Música nocturna

Apagué la luz, como todas las noches, después de posar en la mesita de noche el libro que acompaña los últimos minutos de lucidez de un día como otros. No ha sido nada especial, lleno de pequeñas anécdotas que van a quedar envueltas en olvidos. Nada importante perturba ni armoniza la suave despedida que dejo  colgada de los ojos del retrato que siempre ven mis ojos antes de dormir, como antes de salir de casa, como en el trabajo, como en cualquier lugar donde habito. Te saludo con un guiño de suave complacencia porque sé que allá donde estás contemplas mi sueño y de alguna manera, lo velas. Doy al interruptor de la luz, arropo mi cuerpo con la caricia dulce de las sábanas, apoyo la cabeza en la almohada y oigo un susurro detrás de la ventana. Aguzo el oído, casi no identifico el sonido, porque hace tiempo que no lo oía. La tierra polvorienta, las flores marchitas y el verde musgoso me avisaron de ello. Ahora me percato que hace tanto que no llueve que se me hizo sorpresa escuchar, detrás de los cristales, esa monótona armonía de las gotas cayendo. Llueve. Esta noche llueve y me duermo bajo el arrullo de esas lágrimas que el cielo vierte para contentar el hambre de mi tierra.

María Toca

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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