas iniciativas no vendibles.
    El imperio de esa influencia noo ha impedido todo un boom de creatividad al margen del mercado. Las personas seguimos necesitando expresarnos haya o no un publico que nos espere, seguimos creando aunque noo haya un comprador a la vista.
    Recuerdo mi primera -y única- experiencia exponiendo mis cuadros en una sala cívica que tambien era restaurant. Observé a los comensales, ni uno solo miro nada de lo expuesto. Nada de lo que horrorizarse cierto, a un restaurant se a a comer y ademas desde el asiento se da la espalda a una parte de las paredes. Yo tambien he comido en lugares con exposiciones temporales de cuadros en sus paredes y probablemente no les he hecho mucho caso -aunque mi criterio sea mirar cada propuesta artistica-.
    Con los libros, que aun requieren mas atención, que con la pintura, escribimos aquellos que nos expresan a noo ser que una demanda concreta nos pida una investigacion o un relato concretos,
    Para quienes no tenemos un contrato con ningun editor (originales a cambio de logística de difusión) y creemos que escribir aun merece la pena en tiempos digitales ,nada lo para. Mucho menos cuando cada fragmento de texto, antes de convertirse en libro, ya tiene la oportunidad informatica e internáutica de ser cmpartido.
    De pronto somos creantes a la vez que editores y difusores militando en vidas on line y distanciando las visitas a las librerías.
    Como digititas encontramos la mayor parte de las fuentes que necesitamos en internet y como creantes también nos da la oportunidad para ser leidos en mayor o menor medida a pesar de carecer de todo apoyo promocional o publicitario.
    La lectura tambien es un parámetro cambiante. Leer a alguien es seguirle en sus aportaciones sin necesidad de leer un libro entero.
    Actualmente damos y hemos de dar respuestas a diario en un mundo peligroso e inseguro. Las novelas de nuestras vidas estrenan un nuevo hiperrealismo.
    Escribir cobra un nuevo sentido desligado del ser conocido como escritor consumado.
    Desde la posicion lectora tambien hay que señalar al experiencia frustrante de lecturas de autores de renombre que a pesar de sus etiquetas de apoyo resultan decepcionantes. Actualmente ya noo es creible que un libro impreso en papel tenga la garantia de un contenido excelente versus un texto que nunca llegará a ser imprimido.

    • Suscribo todo lo que dice Jes RYCARD, creo que los tiempos han cambiado, para mejor o peor, y debemos adaptarnos en la medida de que sabemos que la creación literaria es uncia e inexcusablemente personal, solitario. A veces se produce el milagro y lo que concebimos en soledad, conecta con otras mentes, emociona o asquea, creemos en ese milagro cotidiano, quizá por eso existe @LaPajareraMgzn. Gracias por su amable colaboración que esperamos continúe. Y gracias por leernos. Saludos del equipo de #LaPajarera

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