Operación Chamartín, pelotazo o desarrollo.

Soy consciente del fárrago que supone este proyecto y que intentar explicar algo que se ha postergado, por su complejidad e intereses contrapuestos, durante 25 años, es harto difícil máxime cuando ni yo misma lo tengo claro.

La llamada Operación Chamartín, o como Carmena la renombró: Operación Distrito Norte  (ODN), tiene historia rocambolesca que comienza siendo ministro de Fomento Josep Borrell allá por 1993. RENFE, ADIF ahora, convocó concurso público para desarrollar Chamartín. El secretismo fue síntoma de este proyecto desde el principio.

Sería largo y confuso explicar los avatares por los que ha pasado el proyecto que jamás fue desconvocado pero sí reformado. Se renegoció cinco veces pero  no volvió a salir a concurso para nuevos adquiridores que desde el principio fueron Argentaria y más tarde BBVA.

Se da la circunstancia de que al principio RENFE, prohibía revender el suelo a terceros y terminar las obras en 15 años. Hoy esa cláusula se ha rescindido de forma que al día siguiente de su aprobación BBVA ha puesto en venta parte de los terrenos.

En 2001 ya se preveían graves incumplimientos por parte del banco, incluso se quiso romper el contrato sacando uno nuevo a concurso, cosa que no se consiguió.

 

El proyecto  prevé la construcción de 10.500 viviendas, 4000 de ellas serán públicas (que no sociales, matiz importante en una ciudad donde la vivienda tiene costos estratosféricos). En un principio se cedían 2,65 millones de metros, que Carmena descendió a poco más de un millón.

El arquitecto y urbanista Eduardo Manglada se descolgaba ayer en una entrevista en el Confidencial con críticas muy duras al  respecto. https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-07-21/mangada-operacion-chamartin-madrid-carmena_2132331/?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=BotoneraWeb&fbclid=IwAR2HdAh7j2XAGeuOzyFuvGxQXOFw7VKfeVmT-ZUXBp–0IPnRfQp5jzreAI

Y es que en este proyecto se enfrentan dos formas de entender la sociedad. Las que propugnamos una ciudad asequible, vivible, caminable, rodeada de entornos naturales realizados a la medida del ser humano. Y las/los que propugnan la ciudad como centro de negocios, de vida individualizada y bunkerizada, exclusivista y gregaria. Dos formas y dos sociedades. Ambas tienen defensores a ultranza y detractores. Los que propugnan el crecimiento como base social y económica que trae abundancia (habría que preguntar a quiénes y en qué medida) y las que pensamos que vivir en comunidad con en el medio es la única forma sana de crear sociedades más justas e igualitarias.

Las macro ciudades engalanadas de cemento y exclusión han sido el sueño de los autarcas del siglo XX, “haremos propietarios para que mueran los proletarios” decían los magníficos ideólogos del Opus que sustituyeron en la década de los cincuenta a los ministros falangistas de Franco. Y se pusieron a ello. Construyeron barrios sin infraestructuras, con materiales de desecho para los trabajadores que se empeñaron de por vida en largas e inhóspitas hipotecas que les ataban al trabajo  y garantizaban la sumisión por la premura de las deudas contraídas. A ello se sumó el seiscientos, la televisión y con suerte unas pequeñas vacaciones en Salou o en Benidorm. Y la bestia tiró del carro del desarrollismo con el excedente de la emigración produciendo el “milagro” económico de los años sesenta. La dictadura dejó de parecer fascista para ser “moderna”. A la vez se crearon zonas de elite para los beneficiarios del privilegio del crecimiento. Y de los aprovechados de la sociedad de los milagros. Tenemos serie en  HBO sobre la vida de Gil que puede informarnos de los sindioses de la época.

Esa ideología se ha pulido y mejorado. Hoy las ciudades componen un mosaico de diferencias donde en un trayecto de veinte minutos de metro, puede usted pasar de la zona de Tirso o la Latina a la milla de oro, donde hasta el asfalto reluce con las once monedas de Judas o a la Castellana donde se cruzan los mil negocios que se cimentan en cloacas que solo las ratas de Villarejo soportan. Precisamente, el comprador, el ejecutor del Plan Chamartín, BBVA, será juzgado por ese tema: Villarejo y sus manejos. Se hizo público nada más celebrarse el pleno en que TODOS los grupos de forma unánime votaron a favor de la cesión (todos) con Vox incluido. Imagino que los estómagos de Más Madrid se habrán revenido un poco con la decisión. O no, porque una ya no sabe ni quien ni como se piensa a estas alturas del regocijo político que calzamos.

 

Suelo público que se cede en condiciones favorables a la empresa privada en lo que se intuye el mayor pelotazo de la década. Y huele mal. Y duele que haya sido la corporación de Carmena quien, después de 25 años, diera luz verde al proyecto, con lo fácil que hubiera sido conseguir la anulación para revisar y conformar otro proyecto, este sí, más de acuerdo con la supuesta ideología de la Corporación saliente. Que a una le quedan muchas dudas si la pérdida de votos de Más Madrid, además del errejonazo, se deba muy mucho a la venta de principios que supone el plan Chamartín, porque si la izquierda legisla como derecha, el votante se aleja. Claro y diáfano desde los tiempos de OTAN NO…o del arreglo alevoso del 135 de Zapatero.

No es de extrañar que Sánchez Mato se haya descargado la mala hostia en un twit demoledor ayer mismo: “La Operación Chamartín se aprueba por unanimidad. PP, Ciudadanos, Vox, Más Madrid y PSOE hacen posible un colosal negocio privado con el suelo público. Gran victoria la que han conseguido hoy BBVA y las grandes empresas constructoras del país. Una vez más, la banca (nos) gana” Y ya mismo se descuelga una asociación de ecologista en una recogida de fondos para impugnar la concesión.

Todo esto después del escándalo de la no imputación de Ana Botella por la venta supuestamente fraudulenta de viviendas a fondos buitre. Lo que nos hace suscribir y mucho las frases de Sánchez Mato. La banca y las cloacas (nos) ganan siempre. Lo peor es que con la complicidad absoluta de los antiguos rebeldes.

Las que creemos que el desarrollo de la ciudad puede hacerse de forma racional, para ser vivida y disfrutada, nos deja sin aire pensar en un nuevo núcleo social que hará colapsar más y más la ecología y las formas de vida saludable. No puedo dejar de pensar en las palabras de Yayo Herrero, cuando nos explicaba la inutilidad de una ciudad como Madrid que no produce nada útil para la vida. Recibe alimentos e infraestructuras de fuera. Todo. Pues tienen ustedes un nuevo núcleo de población en el Norte, el rico Norte de Madrid, el que sigue a Castellana hasta Chamartín para seguir la senda del colapsismo humano y existencial.

Sin querer ser catastrofista, pero mucho nos tememos que este nuevo proyecto, prima el enriquecimiento raudo, la burbuja inmobiliaria, las ciudades de negocios que no producen y que generan economías sumergidas y trasnochadas. Frente al urbanismo racional que propugnan los países con índices de justicia social más racional y un concepto de urbanismo ecológico mayor que el nuestro, con la mentalidad de crear ciudad en torno a la naturaleza. Este plan, genera ciudad en torno al dinero, al negocio y a la especulación.

Dos formas de ver la sociedad. Lo que se debería evaluar es lo que resistirá el planeta con la senda elegida. Poco o nada.

 

María Toca

 

Sobre Maria Toca 712 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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