Transfobia y feminismo. O como trufar de fascismo un movimiento ejemplar

«Hablo de las mujeres desde el sentido más amplio de la palabra. Y eso incluye a las mujeres transexuales».

 «Hay que dejar muy claro que la categoría ‘mujer’ no es unitaria».

Angela Davis

 

Es curioso que cuando el movimiento feminista alcanza las más altas cotas de participación social, conciliando tanto a nivel de calle como en la política activa una alta visibilidad, justo en ese momento, se producen varias quiebras en el desarrollo del propio movimiento. La primera disidencia importante se ha producido entre las corrientes abolicionistas y las reguladoras de la prostitución que han concitado división y discusiones feroces. Cuando los ánimos parecían calmarse inclinando la balanza mayoritariamente hacia el lado abolicionista, surge una nueva disidencia, a mi entender, más peligrosa aún que la anterior porque tiñe de un tono cenagoso un movimiento  modélico y hermanado. Se trata de la división a raíz del problema surgido con las mujeres trans y el conflicto que se genera sobre  el concepto  de género y/o la ratificación de los mismos.

 

No entraré a debatir más que someramente la teoría de la desaparición de los géneros que parece imperante en el movimiento feminista más radical, y no lo hago porque, a mi entender, es algo ligeramente banal . Si el género tal como lo entendemos tiende a desaparecer, lo hará con o sin la fuerza del empuje feminista, será por la propia dinámica del movimiento y como consecuencia necesaria del mismo más que por el empecinamiento . Este concepto puede ser discutible, quizá incida en mi opinión las causas que aún tenemos pendientes las feministas, estas sí con mayor urgencia, tal como apuntaba hace poco, Rosa Cobo Bedia: siguen muriendo mujeres, sigue el maltrato, la violación.  Me parece un tanto gratuito perdernos en vericuetos semántico/filosóficos mientras hermanas mueren y la sociedad patriarcal sigue dejando víctimas .

Quizá debamos partir del principio: la definición de que es ser mujer. Ahí encontramos el principal motivo de discordia hasta es posible que  el origen de  la guerra posterior.

Antes era sencillo definir el concepto: mujer es quien biológicamente nace mujer. Y punto. Bien, la cosa se complica cuando la definición se ramifica. Mujer es quien concibe y es capaz de dar vida. Mujer es quien siente atracción por el otro sexo. Ambos conceptos han quedado obsoletos porque nadie define ni defiende esas premisas que excluirían a mujeres lesbianas y a mujeres que no quieren o no pueden tener hijos. Si mi útero o mis hormonas me definen ¿qué hacemos con las que tenemos realizada una histerectomía o sufren desajustes hormonales? Aceptamos de buen grado que las exclusiones no son reales. Al surgir la conciencia (observese que utilizo el término aséptico de conciencia) de la existencia de personas que nacen con determinados genitales que no responden a las pulsiones del sujeto previsto, surge la problemática y comienza la danza de definiciones y empecinamientos.

Dejamos fuera los conceptos morales del integrismo recalcitrante, ese que nos dice: mujer/vulva, hombre/pene y condena al Averno a quien no profese el axioma. Lo  excluimos  no sin antes comparar discursos con algunas compañeras defensoras a ultranza de la biología… y constatar con asombro las coincidencias. Nos adentramos en los viejos conceptos de género tan denostados por las nuevas olas feministas. ¿Mujer con atributos sexuales de varón? ¿Hombre con atributos corporales de mujer? ¿Niños/as que son operadas en la infancia con el permiso paterno/materno y la aquiescencia de la medicina? Y comienza la disputa. Y el sinsentido. Cito aquí lo leído en un texto de la feminista Miranda Yardley: “El pene es el órgano sexual masculino y las vaginas son el femenino. Así es como funciona la reproducción humana.”  En base a eso no movamos ficha. Ni  Hazte Oír lo define mejor, oiga.

Aporto un artículo esclarecedor donde opinan mujeres transhttps://www.eldiario.es/sociedad/Hablan-Asumir-diversidad-feminismo-destruirlo_0_829067499.html

Aún concediendo las dudas que pueden surgir sobre la certeza científica de tales problemas  (comprobamos que hay dudas sobre la eficacia de vacunas, de antibióticos, de quimioterapias, incluso terraplanistas eufóricos, por una parte de la población…)  podemos a llegar a entender que se desconfíe de la ciencia que acepta sin menoscabo la certeza de la existencia de personas transexuales, incluso del buen sentido de  familiares, que ya es mucho comprender. Intentamos hacer  entender a algunas exaltadas compañeras que si la ciencia y la familia coinciden tienen muchas posibilidades de ser cierta la divergencia entre cuerpo y mente. Entre el niño nacido con genitales masculinos pero con conciencia femenina o al revés. Se nos discute de forma encarnizada, esa premisa…pero podemos tolerar la desconfianza.

 

Ocurre que cuando una parte (pequeña, afortunadamente, pero suficiente para producir desaliento)  cuestiona la lucha del transgénero en base a la utilización de lugares comunes es cuando nuestra paciencia se desarbola, incluso se incluye en la programática de un partido feminista que opta al Parlamento Europeo.

He pasado tiempo intentando que me definan que lugares comunes molesta que sean usadas por las mujeres trans. Sin mucho resultado.  Vuelvo a citar a la compañera Miranda Yandley de nuevo que afirma sin despeinarse que : “Reconocer que las vidas trans son diferentes a las vidas de las mujeres y que las mujeres tienen derecho a sus propios espacios, que siempre deberían ser respetados. No es aceptable atacar en nombre del transactivismo instituciones de mujeres que existen para apoyar a mujeres vulnerables”

Después de insistir en que se me argumente,  obtengo la respuesta de lo “terrible” que sería para una violada compartir baño femenino con mujeres trans con pene. De lo ridículo del  alegato no me hago responsable, juro que ese es todo el material obtenido de mis ruegos. Segregación de baños. Voces tímidas  apuntan también a segregación de gimnasios…ante mi respuesta de ¿por qué no pedir segregación de bares, colegios, iglesias, parques, transportes, trabajos…? puesto que en cualquier sitio se puede producir una violación y la víctima se vea afectada por el supuesto pene de la mujer trans no operada, se me responde con silencio o con insultos.

 

He pasado tiempo rogando que me pasaran datos sobre las agresiones producidas por las mujeres o supuestas mujeres trans con pene a mujeres cis (¡oh! he utilizado el anatema cis)  Y vuelvo a citar a Miranda Yandley  : “Y lo más importante: quienes son transgénero tendrían que aprender a aceptarse sin vergüenza tal como son y entender que la gente a la que más le deben, y de la que más pueden aprender, son las mujeres”.Se queda feliz, imagino ante el exabrupto de prepotencia rayana en el descaro y en la imposición.

Ante mis requerimientos de comprobación ,se me responde que no se conocen los  datos…quizá por la sencilla razón de que no existen, de que son falaces como tantas de las fake news utilizada por la ultraderecha. Ya saben: los inmigrantes nos quitan trabajo, los moros violan y fecundan vírgenes blancas y las feroces trans, que usan la falacia de su cambio de sexo con el único motivo de violarnos mientas hacemos pis (olvidándonos, ¡oh! de echar pestillo, o mientras nos peinamos o lavamos las manos…pintarse los labios, jamás, eso no lo hacen las buenas feministas que aborrecen cualquier condicionante de los tópicos de género) Y eso es todo.

Por tanto, en base a la defensa de la mujer –se me ha dicho que también por respeto a la mujer musulmana que se sentiría incómoda en un baño compartido con mujeres transGuerra sin cuartel al mundo de la mujer trans para que no pueda utilizar el espacio común del baño de señoras. Tal que amigas del trumpismo más visceral, se pide que la mujer trans no invada espacios femeninos. Y punto. Sin datos, sin informes, sin pruebas. Se desprecia al colectivo o se le expulsa del movimiento feministas desde el momento que ha nacido con un apéndice que puede violar. Cuando se les rebate que cualquier persona con atracción hacia mujeres puede violar también ( bajo esa premisa  podemos pedir  la exclusión de mujeres lesbianas del sitio común) se nos responde con exabruptos. Una se pregunta si en la mente de esas queridas compañeras no habrá una ensoñación de penes violadores que campan por el mundo en plan guerra total. Se intenta explicar que no violan los penes, violan los hombres violadores. Da igual. Para las amigas del pis solitario  no hay duda. Exclusión de lugares comunes, es la norma.

 

Sería solo motivo de risa si no subyaciera bajo estas conjeturas conspiranoicas, un fétido aroma de fascismo. Porque fascismo es quien pretende discriminar, proscribir, expulsar del medio común social. Fascismo es el negacionismo de la realidad científica y social que nos confirma cada día la existencia de diversidad. Me da igual que se considere aberrante que se amen dos hombres y/o dos mujeres a que se considere mentira que en un cuerpo masculino puede existir la conciencia femenina y al revés. Fascismo es quien se considera con derecho a limitar el espacio común, sean baños…o un sitio en el autobús. Porque si falaz es el discurso racista y supremacista no lo es menos el transfobo. Por ese motivo nos parece, a las feministas, tan peligroso el discurso de quien se erige con autoridad para decidir quien sí y quien no es mujer.

Se nos discute hasta la saciedad que parte todo de la controversia que supone el ideal feminista de desaparición del género, se nos argumenta  que la transexualidad no es más que una autoginefilia* (juro que se me ha dicho en repetidas ocasiones…por más que me avergüence  reconocer que se dicen a si mismas feministas con cierto nivel las que lo argumentan) Se niega la realidad palpable de miles de mujeres y hombres trans que existen a nuestro alrededor y el drama que les ha supuesto no verse reconocida su particularidad. Se argumenta que es la ¡familia o los amigos! quienes “convencen” a los/as jóvenes trans para comenzar procesos de hormonización, incluso a optar por el cambio de sexo a nivel quirúrgico.

Entiendan que a algunas, entre las que me cuento, nos espante la perspectiva de consentir que un movimiento al que veneramos y que consideramos una de las partes más importantes de la lucha de la humanidad por un mundo más justo, acoja dentro de su seno a tanto disparate acientífico y asocial.

Nos espanta y nos parece peligroso, cual caballo de Troya, que entra de forma sigilosamente entre nuestro movimiento, justo en el momento en que somos más visibles y tenemos voz. Una no puede dejar de pensar la facilidad en que se disfraza el patriarcado para dinamitar desde dentro, convirtiendo en befa y escarnio al feminismo que es por definición y por historia, integrador, liberador, igualitario y antifascista. Con todas las consecuencias.

Por último decirles que todas estas disputas encarnizadas no son más que la propia dinámica de un movimiento vivo que se convulsiona y que avanza a golpes de critica constructiva.

María Toca

 

*Autoginefilia: parafilia del deseo masculino de parecerse a la mujer o usar ropas femeninas.

Sobre Maria Toca 653 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

2 Comentarios

    • Claro que me acuerdo, aunque no soy experta…Incluso le diré que pocas personas podrían definir claramente qué es lo que ocurre, pero ocurre. Aunque no lo entendamos señor Molina de Tirso, es una realidad. ¿Qué ocurre en el caso de la homsexualidad masculina o femenina? Podemos negarlo…claro que sí, pero es real. Hay muchas cosas en nuestro mundo que no hemos llegado aún a entender pero existen ¿Entiende usted la comunicación telefónica, internet y tantos avances? Yo no, pero los usamos todas y existen. Negar la existencia de la transexualidad o de la homosexualidad es aberrante ante una realidad de millones de personas. Un saludo y gracias por su colaboración y lectura.

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