Los mismos. Las mismas

Llegan, están o vuelven. Los mismos, las mismas. Adornadas con pashminas floreadas de auténtico glamour y bisutería cara, de esa que da lustre y modernidad. Alguna joya, discreta,  por eso de no parecer élite y ser pueblo cultivado, o lo que antes se llamaba “gauche divine” y ahora progresismo. Todo dentro de un orden, no se vayan a creer que existe desmelene.  Perfumes caros, la piel empolvada con algún serum de marca aunque sea robado en el gran almacén donde se puede guardar en el bolso y no parecer una desarrapada que roba por comer. No. Son las mismas. Los mismos. Los y las modernas de una ciudad pequeña donde el brillo de purpurina banal se refleja a poco de acercarse. 

 

Sin mayor lustre que el aparecer con el paso cruzado de rauda lucidez. El vestido de gala, el abrigo sobre los hombros, que ahora es tendencia, of course y la glácil figura enmarcada delante de la obra de arte… o del photocall. O de lo que sea. El caso es salir en la foto. Intercambiables siempre. Los mismos. Las mismas. De una función a otra. De un estreno teatral a una exposición anodina de dibujos estériles, da igual. O de cuadros de la artista consagrada que hace historia pequeña, porque su obra no trasciende más que entre la provincia. Que sabrán los demás. Nos sirve para vernos, para lucir e identificarnos. Siempre los mismos, las mismas. Es rebaño feraz y muy reconocible.

O una fiesta benéfica. ¡Oh! las fiestas que recaudan dinero para pobres, cieguitos, disminuidos, enfermitos, desposeídos varios. Desfiles de moda a modo de justicia social.  Contra el cáncer. O el Alzheimer, que ahora viste mucho. O casitas de juguete para que los niños abandonados jueguen a ser felices y  a ellos, a ellas, se les quede la conciencia tranquila hasta el próximo evento. Fuera de temporada, por favor… que esto es un sinvivir  y no damos abasto entre posado y posado. Entre festival o acto porque siempre somos las mismas, los mismos.

 

Todo sirve a los mismos, las mismas, para lucir el último modelo adquirido a crédito o en préstamo frustrado del mercadeo pueblerino y meteco.

Los mismos y las mismas. Intercambiables todas, todos, en ese mamoneo que dicen obra social. O cultura. O exposición. O estreno teatral. O music hall, que no sea escandaloso, off course, que  luego desacredita para el siguiente evento. Rompiendo en moda, eso sí, pero no en desmelene que aquí somos todas muy  cool pero usted ya me entiende. Que tenemos que mantener el tipo porque de cara a Navidad, los estrenos, las ferias de vanidades varias y las obras de caridad se iluminan como la lucernaria que adorna la ciudad.

Todo bien comedido, por favor, sin mear fuera del orinal. ¡Uf! ha dicho mear la advenediza ésta. Nosotras, querida, tan solo hacemos pis.

 

María Toca

Sobre Maria Toca 538 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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