Los Prismáticos©

Empezó mal desde el principio. Ella andaba desnuda por la casa, de vez en cuando él atisbaba la sombra de un pezón encrespado que asomaba entre visillos, o su cadera doblada, confundida con el armazón de una figura partida. Luego tomó prestados los prismáticos de su hijo, ajustó la medida y pudo encontrar los detalles de un cuerpo que sin ser perfecto, invitaba a mirarlo. No había exceso de lascivia, podía jurarlo, tan solo la curiosidad de contemplar la esplendorosa exhibición de una mujer que caminaba desnuda por su casa. Todo normal, hasta que escuchó el grito y vio tronzarse aquel cuerpo mientras el flujo líquido de su sangre empañaba el linóleo. Quiso gritar pero la voz se ahogó en la intención. ¿Cómo avisar a la policía sin descubrir que era un vil mirón? Anónimo. Haría una llamada anónima y se quedaría a esperar acontecimientos.

Así lo hizo. Al  poco, alguien llamó a su puerta.

Salió esposado entre el estrépito de un vaso roto que se escurrió de manos de su esposa. El hijo negaba con seguridad que hubiera tenido nunca prismáticos. Por mucho que buscaron los policías, ante su insistencia, no los encontraron. Lo que sí hallaron envuelto entre periódicos y tirado en el hueco donde la escalera se funde con el sótano, fue un cuchillo con la empuñadura arrebolada de sangre seca y unas huellas que coincidían con las suyas.

Hoy contempla el estío desde el ventanuco que le comunica con un cielo aparente. Sigue sin prismáticos.

María Toca©

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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