La realidad que ciega. El fascismo barre la casa

Estamos asustadas. Reconozcamos que ese baile de banderas españolas  al viento nos ha sobrecogido el alma los días pasados cuando vimos que la amenaza del populismo fascista nos llegaba como el mal viento que arrasa caminos. Pensábamos que con el ala derechista del PP lo habíamos visto todo, y no. Los chicos del furor patrio se han quitado la careta y lucen sus torvos gestos con  parafernalia filofascista sin recato. Y nos asusta. Intentaremos hacer un análisis desapasionado y racional, en lo posible, para  conocer el origen de esos manidos recursos que cada tiempo nos sobrecoje el alma con aviesos recuerdos.

Hasta los  más recalcitrantes escépticos se dan cuenta que finiquitamos un ciclo histórico. Nuestra sociedad tal como la concebimos en los dos últimos siglos está en  declive. Los diversos movimientos sociales que van tomando el relevo convulsionan los cimientos de una sociedad patriarcal, capitalista, sustentada en su mayor parte en las energías fósiles y unos estamentos sociales domados. Las feministas estamos tumbando el patriarcado, los movimientos ecologistas cuestionan la forma de vida convulsivamente consumista y despilfarradora de energía, que padecemos, y las grandes migraciones mundiales permeabilizan las fronteras hasta hacerlas papel mojado. La población mundial sigue subiendo de forma espectacular. Les indico unos datos para verificarlo: en 1950, éramos 2.500 millones de personas, en el año 2000, la población creció hasta 6000 millones de habitantes; en la actualidad somos 7.300 millones de personas. El cambio climático parece irreversible aunque se intente concienciar al poder  de que la previsión de un aumento de 2º C en 2050 sería un autentico drama mundial. La energía fósil tuvo un principio que consensuo una forma de vida de la que disfrutamos con desenfreno, pero se acaba. No hay petróleo de forma indefinida,  lo sabemos.  Paso a detallarles las reservas de energías fósiles previstas.

Carbón, la más abundante, se prevé que haya reservas para 200 años

Gas Natural, de 60 a 80 años

Petróleo, la más necesaria para nuestra forma de vida, ya que nuestra sociedad se cimenta en el ella, con un consumo masivo por parte de automóviles, aviones, industria…Quedan reservas para 40 o 50 años. Hacemos la salvedad que es preciso rebajar la extracción de petróleo si queremos preservar la temperatura del planeta. Ocurre que para la extracción de petróleo se necesita a su vez consumir bastante  petróleo y entramos en una espiral endiablada que hace que la mayoría de los yacimientos no sean rentables y seas inutilizados debido al consumo de barriles para sacar barriles. Ciclo infernal que imposibilita yacimientos.

 

Las grandes ciudades parecen enormes hormigueros donde cada mañana y cada noche son invadidas por hormiguitas laboriosas que van y vienen cada una en su propio vehículo contaminante y vacuo en pos del sustento o del descanso. Las ciudades no producen nada.  Cubren sus necesidades del exterior gracias al transporte, nuestras megalópolis son enjambres de economía improductiva pero generadora de un contingente contaminante enorme y de un consumo suicida. Una quiebra en la energía produciría el caos absoluto. Y el quiebro se producirá porque los recursos son limitados tal como hemos explicado.

Se acaba el petróleo y con él una forma de vida y una sociedad.  Las alternativas surgidas hasta ahora no dan solución a ese quiebro; si pensamos en coches eléctricos nos damos cuenta que para producir la electricidad motriz seguimos necesitando energía y también  materias fósiles. Preferimos ilusionarnos con una solución ecológica que no lo es y estar con los ojos cegados ante una realidad que, sin embargo, nos produce pavor. En el fondo queremos cambiar algo para que todo siga igual.

Las fronteras por muchas concertinas y muros que las protejan se vuelven de papel ante el hambre y la desesperación. Nadie para a un ser humano perseguido por los jinetes del Apocalipsis porque siente que la muerte va detrás y la esperanza está delante, justo saltando la valla. Nada pierden porque nada vale su vida y su desesperación pone alas en los pies.  Y sentimos pavor por la invasión del bárbaro extranjero ante el que se blanden banderas nacionales y furores patrios por ver si los paran. Con nulos resultados.

Las necesidades básicas de alimentos, calor, vivienda, están precarizadas y casi desaparecidos los medios de producción.  En el campo quedan solo los bucólicos románticos que se mantienen contra viento y marea o algunos que tornan como forma de búsqueda de una Arcadia feliz que solo existe en su imaginación. En los últimos siglos la despoblación del agro ha sido imparable. Si observamos los alimentos que tomamos, pocos, muy pocos llegan de cerca. Resulta que comemos espárragos chinos, salsas envasadas en Taiwan, vestimos con ropa fabricada en Corea, calzamos zapatos manufacturados en rincones de Asia y nuestros coches y la tecnología llega de allí o de más lejos. Todo viene a nuestras manos consumiendo enormes cantidades de energía. Reitero, nuestras ciudades, como grandes panales no producen, absorben con gula lo producido cada vez más lejos, y traído de forma agresiva para el medio. Vistos desde fuera imagino que parecemos pequeños locos mareados por una rueda infame que nos acabará destruyendo.

Y asusta. Ante las grandes crisis, los cambios sociales inevitables e infinitos, la ciudadanía poco elaborada y desinformada opta por la solución más cercana, porque nos parece más fácil. Ante el miedo a perder lo poco que poseemos arañamos la realidad con banderas al viento, xenofobia y grito rabioso contra el invasor. No nos percatamos que ha sido y es nuestra propia locura quien acaba con el sistema. Es mejor pensar que el extranjero nos roba el trabajo antes que ver nuestra labor finiquitada por inútil. Producir barcos que no saldrán al mar por falta de fletes es un absurdo. Producir coches y más coches que nos devoran el aire, es locura. Construir bombas y armamento pesado que diezma la población lejana de nuestras fronteras nos da de comer un tiempo, pero nos ahogará en sangre en breve.  Pedimos subvenciones para producir cosas que no necesitamos antes de plantearnos alternativas serias y cambios del sistema. Vueltas y más vueltas atados a la piedra del molino de nuestra autodestrucción.

Un paseo por nuestras costas verifica que está amurallada de construcciones espantosas, deshabitadas la mayor parte del tiempo, que rompieron un ecosistema de una belleza singular para producir riqueza momentánea que  llenó pocos bolsillos y un empobrecimiento del medio irreversible. Talamos  árboles autóctonos para plantar pino y eucalipto que resecan la tierra pero producen dividendos a unos pocos.  Se trata de un capitalismo desnaturalizado y en progresión infame como si los recursos fueran ilimitados. Y no lo son. Lo sabemos sin necesidad de grandes estudios ni comprobación. Si lo dudamos preguntemos a un pescador…que nos cuente la depauperación del medio marino.

 

Ante la realidad del empobrecimiento, de la pérdida irreversible de recursos, se levantan voces que erigen las soluciones fáciles, el grito sustituye al análisis y la egolatría al misticismo. Vuelven los viejos vientos que buscan chivos expiatorios en el exterior, en el extranjero, en el pobre, en el racializado. Es lo fácil. El vocinglero/milagrero se erige en macho alfa y ya tenemos a una  manada reaccionando como las bestias pardas de los cristales rotos.

Brasil ha sido el último baluarte de lo que decimos, con  Bolsonaro, que no sabemos si es más inane que infame, pero hace una combinación letal de ambas cosas. En Francia Le Pen, Haider en Austria, Orban en Hungría, Trump en EEUU, Salviani en Italia, ese payaso maligno de Duterte en Filipinas y el tandem Casado/ Abascal en España que nos parecían pequeñitos e inicuos pero después de escucharlos en Vistalegre comenzamos a tomar en serio el problema.

Donald Trump and Viktor Orban

Los vientos fascistas quieren barrernos y lo peor es que llegan apoyados por un pueblo que les vota y corea sus mítines, no colgados del tanque del milico de turno, como en los setenta. No les hace falta el ardor guerrero porque juegan con las vísceras del pueblo. Poco importa que ese mismo pueblo fuera pasado por las armas de su populismo ardoroso a poco de tomar el poder sin freno opositor. Poco importa a las masas enfervorizadas con la rojigualda  que la ideología que aclaman los depauperara y desprecia como seres inferiores. Da igual, levantan la voz ante los que parece que aportan soluciones a los problemas acuciantes. Con eso basta para votarles y llevarlos en volandas al poder. Ellos, los líderes del fascio lo saben y juegan con la plebe, que ya dijo Mussolini en frase memorable: las masas son todas femeninas, queriendo decir con su lenguaje machuno: manipulables, controlables y fáciles de conducir por el camino de su propio interés.

Ante eso se erige una izquierda que arremete con el mismo argumentario de hace un siglo, cede ideología para recoger migajas del sistema y tapa agujeros del miedo popular con medidas parche. “Aquí me trago lo del armamento para los saudíes, allá negocio una subida salarial precaria pero que aplaca por un rato al trabajador que cree resolver así su futuro”. Y los cambios estructurales imprescindibles se postergan con una cerrada de ojos suicida. Defendiendo el pequeño terruño se nos olvida defender el fuerte que es la tierra precaria que hemos heredado y debemos pasar a las personas que lleguen después.

Un cambio social de raíz, una renovación del sistema de vida intentando llegar de una vez al fondo del problema, reconociendo las verdades que se nos levantan como muros  que no queremos ver pueden frenar el discurso de los populismos fascistas. Los recursos de la tierra está muy limitados, nuestro sistema caduca y no tenemos plan B. De no tomar medidas sistémicas urgentes, mucho me temo que el viento del fascismo nos barra a todas.

Y lo llamo fascismo porque lo es. Si cerramos fronteras, si protegemos “lo nuestro” si consideramos que primero “los míos” “los de aquí” estamos presuponiendo que tenemos prioridad, que somos más y mejores y con derechos sobre una tierra en la que andamos de paso. De esa reflexión a invadir Polonia por el “anchluss” van unos pocos pasos. Y eso es fascismo puro. De principio a fin. Lo llamemos como queramos y disfracemos la realidad cuanto gustemos, esta se impone a la fuerza y más pronto que tarde.

María Toca

 

Sobre Maria Toca 520 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

8 Comentarios

  1. Excelente artículo.Pero lo que más me ha acojonado al leerlo, es que define con exactitud lo que
    hace tiempo presiento y tu con tanta claridad intuyes y vaticinas. Tiempos sombríos María, tiempos sombríos.

    • Muy sombríos Enrique, porque no son vaticinios ni premoniciones, son realidades que, o nos ponemos pronto con ellas o se va todo al carajo (con perdón) Gracias por tus palabras, compañero.

  2. ¡¡ Bravo María!!! Tu debes saber muy bien qué la inmensa mayoría de nuestros convecinos, cuando se les plantea lo que tú tan magistralmente expones, tuercen el gesto y dicen “¡Ya está aquí el/la agorero/a”.
    Y es que no queremos ver la evidencia, y preferimos dar limosna al negrito que encontramos en la calle a perder nuestro estilo de vida, que es el que da lugar a su miseria y desarraigo.
    Mimamos y malcriamos a nuestros niños, pero nos olvidamos de que les estamos destrozando su patrimonio, que es el planeta tierra …
    Sigue así María; Yo soy tu más ferviente vocera.

    • Gracias Rosa. Me encantaría poder escribir sobre cositas menos densas, menos fatales, pero hay que decirlo. Hay que abrir los ojos para intentar mejorar una triste realidad. Un abrazo Rosa y vuelvo a agradecer tu lectura.

  3. Ojalá tuviéramos la madurez necesaria para afrontar los cambios necesarios pacífica y ordenadamente… pero la historia nos enseña que, hasta ahora, los grandes cambios siempre vinieron acompañados de violencia, caos y oportunismo… Ojalá me equivoque, pero temo por nuestros hijos…
    Un abrazo.

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