María Lejárraga

Conforme caminaban los personajes de este mosaico de mujeres, el nombre de María Lejárraga saltaba a mis ojos de forma contundente. Amiga, cómplice o colaboradora de muchas de nuestras protagonistas, decidí darle y darme la oportunidad de investigarla.

María de la O Lejarraga, verdadero nombre de la mujer que nos ocupa, era riojana. Nace de una familia culta y burguesa donde la lectura, la música y las artes formaban parte del día a día familiar. María no jugó con muñecas. Sus juegos infantiles eran imaginar personajes, crear historias y leer de forma compulsiva. Ni rayuelas, ni combas ocuparon su tiempo, tejió la fantasía entre la enorme biblioteca de su casa. María soñaba y jugaba teatro.  Siendo una niña tenía grandes conocimientos  de  historia, hablaba y leía perfectamente francés, leía en inglés y alemán… Su talla intelectual era insigne. Cuando conoció a Gregorio Martínez Conde, siete años más joven que ella, el deslumbramiento intelectual mutuo fue total.

 

Antonina Rodrigo, estudiosa de Lejárraga, afirma que al principio no hubo atracción física ente ambos, sí, en cambio,  una pasión intelectual por el mutuo amor al teatro. Forman pareja y Gegrorio traza un camino de éxitos con obras de teatro, con libros donde el soplo y la pluma de María es total.

Ella permanece en la sombra, se oculta tras el nombre de Gregorio Martínez Sierra, que firma toda la obra, aunque en un arranque de honestidad,  Gregorio firma un papel donde  confirma que ambos son autores de todas las obras. Los que conocían a la pareja, amigos comunes, saben y conocen la verdad. Más tarde, los estudiosos, afirman que fue ella sola la que forjó al autor Martínez Sierra ya que suyos son todos los textos atribuidos a él.

Amiga íntima de Juan Ramón Jiménez, de Falla, de los hermanos Machado,  y de tantos que se deslumbran ante su cultura e inteligencia, deambula cuidando del marido que recoge los honores debidos a su pluma, siguiendo ella en la sombra.

 

Conoció de niña a Pablo Iglesias, quedando deslumbrada por las ideas socialistas del Abuelo, desde entonces. En los convulsos años de la República se presentó a diputada por Granada, puesto que ejerce con dinamismo. A la vez, emprende el camino del feminismo,  que unifica con  la lucha socialista. Fue una de las fundadoras de Lyceum  Club de Madrid, donde se reúnen las mujeres importantes de la época en torno a la reivindicación feminista y la cultura. La mujer sometida, que escribe como penada para que el marido firme, lucha enconadamente para despertar la conciencia social y feminista  de las  mujeres. En sus discursos se muestra defensora de los derechos, de la libertad , mientras en la privacidad de su hogar, la realidad es otra.

 

El marido, emprende una relación con una de las actrices de sus obras. Catalina Bárcena, nacida en Cantabria,  incluso le dio una hija. Catalina interpretaba los personajes que María, en silencio, creaba. Fue un trío comentado en los mentideros madrileños de la época, haciendo chascarrillos de ello, en los que la esposa, como suele ocurrir, no quedaba en buen lugar. María calla y sigue escribiendo, obedeciendo al mandato tiránico de él, que depende intelectualmente de ella de forma absoluta. En palabras de Antonina Rodrigo: “Leyendo estas cartas, está permitido pensar  que Martínez Sierra no es que fuera incapaz de escribir por si solo una comedia, sino una simple carta de pésame, unas cuartillas para presentar un acto o pronunciar una conferencia”.

Elegida, como decíamos diputada , crea la Asociación Feminista de Educación Cívica, la Cívica,  y se  dedica en cuerpo y alma a la ingente tarea de mejorar la formación de mujeres: despertar a las mujeres de la clase media, mucho más dormidas e ignorantes que las del pueblo, a la conciencia de una responsabilidad ciudadana en palabras de María.

 

Al llegar la hija de la pareja formada por su marido y la actriz, se separa de Gregorio,  instalándose en un chalecito en Cagnes-sur-mer, manteniendo buena relación y el secreto de la autoría de la obra. Sigue escribiendo para él, redactando, incluso, los telegramas de agradecimiento cuando celebran los éxitos del teatro de Martínez Sierra. Él es descrito como un tipo carente de escrúpulos, pagado de si mismo, con el único afán de prestigio y dinero, incluso tenía expectativas de recibir el premio Nobel.

La fidelidad de María con Martínez Sierra, trasciende, incluso, a la muerte de éste. Escribe una autobiografía: Gregorio y yo, donde relata los momentos felices de la pareja, intentando ocultar la verdad de sus escritos, aunque es de sobra conocida la autoría. Este libro, confirma las sospechas ya que mantienen las formas literarias de toda la obra anterior.

Durante años vive en precariedad, siendo Matilde de la Torre, gran amiga suya, la que se ocupa de promocionarla y relacionarla para que pueda vivir con cierta decencia. Escribe, traduce, lee hasta su muerte, acaecida el 28 de Junio de 1974, a punto de cumplir cien años.

Tan solo poco antes de su muerte, acaecida en Buenos Aires, y debido a que la hija de Catalina y Gregorio había reclamado los derechos de autor de su padre,  María, decide, en tardía reacción, confirmar su autoría de la obra de Martínez Conde.

 

¿Qué le hace a una mujer feminista, socialista, inteligente, luchadora por la libertad, someterse a un marido que dice amar? Sin duda, forma parte de la psique humana, de los entresijos de un alma cercenada por los condicionantes sociales que, es posible, arraigan más de lo debido fuera de todo control intelectual.

Parece que el destino de María era ser copiada. En los años de exilio, ante la precariedad económica que la aqueja, decide hacer un guión y presentarlo en Disney. Nada sabe de él, hasta que comprueba en el cine que La Dama y el Vagabundo es  exacto al guión enviado por ella…No tuvo suerte en Hollywood, lo que le hizo marchar a diversos países de Sudamérica.

Es autora de bastantes  guiones de cine de éxito, de teatro, poesía, funda  revistas durante su exilio. En España no fue reconocida su labor, incluso el mezquino periodista César González Ruano, decidido a desacreditarla, como hizo con todo intelectual que tuviera que ver con la República, dijo de ella: “No nos gustó nunca María Martínez Sierra. Ni a su marido tampoco”

María Lejárraga, merece una revisión y un reconocimiento debido al ingente obra creada bajo la firma de Gregorio Martínez Conde.

 

Sobre Maria Toca 277 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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