Las ricas también lloran (casi como las pobres…)

Se nos dice no sin razón que el capitalismo ha sido el origen de la marginación femenina, el origen, causa y fin del patriarcado. Nada que objetar, ya que la sociedad patriarcal se ha asentado históricamente sobre las bases del trabajo no remunerado que ha realizado la mujer en todas las facetas familiares. La mujer ha sido cuidadora, amamantadora, maestra, modista, cocinera, limpiadora, organizadora…de toda la infraestructura doméstica, se tratara de una chabola o de un palacio, sin recibir a cambio prestación económica, más que la originada de la mera subsistencia . Admitimos que la organizadora del palacio contaba con ayuda inestimable de subalternos, mayoría de mujeres también, la de la chabola, no. Pero en general, el trabajo doméstico no remunerado ha caído en los hombros femeninos siempre. Como consecuencia de ello, el hombre podía cazar mamuts, conquistar territorios, hacer Cruzadas, guerras o cazar gamusinos durante  su vida. También podía realizar una obra literaria de valor, pictórica, dirigir empresas y bancos con la soltura que da el tener la utillería doméstica cumplida por la esposa de turno. Despreocupado y feliz podía vagar por bosques y desiertos porque había una esclava planchando la ropa y cuidando la prole.

 

Hace un tiempo, recuerdo que en una presentación de una novela recién publicada,un señor presente en el acto, me decía que  las mujeres escribíamos y eramos leídas igual que los hombres. Obras y artículos, algunos de ellos publicados en @LaPajareraMgzn, demuestran que no. La diferencia es abismal. Le respondí que, por poner un ejemplo, Manuel Murguía (esposo de Rosalía de Castro, catedrático de Universidad de Santiago)http://www.lapajareramagazine.com/algo-personal-sobre-rosalia-de-castro tenía un despacho lleno de libros amplio y cómodo en su pazo de Padrón, mientras Rosalía realizó su magna obra poética, en un rinconcito de su cocina atendiendo pucheros e hijos.  Al recibir el premio Nobel Alice Monroe, una de sus hijas contaba a la prensa, que recordaba a su madre escribiendo en la mesa de la cocina mientras ella y sus hermanos hacían deberes o merendaban. No hizo novela la Monroe, porque las interrupciones domésticas casan mal con una obra larga, no así con el relato. Respondí al cordial señor de la pregunta, que lo ideal para lograr igualar la obra literaria masculina, sería tener una esposa. Las risas corroboraron mi respuesta, aunque debajo de ellas soplaba el aire de una cierta amargura.

Sí , el capitalismo ha fundamentado las raíces del patriarcado, anclándolo bien en una sociedad que se basa en el esfuerzo inhumano de muchas/os para el beneficio de pocos. Eso es el capitalismo  en esencia. Explotación y migajas que se reparten “generosamente” a los súbditos mansos  . Si hablamos de prostitución, exprimimos al máximo este concepto: unos tan poderosos y tan aposentados que pueden adquirir a cambio de no mucho dinero el cuerpo femenino (o alquilarlo, tal como matiza don Marías en unos de sus sublimes artículos…no vendemos, nos alquilamos “solo”)  Para quien rebata con el argumento de la prostitución masculina, les respondo que sí…pero curiosamente, es utilizada mayoritariamente por hombres. Por tanto, a la hora de hacer un extracto sumo del capitalismos nos sale la prostitución como elemento primigenio. Unas parias que son explotadas como carne placentera por el poder. Por no hablar del expolio a nuestros úteros que se pretende con esa llamada “regulación de maternidad subrogada” eufemismo que supone “alquilar” un cuerpo durante nueve meses, para vender el hijo al poderoso que paga. Capitalismo. Extracto puro de explotación, que nos venden como “libertad de elegir” Libertad de elegir ser pobres o tener unas migajas con las que ir tirando. Libertad y mucha libertad, esencia pura de ese nuevo liberalismo que los neocons propagan con fe de carbonero. Bien.

Que sea origen y causa no quiere decir que sea “solo” origen y causa. Hemos visto grupos anticapitalistas, radicales en sus preceptos sociales, defender con ahínco la prostitución, incluso usarla sin escrúpulo alguno. Hemos visto mujeres,  supuestamente capitalistas, sometidas hasta el infinito al poder patriarcal y al maltrato. Y hemos visto mujeres anticapitalistas sometidas y maltratadas . Muchas de ambos bandos.

Quiero decir, con ello, que el patriarcado es una enorme mancha de aceite que impregna cualquier ideología, cualquier base social. Que una mujer con un marido poderoso puede ser víctima de maltrato, que una mujer con servicio y casa palaciega puede ser violada como otra en una chabola. Me atrevería a decir que de igual manera. Se me puede rebatir, que la mujer poderosa, puede elegir, puede utilizar “su” dinero y “su” poder para eludir el machismo. Les refiero la respuesta que me dio en una ocasión una mujer aparentemente rica, ante mi cara de extrañeza cuando se quejaba de su escaso pecunio: “No te equivoques, María, el rico es mi marido, yo solo le sirvo…” Cerrando con ello mi boca, y haciéndome entender que sin los medios de producción,  sin el cambio social que propugna una sociedad feminista jamás es posible salir del encono patriarcal.

Ha sido histórica la confrontación que hemos tenido el movimiento feminista. Se nos decía, si liberamos al ser humano del yugo capitalista, la mujer, de forma automática se verá liberada del yugo patriarcal. Y vimos como el padrecito Stalin, descabezaba a Alessandra Kollontai, y dejaba caer con ella, todos los avances feministas que la revolución rusa conllevó de su mano http://www.lapajareramagazine.com/alesandra-kollontai. Desde entonces  acá, hemos visto volantazos de todos los colores,con el común denominador de que la mujer luchaba en paridad en caso de guerra o crisis pero al llegar la victoria retrocedíamos al origen. Y el origen es el patriarcado. Con ello, se entiende el paradigma que insistimos tanto: el feminismo no puede (o no debiera jamás) ser capitalista. Conforma la misma esencia de nuestro movimiento eludir,por principio, cualquier explotación. Cosa utópica, me dirán algunos, pero no menos cierta.

Puede doler menos el golpe recibido en una casa de doscientos metros, con piscina. Puede ser menos humillante el grito o la vejación, recibido en una mansión de la Moraleja…pero, sinceramente, no lo creo. No es que victimice a las poderosas, con ese axioma de “las ricas también lloran” sino que pretendo demostrar que el patriarcado ideológico hunde sus raíces mucho más abajo que el capitalismo, aunque se imbrica con él, se retroalimentan ambos y crezcan de forma subsidiaria por un  tronco común.

El patriarcado es capitalismo, pero no solo es capitalismo. El patriarcado es de mucho más largo recorrido que el capitalismo.

 

 

María Toca

Sobre Maria Toca 493 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

3 Comentarios

  1. Buenas tardes María, muchas gracias por el artículo me ha hecho pensar. Parece que al final dices que el capitalismo es malo, que el patriarcado es malo, luego el patriarcado es capitalismo. Estarás de acuerdo conmigo que el patriarcado está de igual instaurado tanto en el sistema capitalista como en el sistema socialista luego no estoy muy de acuerdo con la identidad que planteas.

    Al pensar sobre tu artículo, yo creo, y estoy más de acuerdo con las teorías de Hobbes o Kant lo de “el hombre es un lobo para el hombre”. Creo que somos la única especie que ataca premeditadamente y no por instinto, ya decía Roberto Carlos “quisiera ser civilizado como los animales”.

    Mi teoría María, está mas por la falta de valores. La tuya se basa más quizás, en la de Rouseau y Marx que era la sociedad la que corrompía el “buenismo” del ser humano. Ellos esgrimían que el principal causante del egoísmo se daba por la sociedad capitalista.

    No me gusta esa teoría, porque parece que podemos ser malos, y la culpa de que seamos malos es de la propia sociedad en la que estamos incrustados. Me parece una excusa demasiado débil. Me gusta mucho más la instauración de unos valores fuertes y robustos y que nuestros actos deben ser acorde a esos valores aunque muchas veces nos cueste mucho esfuerzo cumplirlos. Con esa máxima no debería existir ni el patriarcado, ni ningún otro sistema que doblegue al débil a favor del fuerte, sino que sean los fuertes los que ayuden al débil para que todos seamos mejores. Y por eso me gustaría luchar.

    Con esto no quiero decir que la mujer sea más débil, sería un gran error por mi parte, es mas, creo que es el ser más impresionante que hay sobre la tierra y mi definición sería que es el único ser que es ¡¡Capaz!!.

    Un saludo y muchas gracias por el artículo me ha hecho pensar.

    Miguel Tausía.

    • Gracias a ti, Miguel por tus reflexiones. No, no creo en el buenismo natural del ser humano. Creo que en nuestro interior se debate una diosa (femenino inclusivo) y una demonia que puede salir en cualquier momento. Somos seres duales, unas con mayor predominio de un lado que otro. Solo el ejercicio de introspección y la elección por determinado camino nos hace mejores …y la cultura. Estoy convencida de que la cultura salva, que nos redime de la maldad, del brutalismo, de la barbarie. Esa es mi única creencia de redención. En cuanto al capitalismo y el patriarcado, creo que ambos nacen del tronco común del poder. Y del miedo. Alguien con miedo, intenta acumular poder sobre las más débiles o confiadas, sean desposeídas económicas o determinadas razas, condición sexual…Es el miedo lo que quizá nos haga acumular poder y ejercer la tiranía contra el/la de abajo. Ambos caminan juntos y se retroalimentan. El patriarcado nos afecta a todas/os, porque vosotros sois víctimas también de los clichés que os impiden manifestar sentimientos, emociones, ternura. Es esclavizante, como el capitalismo que nos lleva a consumir, a tarifar la vida por su valor pecuniario. Siento mucha pena por esos tiranos que pasan la vida peleando contra su propio miedo acumulando poder, dinero y perdiendo la vida en ello. Un saludo cordial y agradezco esta ocasión de conocer nuestras diferentes posturas y puntos de vista, que creo nos enriquecen a ambos y, quizá con suerte, a quien nos lee.

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