Pobre viejo rico (o un amor que no fue)

De todas las historias que vivió desde su regreso al mundo de las citas ésta fue la más increíble: Sus encantos atrajeron a un vejestorio dos o tres años menor que su propio papá. Eso sí que no lo vio venir, ni por un segundo le pasó por la mente que el viejo millonario (y encima guapo) del que hablan todas las bromas fuera a aparecer en su vida, aparentemente rendido de amor a sus pies y justo en un momento en el que estaba absolutamente exhausta, harta, desilusionada y sintiéndose muy sola. A ratos creía que estaba alucinando… pellízcate,  pellízcate que es verdad.  Cuando contó la historia a su gente poco les faltó para envolverla con un lazo rojo y dejarla de regalo en la puerta de la casa del galán añoso, todo el mundo estaba feliz. Todas las personas de su entorno, de distintos niveles, desde la empleada de su casa hasta su jefa,  dijeron más o menos lo mismo: ‘Te va a cuidaaar,te va a engreiiir, ay que bendiciooón’. La mayoría decretó que el enamorado otoñal era un regalito del cielo.

Sin terminar de creer la situación en la que estaba, ella iba sopesando las ventajas de una posible relación con un señor tantos años mayor que ella. Primero las obvias y tontas: Justo ahora que la caída de mis chichis y la aparición de arrugas es inminente… siempre seré linda y joven  para él. Y claro, también las importantes: una relación con un hombre con una vida veintitrés años más larga que la suya cuántas historias podrá contarme, tiene que ser un poco sabio y ya debe saber cuán valioso es un amor bonito, podría ser lindo compartir una vida con él. El hecho de que tuviera un montón de plata no la impresionaba mucho, al contrario, le daba miedo terminar secuestrada. Con la tremenda inseguridad ciudadana pasearse en un Mercedes Benz piticlín* en la Lima de los ‘Tony Montana’ y el casi anónimo  pero siempre efectivo ‘Negro Mazamorra’ parecía una provocación innecesaria…en fin. Como será de zanahoria* la pobre que lo único que realmente la frenaba era pensar que como él era muy viejo se podía morir en cualquier momento, le daba verdadero pavor empezar a quererlo y que se le muriera. Así andaba ella, pensando y pensando cuando el romance comenzó de sopetón.

 

De sopetón. El caballero le cayó y lo hizo literalmente, no como en otras épocas en que los chicos ‘caían*’ a las chicas: ‘¿Quieres ser mi enamorada?’ No señor. El hombre le cayó encima, una tarde en que la fue a  visitar como otras veces, de pronto le agarró la chichi derecha y la tumbó. La muy sonsa que hasta ese momento creía que la eventual decisión sería suya, terminó aplastada por cien o más kilos de elegantísima humanidad,  con una mano en la tetamenta y un chape* loco. ‘¡Aaay saca la mano carajo!’ ‘¿Estás loco?’  Rico Mac Pato Vintage sólo decía: ‘¡Sácate las botas, sácate las botas!’  En ese instante ella estuvo segura de haber entrado a la dimensión desconocida y a toda velocidad pensaba ¡Qué hago, qué hago! ¿Grito? ¿Y qué grito? ¿Violaciooón? Aaay, mejor no grito, me defiendo sola. ‘Saaaca la mano caraaajo qué te pasa oooye respeeeta’. ‘Quíiitate las boootas, quíiitate las boootas.’   Y claro, dada la situación a ella le comenzó un ataque de risa que no paraba y entre carcajadas lo amenazó con llamar a la policía, a Serenazgo*, a Superman, a Batman y Robin, ya no sabía cómo amenazarlo mientras pensaba Jesús María sólo a mí me pasan estas cosas hasta que al fin ese amasijo-de-hormonas-añejo pareció entender, se detuvo y ella pudo salir de debajo de él. Agotada por el esfuerzo, confundida, fu-rio-sa pero mueeerta de risa, se dijo a sí misma: Mí misma, vas a vivir esta historia porque  por lo menos, entretenida es.  

 

Y así empezó el romance, entre tumbo y tumbo como quien dice. Lo primero que ella aprendió a su lado fue que los hombres cuando empiezan a ser viejos son igualitos a como son de adolescentes: purita hormona revuelta. ‘Saca la mano carajo’ se volvió casi casi un mantra hasta que por ternura y curiosidad cedió… no encontró gran novedad en ese aspecto. Pudo llegar a ser un amor lindo, en la lista de conquistas del señor ella debe haber sido la única con auténtico interés no en su plata sino en su alma, posiblemente la primera que de verdad quiso entrar en ella para sentir cada una de sus experiencias y conocerlo bien. Le fascinaron sus manos grandotas, gorditas, con el dorso lleno de pecas y vellos y los dedos llenos de callos. Con sus dos manos, que parecían chiquititas en comparación, acariciaba una de las manos de él, las tocaba intentando imaginar qué habrían tocado, cómo ganaron tantas marcas y durezas, cuándo fue que aparecieron, qué edad tendría ella cuando lo hicieron. Eran las manos masculinas más interesantes que ella había tocado hasta entonces. También le gustaba que él fuera un hombre tan grande y tan fuerte que al abrazarla la envolviera completa. Ese corpachón le recordaba al de un elefante enorme, recio y torpe.  Lo observaba con tanta curiosidad que se sorprendía al darse cuenta de que muy pocas veces había sentido tantísima ternura por alguien, en ocasiones ésta la dominaba de tal manera que se le iba encima a puro beso y apachurrón*. Debió llegar a ser un amor lindo y feliz pero no lo fue, posiblemente porque él no era un elefante sino un puercoespín.

 

Quién sabe si por exceso de años o de daños el alma del señor no tenía puerta, ella la buscó por todos lados pero nunca la encontró. Él coleccionaba Mercedes Benz y adoraba su colección, a ella esa adoración le parecía un desperdicio de amor y lo único que lograba distinguir en un auto era el color, perdió su propio carro muchas veces en los estacionamientos repletos. ¿La brecha generacional les jugó en contra? Él llegaba a la casa y se sentaba en la mesa del comedor. ¿Ah? ‘Ubícate cocherita* que las mujeres de mi generación no servimos a los hombres’. Él se ofendía hasta el tuétano y así ofendidísimo pasó piola sin lavar ni un plato. Una vez la invitó a viajar ‘Vámonos a Miami ratoncito’.  A ella le dolió sentirse la protagonista de un cliché pero mucho más darse cuenta de lo poco que él la conocía ‘Miami es una Lima grande,  mucha bulla, paso, gracias’. ‘Si quieres impresionarme llévame al norte a ver a las ballenas enamorarse’. A lo mejor una mujer tan interesada en sus manos y tan afanada en encontrar su alma era un bicho raro y atemorizante para él ¿de cuándo a acá mi alma es más interesante que mi plata? ¿Fueron sus diferencias ideológicas las culpables de que ese amor no llegara a serlo? Pero si a ella no le interesaban las discusiones políticas…en todo caso su primera gran bronca fue cuando él empezó a explicarle sus convicciones, nazi había sido. ‘Ratoncito, éste país está jodido y la única forma de salvarlo es matar a todos los mierdas que están sobrando: los indios, los negros, los comunistas, los judíos y los maricones, ¡ah! y los apristas también porque son unos rojetes disfrazados y que viva Trump carajo’.  Ella lo miró nomás, como quien oye llover. Pero él, burro, burro, buuurrooo, insistió e insistió en saber su opinión. Y ese fue seguramente el inicio del fin: ‘Yo creo que si hay que matar a alguien habría que empezar por los cojudos así es que sonaste*’. Al pobre se le cayó la mandíbula.

 

Muchas veces la ternura y curiosidad que él le inspiraba vencieron a sus ganas de taparse las orejas o cerrarle la boca, pero no todas las veces. En todo caso, nunca pasó lo que la gente pronosticó: él nunca la engrió ni la protegió. La verdad es que ella jamás estuvo a salvo a su lado aunque él sí lo estuvo, quizás por última vez, al lado de ella. Tampoco  pasó lo que ella temió al comienzo: él no se murió y ella no quedó llorando su ausencia, aunque al final le dio permiso para morirse.  Lo que sí estuvo a punto de pasar fue que  terminaran los dos en  las páginas rojas de los diarios chichas: Germa Orate Taclea Meches Piticlín de Viejo Billetón*.

 

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Arequipa, 2017

 

*piticlín: peruanismo para “nuevecito, flamante”.

*zanahoria: en Perú se usa para designar a una persona desinteresada, inocentona, de mente sana.

*chape: peruanismo para “beso francés”.

*apachurrón: peruanismo para abrazo muy apretado.

*chocherita: peruanismo…significa algo así como “estimado, querido”.

*sonaste: te arruinaste.

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Sobre Ursula Álvarez 28 Artículos
Arequipeña de origen cántabro (sobrina de Consuelo Bergés y sobrina nieta de Matilde de la Torre) Profesora de inglés en la Universidad del Pacífico de Lima Publica en Mujeres Mundi y en diversas revistas peruanas. Corazón partido entre el origen cántabro y su Arequita natal

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