Jairo León: gitano, músico y flamenco

Jairo León: Un gitano que quiere expresarse con el piano. Un artista completo. Un hombre de paz.

Hace tiempo que perseguía entrevistar a Jairo León, había escuchado algo de su música, le sigo en redes,  leo alguna de sus sentencias (porque, según sus palabras, los gitanos no opinan: sentencian) y sentía la curiosidad de conocer a un músico flamenco de primera magnitud aunque no sea conocido por el gran público. Jairo León nacido en Esukadi, reside en Cantabria desde hace más de veinte años, vive con su madre y con su niña de catorce años en Santander. Ese privilegio tenemos, aunque no sepamos valorarlo mucho.

Definir a un artista de la talla de León es difícil, porque no se le puede encasillar, es de  esas personas que mana música y sentimiento. Hemos hablado durante más de tres horas y hubiera seguido escuchando y aprendiendo lo que cuenta de su música, de su pueblo. Resumir sus palabras no será tarea fácil, intentaré trasmitir  lo contado por Jairo que es un canto de amor a la música, de integridad como artista y algo quizá más importante, como persona. Jairo León trasmite verdad en todas sus palabras. Y en su música.

Vivir es España del arte no es posible, más cuando lo que haces quieres sentirlo hasta lo más profundo. Jairo León hace música para él, la que vive y siente, no para la galería ni para gustar. No hace flamenco para señoritos. Quizá por eso no tiene el eco esperado al arte que desprende. Desde aquí queremos hacer un llamamiento a las autoridades culturales: ¿cómo es posible que entes privados como el Centro Botín le contraten y los públicos no? ¿Cómo es posible que algo tan genuinamente español como el flamenco, no tenga cabida en las programaciones del Palacio de Festivales de Cantabria? En esta ciudad (y en otras seguro que también) se han pagado dinerales por artistas de pacotilla que se presentan beodos/as en el escenario sin respeto al público ni a si mismos, y gente de talla como el que hoy nos ocupa, sigue buscando sitio. Vergüenza de país que no cuida a sus artistas, y pobre pueblo que no los valora.  Si algo nos define como país es el flamenco, el de calidad, el que expresa el sentir de un pueblo y las emociones que vibran por la sangre ardiente  del pueblo gitano. Arte en estado puro que parece no tener cabida dentro del panorama cultural español. Así andamos.

 

-Jairo,  ¿cómo te defines, flamenco o músico?-

-Difícil pregunta. Soy un cúmulo de cosas, evidentemente hago música, soy músico, pero no puedo abstraerme de mis raíces;  desde chico he visto que antes de comer mi padre ya hacía compás encima de la mesa,  soy flamenco porque soy gitano y siento la música flamenca por encima de todo. De niño escuchaba otra música,  me encantaban los  boleros , compraba casetes de Moncho, y me subía al coche de mi padre a escucharlo. Ser solo flamenco, limita,  como no seas músico al completo. No me gusta la fusión por la fusión, pero si queremos que el flamenco perviva hay que alimentarlo con otras músicas. Entiéndeme,  no se trata de quitar una prenda para poner otra más fácil, más moderna, se trata de alimentarlo. Lo importante es avanzar, añadir al flamenco sin perder las esencias. Para mí el flamenco es hacer honor a mi raza.  Soy músico porque no hay arte sin aprendizaje, sin estudio, sin trabajo. El compás, el ritmo sale del alma del artista, nace con nosotros, luego están las horas de trabajo en el estudio. Yo al piano lo dedico ocho horas diarias. Mira el disco que he sacado han sido casi diez años de trabajo, de estudio, de composición.  Por tanto, podría responder que el talento y el trabajo son  cincuenta/cincuenta-

-Que te hace sentir el flamenco-

-El flamenco te rompe, tal como decía el maestro, Paco de Lucía. Si es alegría te hace loco, si es pena, te saca del alma y la estruja dejándote roto. Mi punto de vista personal es que me hace sentir gitano. Si es autentico, claro, porque  para mí la música es un sentimiento. No toco para impresionar, lo que busco es hacer sentir. No se trata de tocar rápido, de hacer piruetas y fuego fatuos, toco para mí, para sentir y comunicar mis sentimientos. Mi música se escucha. No sirve  para tomar una cerveza y seguir hablando, no, mi música hay que escucharla,  eso solo se consigue tocando para adentro. Aunque no esté perfecto, y se cometa algún fallo. Al cantaor no le hace falta  tener gran voz,  pero sí que comunique. Son los sentimientos no la perfección lo que hacen buen flamenco. Hay músicos que no son artistas. Hay cantaores que no son artistas, son perfectos, cantan todos los palos…pero falta el sentimiento. No me lo des tan perfecto, dame tu alma. Eso es el flamenco –

-Es importante ser gitano para sentir el flamenco-

-Para la música no es imprescindible, de hecho los grandes músicos de flamenco no son gitanos. Para el cante sí. Es como el idioma, puedo hablar muy bien inglés…pero si no eres nativo algo falta. Va muy unido el ser gitano y el flamenco-

-Tocas solo el piano-

-Y la percusión…para comer. Toco también la percusión para hacer bolos-

De donde viene el flamenco. Es sentimiento de un pueblo maltratado, grito de dolor, escape de marginación-

-El flamenco no tiene origen claro. El blues sí;  se sabe que en los campos de algodón los esclavos cantaban para comunicarse. Crearon su música para entenderse, para contarse la vida. Nosotros no sabemos con exactitud cómo surgió.  Es posible que proceda de Al Andalus,  antes de que existiera España como país. Cuando llegamos a lo que hoy es Marruecos escuchando la música árabe, las llamadas a la oración, la cadencia rítmica del cante árabe, con los cantos bereberes, y africanos, pudiera ser que de ello naciera el flamenco. Si te fijas, todo parte de la madre África , tanto el blues como el flamenco. En los distintos palos se integran las   emociones: alegría con la bulería, tangos flamencos, dolor, lamento, pena, espiritualidad. Y la soleá que es la madre de todos los palos. Es una música genuinamente española porque el gitano no tiene música propia. Se adecua a la del país que le acoge. Los gitanos rumanos tienen un folklore diferente al de los rusos,  lo mismo ocurre con el flamenco, que es nuestro, de España. Lo triste es  no se enseña en los conservatorios. En Japón, sí. Quizá dentro de unos años vengan profesores japoneses a dar clases a los conservatorios españoles…Mientras los músicos de flamenco, sobre todo los que vivimos aquí, languidecemos sin ningún interés por parte de las autoridades culturales-

-Por qué crees que se le da tan poca importancia cultural al flamenco-

-El flamenco fue música de pobres, de marginados, del pueblo. De gitanos. Y los gitanos tocamos flamenco para nosotros, para nuestras fiestas y nuestras penas…y para divertir a señoritos. No te olvides que al gitano se le llamaba para amenizar las juergas de los señoritos. Quizá sea ese el motivo de que no se le dé la importancia que tienen. Pero no se la dan aquí, porque tú vas  a Las Vegas o Nueva York…y te comen y te pagan, mientras aquí no podemos vivir de nuestro arte. Sí, las elites culturales de este país sienten un cierto desprecio por el flamenco, dan más valor a un cuarteto de cuerda que a nosotros y no se trata de elegir, entiéndeme, que todo es arte, pero no en detrimento del flamenco-

-Tú tocas el piano ¿por qué elegiste ese instrumento?-

-Mi hermano tenía un teclado de juguete, yo le sacaba acordes y me gustó. Vivía en Santutxu cerca del conservatorio, iba a escuchar escondido las clases de piano, al acabar volvía  a mi casa corriendo a practicar  lo oído al profesor. Para entonces mi madre me había comprado un piano algo mejor que el  teclado de mi hermano. Fui consiguiendo identificarme con su sonido,  fue el vehículo de trasmisión de mi creatividad-

-Me extraña que no optaras por la guitarra quizá el instrumento más flamenco

-Lo es, la guitarra es la reina del flamenco. En mis composiciones intento el rasgueo de guitarra,  imito a la guitarra. La referencia del flamenco es la guitarra. Ocurre que hoy la guitarra tiene un nivel impresionante, después del virtuosismo del maestro De Lucia es tal su altura que no es posible llegar. Necesitaría tres vidas para ello, hace falta ser un genio para destacar en la guitarra. El nivel de exigencia del flamenco hoy es tremendo, hay unos acordes que se dan por hecho y son difíciles, monumentales. Lo he vivido…Ha sido un vuelco tremendo. Crecí con la música de Paco de Lucía, también la de Ketama. Soy un cúmulo de la época en que he nacido y lo que he mamado-

Qué significa ser gitano para ti-

-Todo. Soy gitano ante todo. Mi historia vital es la que es por mi raza-

-Como ves la integración del pueblo gitano ahora mismo-

-Difícil, con muchas lagunas. Mi madre ha trabajado toda la vida en el mercadillo, pero no tiene vida laboral, porque hasta casi los años ochenta no se nos permitía trabajar ni cotizar. Ni ir a la escuela, por eso hay  falta de conocimientos en el pueblo gitano .  A mi padre le ocurre igual, tampoco tiene vida laboral. Están, ambos,  cobrando pensiones no contributivas por esa causa. No es que no quisieran trabajar, de hecho lo hicieron en mercadillos,  es que no podían tener un trabajo normal, de camarero, de albañil. La sociedad paya lo olvida. No podíamos escolarizarnos, no podíamos trabajar, la Ley de Peligrosidad Social, según la cual a un gitano lo detenían en cualquier momento no hace tanto que se derogó. Mi padre tiene un dolor de oído perenne de un bofetón que le propinó un guardia civil, porque sí, sin más. Al gitano se le podía patear impunemente.  Si en un pueblo había un robo el primer culpable era el gitano. Y eso perdura. Mi abuela era canastera, vendía por los pueblos, para sacar y hacer la olla. Bien, llegaba la guardia civil, daba una patada a la olla que se cocía en mitad del campo y la familia se quedaba sin comer, tenía que marchar a otro pueblo buscando sustento y paz. Y sin protestar, sin quejarte porque nadie te escuchaba, nadie hacía caso al gitano. Eso ha sido hasta hace poco, ahora sigue, tenemos las consecuencias de aquello y en la mente de todos el sentimiento racista hacia el gitano está muy presente-

 

-Lleváis la memoria de lo vivido aún. Os pesa aún el dolor de siglos de marginación-

-Sí, es lógico- responde Jairo– no se puede  olvidar en tan pocos años y más cuando sigue habiéndolo. Desde los Reyes Católicos llevamos en completa marginación. Se nos cortaba la mano si robábamos,  y lo hacíamos por hambre. Cuando no puedes trabajar  porque no te dejan ¿cómo sustentas a tus hijos? Mira hay una maldición muy gitana que dice: allá te manden a galeras. Viene de que concentraron muchos gitanos en Jerez de la Frontera…una vez allí los metían a remar en los barcos que iban a América, después del Descubrimiento. Cuando un gitano caía agotado, muerto, lo tiraban al agua y era sustituido por otro. Peor que animales. Y como te dije antes, no hemos podido trabajar, ni estudiar. Se nos vedó cualquier tipo de integración en la sociedad. Somos la consecuencia de lo que la cultura paya hizo de nosotros. Somos lo que habéis creado. No podemos olvidar lo vivido generación tras generación, aunque queramos, lo llevamos escrito en los genes. Por eso nos reivindicamos como gitanos, con el orgullo de haber soportado tanto, de haber sobrevivido a tanto dolor y humillación. Estamos orgullosos de lo que somos-

Hay machismo en la cultura gitana. Tenéis  costumbres ancestrales que postergan a la mujer ¿Qué opinión tienes al respecto?-

-Es posible. Al tema de la virginidad le damos mucha importancia.  Es una opción, si tú quieres una boda gitana, con su alegría, sus días de fiesta tiene que ser tal como es. De no ser así, renuncias a ella. Es opcional. Hay familias más o menos conservadoras que este tema lo llevan mejor o peor, como en cualquier sociedad.  Si mi niña elige vivir de forma diferente, yo la voy a respetar. Me gustará más o menos, pero jamás la rechazaré, jamás. Con los gais pasa lo mismo, hay gitanos que los condenan y otros a los que nos parece tan respetable como la heterosexualidad. Somos muchos gitanos, con diferentes mentalidades y distintas formas de vivir. No somos algo uniforme-

-La integración es posible y positiva. ¿La queréis?-

-Una cosa es la integración y otra muy distinta la payización. Si hay algo que aborrezca un gitano, es un payo agitanado o un gitano apayado. Nosotros queremos respeto ante nuestras costumbres, ante nuestras personas, igual que respetamos las vuestras. No vamos a perder la identidad por hacernos amigos del payo, jamás. Podemos convivir en el respeto de las costumbres, jamás en la asimilación. Mantener nuestra identidad como pueblo es vital para nosotros y luchamos por ello. Nos indigna mucho la payización, que por otro lado no la vemos nada modélica. Mira, los viejos a veces miran la televisión, escuchan las noticias y dicen: estos payos están muy locos. Y tienen algo de razón-

-La droga os azotó durante tiempo ¿Por qué crees que fue tan grave?-

-Fue terrible. En los ochenta y noventa nos diezmó. Llenaría este local con los primos que enterré. Fue terrible. Quizá se debió a un problema cultural, mira el gitano quiso imitar al payo, con el total desconocimiento de lo que concurría con las drogas, luego estuvo el dinero fácil y todo se unió para hacer el destrozo que hizo. Piensa que muchos no tenían ninguna cultura, ningún conocimiento y esa lacra nos diezmó-

-Y la religión ¿por qué es tan religioso el pueblo gitano?-

-Por qué va  a ser: por el sufrimiento. ¿Cómo podríamos soportar las vejaciones y la marginación sino fuera teniendo fe y creyendo en Jesús? Imposible de soportar sin la fe. Como al pueblo negro esclavo, nos amparó la fe. Somos creyentes pero no católicos, que quede claro. Amamos a Jesús, creemos que nació y murió para salvarnos y le respetamos. Lo demás ya entra dentro de cada cual-

 

Felipe Borja García, su amigo corrobora las palabras de Jairo.

-No conozco ningún gitano ateo. Ninguno. No digo que no haya, pero será tan extraño, tan absolutamente excepcional que ni me lo imagino-

-Se sigue respetando a los mayores tanto como antaño-

-Sí, aunque somos consciente que la vida evoluciona. Hoy trabajamos, tenemos mil obligaciones, y no se puede cuidar a un anciano que ha perdido la cordura, porque no estamos en casa. Nos ocurre como a vosotros, tenemos que internarlos a veces por esos motivos. Pero el respeto al mayor es eterno. La palabra del padre, es ley, porque  sabe porque ha vivido.  Podemos tener un conocimiento teórico, pero el anciano, conoce la vida, tiene experiencia. Por eso su palabra es ley. Eso que se dice de la ley gitana es tontería. Los gitanos no tenemos unas leyes escritas donde diga, esto o lo otro. Lo que tenemos es la voz de esa experiencia y no al cuestionamos. Si ahora entra un mayor aquí y me dice: Jairo, vete fuera, yo me disculparé contigo y salgo de inmediato. Ya le preguntaré más tarde, pero no le cuestiono porque sé que tendrá sus motivos para hacerme salir. Si es una persona de control, claro, no hacemos caso a un cantamañanas…-

-Hablamos de Italia, de Salvani y su censo al pueblo gitano. ¿Qué opinión te merece?-

-Miedo, miedo personal por mi pueblo y miedo por Europa. Esto no se quedará solo en nosotros, quizá empiecen a censar a los gitanos, luego a los judíos, luego a minusválidos, a disminuidos mentales…Y luego a todos. Ya es sabido. Están haciendo una barbarie con la inmigración. En Francia el partido de Le Pen   es   la segunda fuerza de allí. Comenzarán con nosotros pero seguirán con todos-

 

Nos despedimos. Me llevo la alegría de haber conocido a una persona importante, de las de verdad, de las que respiran arte y lo crean. Y la tristeza de saber lo mal que trata nuestro país a los artistas. Jairo León no vive de su música, pero le dedica la vida. Su música está gratis en Spotify porque no se venden ya discos. Y los contratos para conciertos escasean. Quizá llegue su momento. Le veo marchar y me digo: ahí camina un artista. Y un gitano  de ley.

 

María Toca

 

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Sobre Maria Toca 458 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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