Medicamentos Asesinos.

 

En nuestra sociedad, sufrir, sentir melancolía, o un cierto desapego hacia el mundanal ruido, es considerado enfermedad. Cualquier  incidencia en el discurrir de un tiempo de felicidad continuada, se considera patológico, y como tal tratable. Hace tiempo sufrí un duelo de considerables proporciones, mi sorpresa fue que en todo momento se me ofreció paliar los efectos lógicos del dolor que me aquejaba, con pastillas. Como si el dolor fuera una vergüenza y no la respuesta lógica de nuestra mente y nuestro cuerpo ante la pérdida. Nuestra mente es lo suficientemente poderosa, para crear defensas ante la adversidad. He de decir, que pasando de forma consciente el proceso del duelo, ayudada por terapia grupal conducida por una especialista en psicología del duelo,  aprendí más sobre mí misma y sobre la mente, que en varios tratados de psicoterapia. Entendemos que son procesos que deben ser recorridos para sanear y llegar a un fin saludable para el espíritu. La ingesta de paliativos, en forma de medicamentos, no suplen el lacerante proceso de curación. La sociedad nos dice: no hay que sufrir, no hay que padecer incomodidad, para eso están los psicotrópicos, que se nos ofrecen como panacea. Casi, es criticable no adormecerse, no tomar los fármacos ofrecidos como obligación social de estar bien. Como si fuera de mala educación sentir dolor, padecer melancolía o tristeza.

 

Recientemente ha saltado a los medios un nuevo libro del doctor Peter C. Gøtzsche donde cargaba contra el sector farmacéutico con dureza: Psicofármacos que matan y denegación organizada.  En el  2013 publicó su primer libro: Medicamentos que matan y crimen organizado, donde explica con profusión de datos e investigación, cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud. Lo denunciado en el libro supuso un revulsivo para la industria, que rebrincó sus poderes para desacreditarlo. En éste último libro, aborda el tema de la psiquiatría y su tratamiento exclusivo con psicofármacos. Cuestiona el uso masivo de estos medicamentos, explicando cómo los laboratorios, crean enfermedades, para dar salida a medicamentos que de otra forma no lo tendrían. Habla con rotundidad de los nefastos efectos secundarios de los psicotrópicos, su nula efectividad en el tratamiento de enfermedades como la depresión, la TDHA, la ansiedad, incluso sicopatías severas.   En una entrevista concedida hace un tiempo al diario.es, el doctor Gøtzsche afirma:

“- Tomé una actitud crítica respecto a estos fármacos; conseguí el acceso a estudios no publicados y fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que la industria farmacéutica, y en ocasiones también los psiquiatras, nos han engañado con sus ensayos clínicos-“ Duras afirmaciones que han sido rechazadas por los afectados de forma subrepticia, atacando al informante pero sin demandas o demostraciones.

También nos dice

“- Una de las grandes tragedias de la psiquiatría moderna es que muchos trastornos psiquiátricos son causados por los psicofármacos que se usan para tratar otro trastorno anterior; es decir, son daños colaterales, o efectos secundarios si se quiere. Por ejemplo, los efectos secundarios de la medicación para tratar el TDAH (trastorno por déficit de atención) coinciden bastante con el cuadro de diagnóstico de un trastorno bipolar.

Afirmaciones que nos escandalizan por su consistencia y porque nadie las ha negado ni tan siquiera, han sido rebatidas.  La TDHA, de reciente y discutido diagnóstico,  afecta a una población infantil de un 2% a un 5%, que se ha visto medicalizada con potentes ansiolíticos, administrados a una edad temprana y sin mayores investigaciones, nos hacen temer un futuro bastante negro para estos “enfermos”. Hay una curiosa variante a la TDHA, que se llama, Trastorno de Oposición Desafiante, como si a determinada edad infantil, el desafío, la conducta opositora, no fuera lo normal.

En 2012, saltó un escándalo de considerables consecuencias en EEUU, considerándose, quizá, el mayor fraude de la historia. La farmacéutica Abbott llegó a un acuerdo y aceptó pagar una multa de 1.225 millones de euros por haber extendido el uso de un anticonvulsivo aprobado en 1983 para tratar la epilepsia y el trastorno bipolar, a otras patologías en las que no tiene ninguna eficacia probada, como la agitación en ancianos con demencia senil. El laboratorio pagó durante 10 años a médicos y residencias de ancianos para que prescribieran el fármaco. También Pfizer aceptó pagar en 2009 una multa de 1.800 millones de euros por la promoción fraudulenta de otros 13 medicamentos.

 

Es conocida la rapiña de los laboratorios farmacéuticos, que no tienen escrúpulos en dejar morir poblaciones enteras, si no tienen medios para pagar el alto sobrecoste de los medicamentos, en cambio, inventan “enfermedades” en la sociedad capitalista, dispuesta, y obediente a ingerir fármacos, con la promesa de una tranquila felicidad. Como ejemplo de lo referido, nos puede servir el fármaco Paxil. Este medicamento, tiene un  principio activo: el antidepresivo,  paroxetina, antiguo y casi olvidado, que volvía al mercado con nuevos ropajes y, por supuesto, nueva indicación.  Ante las masivas críticas en los foros de salud, el laboratorio culpó a la prensa de la distorsión de la noticia. En el discurso ante la junta de accionistas, el que entonces era el máximo ejecutivo de la división, responsable del nuevo fármaco, Barry Brand, fue sincero: “El sueño de todo comercial es dar con un mercado por conocer o identificar, y desarrollarlo. Eso es justamente lo que hemos logrado hacer con el síndrome de ansiedad social”. Unos grandes aplausos corroboraron sus palabras, avaladas por la cuenta de resultados de su empresa.

En la misma época, surgieron los grandes medicamentos y éxito sin precedentes de venta masiva: Viagra y Prozac. Por hablar de este último, les refiero algunas de las cifras que le acreditan como bombazo económico del siglo. La fluoxetina, el principio activo de Prozac, se aprobó en Estados Unidos en 1992. Llegó a España en 1997 precedida por una intensa y exitosa campaña que incluía menciones elogiosas en obras literarias y cinematográficas. La comercialización de Prozac incorporó una novedad: por primera vez los laboratorios no se dirigían a los médicos para aumentar la prescripción, sino a los posibles usuarios. Como era de esperar, batió el récord de progresión de ventas de un fármaco. Ya en el primer año se vendieron dos millones de unidades, la mayor parte con cargo a la Seguridad Social, a la que se le pasó una factura de 9.200 millones de las antiguas pesetas.

En numerosas ocasiones, hemos visto como estas prácticas asesinas, más pendientes de la cuenta de resultados que de la salud, son llevadas a cabo, con la complicidad de gobiernos, dejando  a un lado la ética médica y la salud de los ciudadanos, que se verían reforzadas, con sicoterapias, aceptación de ciertas limitaciones naturales, de emociones normales, como la tristeza, el duelo, el dolor por la perdida.

Querer mantener la felicidad, la juventud, el vigor, engrosa las bolsas de algunos y deteriora la salud, ya que como apuntaba el doctor Gøtzsche, estos fármacos, no están demostrando efectividad, ni palian, tan siquiera,  lo que dicen erradicar. Lo que sí  conocemos con seguridad son los terribles efectos secundarios, aunque no se hagan públicos.

La frivolidad con que se recetan, la tranquilidad con que se toman,  son prácticas suicidas e inconscientes que pasarán un largo recibo a medio plazo. Dejo las palabras de Shakespeare,  como colofón del artículo: El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo a cenizas. Venteemos el pesar, confiemos en que el dolor, como la felicidad es pasajero, hasta que abandona el corazón humanos, dejándolo más maduro, más realizado, sin pretender evitar el camino de ese dolor, o de esas imperfecciones, que nos construyen como ser humano.

 

María Toca

26-12-2016

Fuentes consultadas, El País y eldiario.es

 

 

 

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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