¡Viva la Pepa!

Las primeras elecciones municipales, después de cuarenta años de dictadura, suscitaron expectativas muy diversas, según los temores, anhelos, miedos y esperanzas de cada español. La sola idea de que pudiera presentarse el Partido Comunista de España albergaba, en algunos, el recelo de que se repitiera el enfrentamiento de clases que llevó a la Guerra Civil de 1936-1939. Algunos campesinos temían que les quitasen las vacas, sin reflexionar, quien o quienes se las habían venido “ordeñando” durante años.

En la turística y pescadora Villa de Laredo de la Región Autónoma de Cantabria, el Partido Comunista de España, venía trabajando años, desde la clandestinidad, por su legalización, con tanta ansia que anticiparon su presentación,  sin estar legalizados,  en un acto público en las Antiguas Escuelas del Dr. Velasco. Un vetusto y bello edificio de piedra, hoy convertido en Casa de la Cultura, a escasos metros del Ayuntamiento. La expectación creada era enorme, pues muchos laredanos ansiaban conocer los rostros de las personas que tan secretamente habían llevado el timón de la defensa de los derechos de los más débiles de la sociedad.

En el acto hubo algunos murmullos, e incluso voces de reprobación de los que deseaban boicotear la presentación, que fueron acallados por la mayoría presente, antes de que apareciera la policía municipal para avisar de la ilegalidad del acto, que no contaba con el correspondiente permiso municipal, para ocupar una dependencia dependiente del Ayuntamiento. El acto se abrevió y terminó con el canto de la Internacional entonado a media voz, temblorosa por la emoción y por el recelo a que apareciera la Guardia Civil, menos paciente que la policía local.

En Laredo, las elecciones municipales del 3 de abril de 1978 consagraron el triunfo de la derecha tradicional, bajo las siglas de C.D. (Coalición Democrática). Los comunistas lograron 1003 votos que no cubrían sus expectativas, pero que suponían casi el 10% de la población, no ya de los votantes, lo que les legitimaba para una representación de tres concejales del total de 17 que correspondían al municipio.

El cabeza de lista, Felipe Revuelta, era un conocidísimo comerciante local, dueño de una importante mueblería, al que siempre se le había tenido por hombre de izquierdas y benefactor de las gentes humildes. Físicamente era alto y fuerte, de rostro agradable y sanguíneo.

Federico Marsella, el segundo electo, vivió varios años en Francia, militando en el Partido Comunista de España en el exilio. Jubilado por enfermedad, con la visión muy mermada, había regresado a Laredo, integrándose en el PCE local. Era un hombre muy alto, con un parecido tan extraordinario al dirigente comunista Julián Grimau, que fue fusilado el 20 de abril de 1963 y previamente brutalmente torturado en la Dirección General de Seguridad, que impresionaba verlo resucitado.

El tercer concejal electo, se llamaba Jesús Gutiérrez, natural de Santander y a la sazón residente en Laredo por la proximidad de la Villa a su trabajo en la Factoría de Magefesa en el pueblo de Guriezo, donde trabajaba como Ingeniero Técnico Químico y había dirigido la lucha sindical para conseguir el primer convenio colectivo de esta factoría que contaba con mas de mil operarios. De baja estatura, no superaba el 1,62, tenía aspecto de curita, pero con grandes dotes de hábil negociador y organizador. Posiblemente era el último poeta vivo, encarcelado por el franquismo por la publicación de un libro de poemas que el régimen, estimó, sin demostrarlo, injurioso para las Fuerzas Armadas, condenándole en Consejo de Guerra, ante la duda, a un año y medio de prisión.

Cierto día, el concejal Felipe Revuelta llegó con una sonrisa enigmática a la sede del Partido, sita en un bajo de los primeros números de la Calle Ruayusera, (tiempo después se trasladaría al Bar Libertad, en la Rua Mayor); pero pronto descargó el enigma: las monjitas de clausura del Convento de las Madres Trinitariasas , sito en la Iglesia Convento de San Francisco, deseaban conocer a los concejales electos del Partido Comunista. La pregunta general fue: ¿Y eso a qué viene?

Bueno, supongo,- dijo Felipe– que quieren ver si tenemos cuernos y rabo, como algunos malintencionados les han metido en la cabeza.

Pues yo no veo por qué tenemos que visitar a esas señoras- arguyó uno de los presentes.

Pues muy fácil-contestó Felipe– ellas son de clausura y no deben  salir del Convento salvo en ocasiones muy especiales. A mi me parece que de cara a la Villa este encuentro políticamente nos interesa y no tenemos nada que perder y mucho en imagen  que ganar.

Sí, estás en lo cierto. Debemos aprovechar cualquier circunstancia favorable para explicar la política del Partido- remachó el Secretario General.

El día y a la hora prevista, los tres concejales, correctamente vestidos, se encaminaron hacia el número 22 de la Calle San Francisco. Llamaron al timbre del torno de clausura y pronto una monjita les llevó ante la presencia de la Madre Superiora, previo paso por diversas estancias donde se hallaban algunas novicias bordando y que aprovecharon su paso para cuchichear entre ellas, de lo cual los concejales dedujeron que tenían voto de clausura pero no de silencio. La Superiora resultó ser una mujer muy agradable, que se empeñó en demostrar verbalmente su inclinación por los más débiles y desfavorecidos, haciendo hincapié en que durante la guerra y la posguerra habían ocultado en el desván a personas de ideología de izquierdas para salvar sus vidas. El concejal, Jesús Gutiérrez, le informó que en su Partido militaban muchos católicos, sin que su opción religiosa, fuera impedimento alguno para trabajar en un partido de izquierdas. Y prometió hacerla llegar un librito editado por el PCE, titulado “Cristianos para el Socialismo”, que se mostraba absolutamente respetuoso con las religiones y en particular con la cristiana, no ya como una opción personal de cada individuo, sino como una forma de llevar las enseñanzas evangélicas a la clase obrera. Terminó la visita, mostrándoles algunas obras de arte, cuadros e imágenes, que se hallaban catalogados, por falta de espacio, en los desvanes, que presuntamente habían compartido las personas de izquierdas refugiadas allí.

Al día siguiente el concejal y secretario general del partido, Jesús Gutiérrez, se acercó nuevamente al Convento y a través del torno de clausura deslizó el librito de “Cristianos para el Socialismo” para entregar a la Madre Superiora.

Después de tomar posesión de sus cargos, los nuevos concejales elaboraron diversas propuestas dirigidas al Pleno Municipal, entre ellas la de cambios significativos en los nombres del callejero laredano. La propuesta fue rechazada por el partido gobernante con el débil argumento de que no era el  momento ya que había otra cosas mas importantes y urgentes que hacer, sin que se precisase cuando era el momento mas oportuno, ni cuales eran esas cosas mas urgentes e importantes que fueran incompatibles con actualizar el callejero. Pero los concejales comunistas, no tiraron la toalla y presentaron nuevamente una moción para cambiar el nombre de la plaza del Ayuntamiento, a la sazón del Generalísimo Franco, por Plaza de la Constitución-1978. La respuesta fue, nuevamente, la esperada: “No es el momento oportuno, hay otras cosas mas urgentes e importantes que realizar”. Pero como los concejales comunistas ya se imaginaban la respuesta, además de los argumentos de lógica democrática, emplearon un nuevo argumento tan pueril, como inesperado para la parte gobernante. La excelente relación con el electricista municipal, Sr. Landera, afiliado al sindicato de Comisiones Obreras, les había llevado a ser conocedores de que en los sótanos del Ayuntamiento existía una placa de mármol que daba el nombre a la Plaza, como Plaza de la Constitución-1812, y que en la Guerra Civil fue retirada y depositada en los citados sótanos. Luego solo se trataba de restituir el nombre histórico que ya ostentaba.

Parece que tal argumentación convenció al equipo gobernante  y al propio Alcalde, el comerciante D. José Revilla Camino, conocido en toda la villa como “Pepín”, dueño de la mas importante ferretería y como tal, buen comerciante y con amplias simpatías entre la gente. Total que, bien por criterios economicistas de tener ya la placa de mármol preparada, o porque considerasen menos progresista, por antigua, la Constitución de 1812, conocida vulgarmente como “La Pepa”, por haber sido promulgada por las Cortes Generales de España el día 19 de Marzo de 1812, día de San José, que la recién promulgada en 1978, la moción fue aprobada por unanimidad de  todos los concejales. Desde ese momento Laredo, probablemente se convirtió en la única localidad de España que tiene consagrada su Plaza del Ayuntamiento a la primera Constitución Española, la Constitución de 1812, que vio la luz en Cádiz y fue aceptada a regañadientes por el Rey Fernando VII, hasta que dos años mas tarde él mismo la derogó. ¡Viva La Pepa!

 

FIN

 

 

 

 Jesús Gutierrez de Diego

 

 

 

                                                                                                         

 

 

                                              

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