Machismo de izquierda

Me encanta cuando me dicen “Rafael Hernando es machista y ¿Pablo Iglesias?” y mi respuesta es: “pues también”.

Les dejo en un estado de coma permanente y de encefalograma plano. A veces mis respuestas provocan eso.

El machismo no es patrimonio de la derecha, ni mucho menos.

Se filtraron conversaciones –que todos recordaremos- de Pablo Iglesias afirmando que azotaría a Mariló Montero hasta que sangrara. Muy probablemente estaba en tono irónico, era una manera de expresar su rechazo hacia lo que esta señora decía, sin embargo, no tiene justificación. Mariló Montero tiene que poder decir lo que le dé la gana sin ser amenazada.

Todos decimos barbaridades, en público y en privado, de toda clase. Yo hago chistes racistas, machistas y homófobos con mis amigas, constantemente. Lo hago en un entorno de seguridad y lo hago sin dañar a nadie. Sin embargo, si soy político, deberé asumir que se filtren conversaciones y aunque no fuera mi intención, el hecho de provocar dolor. Podía salir a la luz o no, y salió.

Pidió disculpas, porque era lo mínimo que podía hacer. Aquí, no importaba si se habían filtrado conversaciones, no importaba si se habían filtrado con objetivos políticos, si había más, si no sabían en qué base de datos estaban y para qué fin. A mí, lo que me importaba es que se estaban burlando de una analfabeta y retrógrada que suficiente tenía con serlo, como para que la atacaran por ser mujer.

Lo que dijo no parecía estar en tono irónico, sino que parecía que decía exactamente lo que quería decir. En todo caso, era una escenificación imaginaria del maltrato por castigo para disciplinarla, por ser mujer y hablar demasiado, aunque fuera en sueños y en privado. Hágase público o no, allí estaba la conversación burlándose del castigo físico en telegram por ser mujer.

Lo mismo ocurrió con Irene Montero, pero cuando toca a tu novia ya no hace tanta gracia. Ya no hace tanta gracia que después de un discurso brillante, inteligente, muy bien formulado y preparado, lo que destaque un portavoz, sea el de dejar caer que son pareja como descrédito.

Dejando de lado todo el esfuerzo y configurándola como un objeto de burla, por ser mujer y por tener una relación con él. A eso redujo Rafael Hernando a Irene Montero, a la secretaria que se folla al jefe para que le suba el sueldo.

Y no, aquí la víctima no es Pablo Iglesias, es ella. Pablo es el macho alfa que se folla a la hembra y ella la chupapollas que le sigue a todos lados como una perrita.

A eso redujo Pablo Iglesias también a Ana Botella cuando dijo que fue alcaldesa a dedo porque estaba casada con Aznar. Él hizo lo mismo y no me importa.

No me importa, porque la que no dormirá en toda la noche, sabiendo lo que han dicho de ella será Irene, no él. Se pasará el día con la cabeza baja intentado subirla para que no le quede el estigma de ser la que se folla al jefe e intentar aparentar que no ha pasado nada.

Será la churri del jefe, la enchufada, la puta, la zorra, la guarra y la que se lo traga, no gracias a Rafael Hernando, sino a los machistas como ambos.

Rafael Hernando ha querido disciplinar a Irene Montero. Ha considerado que hablaba demasiado y demasiado tiempo, demasiado claro, con dureza, sin clemencia, sin miedo, sin pudor, con valentía y la ha querido hundir desacreditándola con su vida privada para humillarla en público y reducirla a ser meramente el chochito del jefe.

Cuando la abrace por la noche mientras llora de la rabia y coge fuerzas para enfrentarse a un escenario político en la que es un bufón mediático después del trabajazo que hizo y de la dignidad que hace mucho tiempo no sentía, que se acuerde de que él también ha sido un “Rafael Hernando” para otras mujeres.

Yo mismo he sido un Rafael Hernando para otras. Yo también he dicho que la famosa frase de Mariló Montero no era machismo y focalicé mis esfuerzos en criminalizar las filtraciones, también he dicho que Ana Botella era una persona despreciable armonizando la falta de democracia interna con una sombra de sospecha matrimonial de fondo.

Todos los hombres hemos sido Rafael Hernando, todos hemos sido Pablo Iglesias alguna vez. Se trata de pedir perdón, de intentar evitar esos pensamientos que nacen de nosotros como una seta envenenada y parar de una vez.

Yo también le he dicho a mi padre, al divorciarse, que cuidado con las latinas que esas se aprovechan de los cincuentones. Yo también he sido un Rafael Hernando.

Hombres de mi Facebook y de mi vida. Parad de cuestionar los méritos de las mujeres por su vida privada y si lo habéis hecho, pedid disculpas, cambiad y dejad de hacerlo.

Yo pido perdón por el daño provocado, porque no se lo deseo a nadie.

Cuanto más leo de feminismo, más me doy cuenta del daño y mi participación en este desbarajuste, en este desastre.

Porque cuando justificamos actitudes machistas porque nos gusta el discurso, las ideas o los planteamientos políticos de alguien, le estamos perdonando lo imperdonable por un mérito que no solo es suyo.

El machismo no tiene partido.

Texto: Antoni Miralles Alemany.

  1. Hay una “pequeña diferencia” entre Ana Botella e Irene Montero: la primera era una inútil en un puesto directamente determinado por ser la mujer de. La segunda ha demostrado su valía y ha sido elegida para el puesto que desempeña por méritos propios. Es machista insinuar que es la novia de. En el caso de Ana Botella no.

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