María Teresa León

Es curioso como al emparejarse con genios, o con grandes hombres, la luminosidad intelectual incluso si es obra importante de las mujeres, se apaga en de la misma forma que se consagran a proteger, cuidar y atenuar los sinsabores de la vida de sus hombres. Ocurrió con Dora Maar, de forma escandalosa. Gran fotógrafa que queda eclipsada por Picasso, con Zenobia Camprubí, que a pesar de su rebeldía, de  la poca afectividad que muestra, cuando al final Juan Ramón consigue enamorarla, su dedicación, tiempo y trabajo, pasa a ser únicamente dedicado al gran poeta. Tanto es así que, enferma terminal de cáncer, cuidaba de él con la misma dedicación o más que estando sana, incluso escatimaba el tiempo de su convalecencia para no hurtar cuidados al poeta. Iba sola a EEUU a operarse. Recibía las sesiones de quimioterapia en soledad, mientras el gran hipocondríaco/egoísta/ególatra del poeta la reclamaba con sus enfermedades imaginarias y le solicitaba (a veces recriminándola)  atención constante.

 

Nunca sabremos que hubiera sido de estas mujeres de haber vivido solas o acompañadas de parejas que estimularan y respetaran su ingenio. Lo que sí sabemos, es que ellos, jamás hubieran podido dedicarse a construir su obra con tanta soltura,  de no haber estado esos ángeles protectores detrás. Recuerdo una entrevista a Vargas Llosa, donde afirmaba que no sabía entrar a un banco, que desconocía los más sencillos requisitos de la vida común, los pagos, los gastos, la utilería del hogar. Él solo se dedicaba a escribir mientras Patricia Llosa,  hacía todo lo demás. Dos o tres años después de estas declaraciones la abandonaba en clamorosa separación por una celebridad conocida. Que decir de Camilo José Cela, a quien su mujer, Rosario Conde, transcribía todos sus escritos. Corregía (nunca sabremos hasta donde…) los manuscritos de su marido, escritos a pluma, ya que el de Padrón usaba siempre este artilugio para escribir. Mercedes Barcha, cuenta que mantenía a sus pequeños en silencio o en la calle mientras papá Gabo creaba el mundo de Macondo, incluso le pasaba la comida en silencio para que no perdiera el hilo de la inspiración.  Así podríamos contar de todas las que han estado a la sombra de un gran hombre. No conozco, corríjanme si me equivoco, parejas en las que ocurriera al contrario, donde ellas se dedicaran con absoluta devoción a su obra y ellos cuidaran de todo lo demás. Solo cuento las relaciones amorosas, en las que ellos, al menos, reconocieron méritos y devolvían con su amor algo de la devoción solicitada. Hubo algunos que a la desatención unieron la crueldad absoluta, el maltrato y  las vejaciones. Como ejemplo de ésto, dedicaremos capítulo a Zenobia Camprubí, uno de estos días.

 

María Teresa León, es un caso similar, aunque es tal la talla intelectual y la personalidad de esta mujer que Alberti no pudo eclipsarla. Sí, agotarla, sí ocuparla tanto de las cosas pequeñas que él desatendía, que es muy posible, que de no haber estado juntos, podríamos hablar de una obra más completa.

Y no es que carezca de ella y de relevancia. María Teresa fue siempre díscola, rebelde, de una belleza singular y de una inteligencia poco común. Tuvo problemas en el colegio porque las monjitas de entonces no entendían como una niña bien, hija de militar, quería hacer bachiller, y leer libros prohibidos y un tanto procaces. Fue expulsada de dos colegios por esta causa. A los diecisiete años, María Teresa contrae matrimonio, con Gonzalo de Sebastián Alfaro, y tiene dos hijos con él. Publica artículos en El Diario de Burgos, y dos obras: Cuentos para soñar y La bella del mal de amor.

En 1929 conoce a Rafael Alberti. Hay un choque de trenes de pasión, lealtad y amor encabritado en ese encuentro. No se separan hasta la enfermedad de María Teresa, que azotó con garra terrible a un cerebro tan lúcido. El Alzheimer se llevó los recuerdos de una vida intensa y bien vivida.

 

Fue un amor intenso, que arrasó a ambos, haciéndolos ser una pareja indisoluble y combativa por donde quiera que fueran. Marcharon, ambos, a Mallorca, a poco de conocerse. En 1932 se casan, después de que la República liberase a María Teresa del primer matrimonio con la ley de divorcio promulgada. Poco después, Alberti  realiza ilustraciones para su libro de cuentos: Rosa Fría. Poco después recibe el encargo del gobierno de la República, de estudiar el movimiento teatral europeo, para lo cual la pensionó. La pareja viaja por Berlín, Unión Soviética, Dinamarca, Bélgica y Holanda. Estos viajes amplían los conocimientos sobre los países que visita, publicando numerosos artículos sobre ellos.

Se produce la revolución de Asturias, María Teresa, se implica  con los detenidos, buscando fondos y apoyo internacional para ellos. Crea, junto con Rafael la revista Octubre, viajan a la URRSS para el I Congreso de Escritores Soviéticos, conoce a Gorki y a Malraux.

 

La guerra civil los sorprende en Ibiza. Pronto se pone al servicio de la resistencia democrática, siendo nombrada secretaria de Asociación de Escritores Antifascistas, funda la revista El mono azul. Mantienen su residencia en Madrid, durante toda la contienda, publicando la experiencia de vivir en guerra, así como crea grupos de teatro, que dirige, interpreta y crea obras para llevar la cultura hasta el último rincón del frente. Su participación en defensa de la cultura en plena guerra es significativa, participa de todo movimiento que se produce en ese campo, luego pasa a ocuparse del desalojo del Museo del Prado, ante los bombardeos de las tropas fascistas. Es ingente lo que publica, como se dispersa en favor de promover la cultura durante el tiempo de la guerra, hasta la derrota que les sobreviene en 1939, teniendo que huir hacia el exilio, saliendo de España en un avión prestado por el gobierno de la República. Su primera parada es Orán, viven el Paris, durante la II Guerra Mundial, trabajando para la Resistencia,  más tarde llegan a Argentina, donde viven veintitrés años, naciendo allí su hija, Aitana. Más tarde llegan a Roma, hasta su vuelta a España el 27 de Abril de 1977.

Ella vuelve a su añorada España,  herida de muerte por el Alzheimer. Es ingresada en un sanatorio y muere en 1988. Sola y  sin memoria, dejando el reguero de una buena obra literaria y el poso de haber sido compañera, musa e inspiración de un poeta sublime: Rafael Alberti.

 

Texto: MariaToca

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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