Lucas del alma mía

Lucas es alto, fuerte y casi guapo. Lucas suda mucho, no sólo si hace calor sino también cuando está nervioso, lo que sucede con frecuencia. Lucas está perdiendo el pelo pero en el centro de la frente tiene un mechón que porfía en no abandonarlo y eso hace que se parezca un poco al abuelo Monster en versión linda. Lucas es hiperactivo y en tiempos difíciles sale a correr en las noches para calmarse, una vez participó en una carrera y ganó, llegó con su medalla colgada al cuello y la sonrisa más feliz y tierna de todas: la de un hombre bueno, ese es Lucas. Su mente es agilísima, va a millón siempre, cuando se le ocurren ideas o recuerda cosas y no tiene en dónde anotarlas, escribe en las palmas de sus manos como un niño atolondrado. Lucas cecea, logra disimularlo casi bien cuando está rodeado de extraños pero si está en confianza ez-una-coza-de-locoz. Lucas siempre se da cuenta de todo lo que está pasando a su alrededor, en una fracción de minuto dice ezconde tu cartera porque eze ez un choro*, eztáz linda, en el carro de adelante eztán fumando marihuana, voltea a la derecha porque loz del coztado van a chocar, mira a eze perrito tan lindo detráz de nozotroz, parecez Gatúbela con tuz guantez de manejar prinzeza hermoza de mi corazón. A Lucas le gustan las gaseosas gringas de canela, los chocolates de coco, el vino y aprender idiomas. Lucas trabaja en un mundo feo y sucio lleno de falsedad, personas de plástico y mierda, casi todas en venta. Lucas es un hombre bueno pero no idiota, es astuto como un zorro, conoce su ambiente laboral y tiene éxito. Trabajar en las cloacas sin que a su alma se le pegue ni el olor es una de sus singularidades. Amar a Lucas curó el alma de una mujer, se recordó a sí misma y se salvó de la locura. Vivieron un amor gigantesco de cordura cuestionable con el susto de los adolescentes que no eran y la fascinación de ver a otro ser humano exponer su corazón.

Se habían visto en los pasillos. Mí misma, que no te toque este famosito de alumno. Tenía miedo de que la celebridad en su clase la pusiera nerviosa y alborotara al resto. Ezta profezora tiene cara de bruja, ez muy zeria, ojalá que no me toque nunca! Un día de inicio de curso ella leyó la lista de sus alumnos nuevos, vio un nombre conocido y pensó soné* y ahora qué hago con una celebridad en mi salón. Él pensó zoné, ezta bruja zeguro que me jala. Él decidió poner mucho empeño en sus clases para no desaprobar. Ella decidió poner mucho empeño en no ponerse nerviosa y empeñada andaba hasta que lo escuchó usar el idioma que tan afanosamente aprendía. Elocuente, eso sí, destruía sílaba-a-sílaba el idioma que lo hechizaba desde niño, con tooodiiita el alma, con la voz, con las manos, con los ojos, con la sonrisa y con un esfuerzo dignos de una estrellita en la frente y un aplauso. Lucas era el primero en llegar a clases y el último en irse. Se sentaba en el centro exacto del salón, tiempo después desembuchó: para verte mejor mi prinzeza hermoza. Cumplía sus tareas con el esmero de un colegial de primer puesto. Sólo faltaba a clase los días que había examen, aparecía al día siguiente con cara de culpable y pedía a su profesora que se lo reprogramara, por favor. Después le confesó su terror a los exámenes. Ese hombrón grande, fuerte y casi guapo se aterra si le ponen uno de esos enfrente. Desaprobó el primero pese a todos sus esfuerzos y a haberlo dado una semana después que el resto. Su profesora le entregó el resultado doblado para no avergonzarlo. Él levantó la vista desde su carpeta y la miró con tal cara de culpable, como si no fuera el adulto exitoso que era sino un niño atrapado en falta, que ella se murió de la ternura y sonrió desde el fondo de su corazón a esos ojos de cachorro. Cuando ya estaban enamorados Lucas le dijo que él sintió la dulzura en esa sonrisa y que posiblemente en ese momento empezó a enamorarse de ella.

Eran tiempos difíciles en las vidas de ambos, los dos vivían en piloto automático procurando no sentir para poder funcionar, muertos de miedo pero de pie. Un día ella decidió describirle el infierno que presenciaba todos los días, no para desahogarse sino para que él hiciera que el mundo lo supiera. Él no logró sacarla de las tinieblas, nadie hubiera podido hacerlo, pero Lucas hizo que su infierno fuera visible para el resto, no estoy loca. Al confiarle las cosas terribles que veía, ella encontró un escape para su desesperanza, no sólo unos oídos atentos sino verdadera empatía humana. Y así como ella se abrió también lo hizo él, se contaron sus vidas, se apoyaron uno en el otro y sin darse cuenta se volvieron novios cibernéticos. No era tiempo para el amor pero se enamoraron hasta el tuétano y se dieron uno al otro un refugio hecho de amor, luz, ternura y muchas carcajadas. Redescubrieron la nobleza humana en un tiempo horrible.

La primera vez que Lucas la invitó a almorzar estaba tan nervioso que una de sus piernas temblaba. En un restaurante de comida rápida en el que todos los asientos de la fila forman parte del mismo armatoste, todos los comensales temblaron al ritmo de la pierna enamorada. Lucas, con cara de pavo y feliz parecía un anuncio de pasta de dientes. Peleaban contra el tiempo, la enfermedad y las obligaciones cotidianas para verse cada vez que podían, a veces ella lo recogía en una esquina y él subía a su carro feliz, se lo contaban todo en una vuelta a la manzana, dame otra vueltezita prinzeza hermoza, dos vueltas a la manzana eran el momento más feliz de muchos días. Con Lucas ella entendió el significado de la canción del Unicornio Azul* y supo que había encontrado al suyo. Zi lo que ziento por ti fuera fízico quizáz podría zacarte de mi piel con una ducha, decía Lucas. Lucas la llamaba para contarle problemas importantes y escuchaba atento lo que ella le contestaba. Erez linda pero no erez la máz linda, lo que zí erez ez la mujer máz inteligente y valiente que yo conozco. Mi alma eztá en tuz manoz y yo no tengo miedo de ezo, decía Lucas, acostumbrado a desconfiar por instinto. Lucas le regaló un cuento infantil escrito por un premio Nobel que trata de un par de niños enamorados queriendo bajar la luna, te lo he comprado porque tú bajaz la luna todoz loz díaz y no te daz cuenta y ella le creyó. Lucas hizo que ella recordara a la mujer que fue antes de que el mundo cayera sobre ella. El primer beso que Lucas le dio fue en la frente. Lucas del Alma Mía, le decía ella, mi Unicornio Azul. Él la sentaba en sus piernas, le contaba historias y a ella le dolía el estómago de tanto reír. Ella compraba lasagna para él y la comían felices para después hacer siesta con fiesta. Se amaron bonito, se respetaron siempre, se rieron mucho aunque los rodeara la enfermedad, el dolor, la muerte y el miedo. Tú eres el mejor hombre que yo conozco, Lucas, él le creyó y su alma recuperó su tamaño colosal. El día que decidieron dejar de ser platónicos no pudieron consumarlo por dos razones: Lucas estaba tan nervioso que tuvo calambre en la pierna y a ella le dio un patatús monumental al verlo completito por primera vez…Si hubiera sabido esto no me enamoraba de ti, Lucas. Ez que zi te lo contaba no me hubieraz creído. Bueno Lucas, si fueras actor porno podrías ser millonario. Se abrazaron fuerte muertos de la risa mientras ella intentaba quitarse el susto y él se sobaba la pierna acalambrada. Al día siguiente se entregaron a la faena con el mismo empeño que él puso en no desaprobar su curso y que ella puso en no ponerse nerviosa cuando era su alumno, lo hicieron bien como todo lo que hicieron juntos, chinos de la risa y con repetición.

El amor de este par de locos fue hecho de magia, verdad y almas abiertas de par en par. Ese amor les dio la inspiración y la fuerza para volver a enfrentar al mundo real. Una falsa teoría de la etimología de la palabra ‘amor’ sostiene que significa ‘sin muerte’, es decir, ‘eterno’. A lo mejor esa leyenda no es falsa y se basó en este amor que existió desde siempre y para siempre. ‘Zi eztuvieraz zólo en mi piel podría zacarte con una ducha, pero eztáz en mi alma’. ‘Ídem, Lucas del alma mía’, contestó ella y era cierto.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Arequipa, 2017.

*choro: peruanismo para ladrón callejero, carterista.

*soné: “me arruiné”

*Unicornio Azul: Canción compuesta y cantada por Silvio Rodríguez, trovador cubano.

Sobre Ursula Álvarez 28 Artículos
Arequipeña de origen cántabro (sobrina de Consuelo Bergés y sobrina nieta de Matilde de la Torre) Profesora de inglés en la Universidad del Pacífico de Lima Publica en Mujeres Mundi y en diversas revistas peruanas. Corazón partido entre el origen cántabro y su Arequita natal

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