La señora Mechita: mi Mechi

Mi Mechi crió a mis hermanos, a mí y a todos los perros, gatos y pollitos que cayeron por la casa de mis papás. Nos crió a besos, a gritos, a todo. Después crió a mis sobrinos y a los de ella, los hijos de sus hermanos. Como si no fuera suficiente, Dios le mandó una hija propia. Si trato de sacar la cuenta de cuántas personas han sido cuidadas por mi Mechi no me alcanzan los dedos, ni usando los de los pies. Muchos hemos sido criados, alimentados, consolados, reñidos, por mi Mechi. Qué tal suerte.

Mi Mechi es chiquitita y con los años se va encogiendo… si viviera hasta los cien podría meterla en mi bolsillo y llevarla a todo lado conmigo, eso sería genial. Tendría una voz, jode y jode en mi bolsillo: ‘¡Caculiya, come!’ ‘¡Caculiya, tiende la cama!’ ‘Caculiya, Caculiya’. Nunca he sabido qué quiere decir Caculiya (y creo que ella tampoco), pero esa soy yo para mi Mechi.

Cuando yo nací mi Mechi ya existía en mi familia. No hay un solo recuerdo mío que no la incluya. Cuando yo era niña era casi de su tamaño. Ella cocinaba, lavaba los platos, limpiaba la casa y nos mandaba a todos con las uñas largas y bien pintadas, siempre. Con el pelo suelto, laaargo y lacio, a lo Daniela Romo. Su cuarto estaba lleno de posters: de los Pasteles Verdes, de Sandro, de Nino Bravo. Recibía a sus amigas cuando venían a visitarla, tomaban tecito en la cocina y luego iban a tirarse a su cama… conmigo de colada, escuchando tooodas sus aventuras. Cuando salía el fin de semana usaba tacazos. Y se maquillaba… para mí era súper interesante verla arreglándose tanto. A veces me llevaba con ella. Recuerdo haber visto ‘La Quema de Judas’, una celebración arequipeñísima que consiste en quemar un armatoste con figura humana, hecho de cañas y papel, que representa al traidor. ¡Empiezan a quemarlo por el pipilín*! Y yo vi eso sentada en los hombros de algún pretendiente de mi Mechi, o sea, en palco.

Los veranos de chiquitos en la playa con mi Mechi amanecíamos con un grito de ‘¡Camarooón, casera, camarooón!’ y mi Mechi respondiendo de inmediato ‘¡¡¡Si, si!!!’  ‘¡Camarón casera!’. Los vendían vivos y mi hermano se pegó el susto de su vida persiguiendo a uno: le agarró el dedito con sus tenazas y nunca más en su vida comió un chupe de camarones*. Cuando regresábamos de la playa mi Mechi nos bañaba a todos en fila india: calatitos* en el patio de la casa de la playa. Primos, vecinos, alojados, cualquier menor de edad, de cualquier edad, cero pudores: calatos todos frente a ella, mi mamá y mis tías. Como en una línea de ensamblaje: una baldeaba, la otra enjabonaba, la última enjuagaba, ‘¡vaya a vestirse!’

Mi Mechi lo sabe Todo. Su comida es la mejor del mundo mundial, es la primera que comí y la única que amo. Ella me enseñó que la comida rica tiene diferentes nombres pero la fea sólo uno: ‘comeycalla’. Cuando me casé, me dictó recetas, como pa’ bruto…decían desde: ‘prende la hornilla’. En mis crisis de adulta he añorado su presencia para poner orden en mi vida, mi casa, mis finanzas o en la educación de mis perras. Mi Mechi enseñó a nuestro pequinés, Pucho, a hablar (decía mamá) y a comer con tenedor. Pimienta no sería la loca que es si su abuela Mechi hubiera intervenido en su crianza. Mi Mechi es el orden en el caos. Mi Mechi es el hogar.

Ahora mi Mechi ya no tiene el pelo largo, porque es una señora, una señora chiquitita. Hasta sus manos son más chiquitas ahora, esas manitos me han cuereado*, me han abrazado y consolado, han cocinado delicias para mí. Los dolores más desgarradores de toda la familia han sido consolados por las manitos de mi Mechi, las alegrías más grandes han sido aplaudidas por esas manitos. Gracias a Dios por mi Mechi. Gracias Mechi por existir. Te amo.

Caculiya

Escribí esto cuando la Señora Mechita fue diagnosticada con cáncer y estaba internada en el hospital. Ella lo leyó feliz, dijo que vio su vida como una película frente a sus ojos y admitió que no tenía idea del significado de ‘Caculiya’. La señora Mechita luchó contra el monstruo hasta lograr ver a su única hija biológica graduarse de médico. Partió el 28 de abril del 2017. Dejó amor.

 

*pipilín: peruanismo para ‘pene’.

*chupe de camarones: caldo hecho de camarones, plato típico arequipeño, quizás el más famoso de todos. El camarón abunda en los ríos de la costa de Arequipa.

*calatitos/calatos: peruanismo para ‘desnudos’.

*cuereado/cuerears: peruanismo para ‘dar palizas’.   

 

Úrsula Álvarez Gutiérrez / Entre Histerias e Historias

Sobre Ursula Álvarez 18 Artículos
Arequipeña de origen cántabro (sobrina de Consuelo Bergés y sobrina nieta de Matilde de la Torre) Profesora de inglés en la Universidad del Pacífico de Lima Publica en Mujeres Mundi y en diversas revistas peruanas. Corazón partido entre el origen cántabro y su Arequita natal

Sé el primero en comentar

Deja un comentario