Del cielo, estrellas parlantes, Mauricio y Pimienta

“Así como la arquitectura corrige las incomodidades de la naturaleza, la literatura corrige las incomodidades de la realidad.”
Alfredo Bryce Echenique

El cielo es grande y hermoso. Tiene que ser grande porque ahí vive Dios, como Dios es inmenso y está en todos lados a la vez, su casa debe ser espaciosa. Y es lindo porque es el cielo, si fuera feo no sería cielo. De día es celeste como lo es en Arequipa y tiene nubes blancas limpiecitas como bolas de algodón gigante con sabor a merengue. Los que habitan el cielo pueden dar un paso en el aire y otro sobre una nube sin caerse. En las noches es más oscuro, pero no es negro ni misterioso porque está llenecito de estrellas. Hay estrellas doradas, plateadas y hasta algunas multicolores, aunque de lejos no nos demos cuenta. Recostados sobre las nubes, que parecen grises a esa hora, los afortunados estiran la mano y pueden tocarlas. No queman, las estrellas, son calientitas y algunas parlantes. Dicen que si te acercas una estrella a la oreja te matas de risa porque algunas cuentan chistes, sobre todo las que son multicolores. La mayoría de las doradas cantan y las plateadas cuentan cuentos lindos, pero también hay algunas mudas.

El cielo es grande también por razones prácticas: suceden muchas cosas ahí y otras no suceden sino sólo existen, esperando a suceder. Las historias de amor, por ejemplo. Hay un área especial donde están todas ellas: las ya vividas y las por vivir. Dios no discrimina y tiene organizada una especie de recicladora en donde los amores que no se lograron esperan su turno para hacerlo mejor la próxima vez. A esos amores Dios los ve llegar llenos de dolor buscando sanación. Es así como los amores que existieron sin lograrse y los que recién nacerán comparten el mismo lugar.

Los seres a la espera de nacer también tienen un espacio sin discriminación y las almas nuevas, nuevecitas, que son medio pánfilas aunque buena gente, están mezcladas con las almas que ya vivieron alguna vez, saben más y quieren volver. No tienen cuerpo, las almas, sólo les asignan uno al momento de enviarlas a la tierra. En el cielo son sólo almitas calatas* y translúcidas. Los envoltorios se hacen en las variadísimas fábricas celestiales y por eso, cuando llegan a la tierra, algunas lo hacen envueltas en cuerpos humanos, bonitos o feos, eso no le importa a Dios. Otras llegan cubiertas de plumas y con alitas, o pelaje y cuatro patitas o patotas. Las de peor suerte llegan en un envoltorio tubular, escamoso y ¡ni una pata! Cuando esas almas ya están en la tierra, sólo de verlas la gente sale corriendo disparada y gritando ¡CULEBRA! ¡CULEBRA! Y Dios se muere de risa.

A lo mejor el lugar más lindo en el cielo es donde van los que regresan de la vida. Casi todos llegan cansados, algunos felices, otros llenos de dolor. Pero todos los nobles encuentran al dueño de casa y su amor. No necesitan explicar nada, Dios entiende y cuando ellos lo encuentran toda su vida tiene sentido. Mi hermano lleva doce años ahí. Lo imagino escuchando estrellas, las multicolores, las más brillantes, cubierto con su luz. Y con su sonrisa mucho, pero mucho más grande de lo que era en la tierra, tan inmensa como Dios. Rodeado de amor y a salvo, desde hace unos años acompañado de mi papá.

Además del área en la que están mis amados, las zonas más divertidas son definitivamente las fábricas de envoltorios, es decir, de cuerpos. Hay una para cada especie y están a cargo de los ángeles. Los angelitos, como las estrellas, tienen sus particularidades, no son iguales entre sí. Los metódicos y chanconcitos* están a cargo de hacer los cuerpos que en la tierra llamamos ‘finos’ o ‘bonitos’. Los hacen bien hechecitos, con colores designados previamente, y cada parte tiene medidas y características exactas. A eso se dedican los angelitos perfeccionistas, de sus fábricas salen los cuerpos de mujeres de 90-60-90 y también los de los animalitos con pedigrí, envoltorios sin tacha.

También hay angelitos hippies…artísticos, algo locos, amigos íntimos de las estrellas multicolores. Ellos son los creativos y están a cargo de la fabricación de los cuerpos ‘sin raza’ de todas las especies. Los más buena gente son los que fabrican cachorritos. ¿Cómo los hacen? Con los retazos que quedan de las otras fábricas de cuerpos. A veces sobra una orejita café, una colita blanca, un ojito azul y otro verde, en fin, ¡de todo! Eso es ‘excedente’ para los ángeles perfeccionistas. Y usando todo el material que anda sobrando en el cielo, los angelitos artistas crean los cuerpos que serán de cachorros chusquitos*. ¡Cómo se divierten! En esa fábrica no hay fórmulas ni medidas, todo es arte e inspiración. Mientras arman los cuerpos de perritos, escuchan música con una estrella en cada oreja, a veces Rock y hasta ballenato… ¡Pueden ser tan creativos! Producen perritos con cabecitas chiquititas y cuerpos grandotes, patitas enanas y panzas gigantes. Un ojito de cada color. En esa fábrica fue hecho el cuerpo de mi Pimienta. Pero algo sucedió mientras lo horneaban.

Un alma nueva, nuevecita y muy pánfila, de las que nunca han vivido en la tierra, estaba levitando entre las nubes, feliz, cuando se encontró con mi hermano que acababa de llegar. Los dos se miraron y el almita, aun siendo muy sonsa, entendió lo que mi hermano le pidió. Se miraron unos segundos, Mauricio siguió su camino y ella se metió a la primera fábrica que encontró: la de los cachorritos chuscos.

Los cuerpecitos estaban en el horno… ¡es un horno genial! El horno es un ángel gordo, gordísimo, lleno de rollitos. Se sienta en posición de loto, rodeado de estrellas para que aumenten su calor y coloca a un cuerpo de cachorrito en cada rollito de su cuerpo y también debajo de sus alitas. Los hornea con el calor de su bondad y el de las estrellas a su alrededor. Así estaba el angelito horneador, sentado horneando cachorros, cuando el almita nueva y pánfila entró corriendo y se zambulló en el primer cuerpecito que vio. Aquello nunca había sucedido. El almita dijo: ¡Apúrate, apúrate que tengo que llegar a la tierra! El ángel entendió, usó su aliento para acelerar el proceso y así ese cuerpo quedó listo. Pimienta, ya con cuerpo, dio las gracias y estaba alistándose para saltar desde el borde de la nube cuando el ángel horneador le dijo: ¡Espera, espera! ¡Falta algo importante! ¡Tengo que ajustar los tornillos de tu cabecita! Pero Pimienta estaba tan apurada que desobedeció, saltó y aterrizó en la tierra, en Lima, Perú. Así fue como Pimienta nació el día en que su tío Mauricio murió. Y esa es también la razón por la que a Pimienta le falta un tornillo.

Bienvenida cada día, Pimienta. Te amo, Mauricio.
Escribí este “cuento” en octubre del dos mil dieciséis, cuando Pimienta cumplió nueve años. De las historias que he escrito, ésta es la que menos tiempo me tomó y probablemente la que más se ha leído. La gente felicitó “mi gran imaginación” y aquello me sorprendió, yo simplemente había transcrito exactamente lo que sentí la primera vez que toqué a Pimienta. Esta es la explicación que mi mente encontró: Pimienta es la prueba del amor de mi hermano por nosotras y la forma que él tiene de recordarnos la imprescindibilidad de la ternura. Esta “preziozidá” (como le dicen en Santander), es una perrita singular que teme a las escobas pero no a las rampas eléctricas, siempre que suba en ellas debajo de mi falda; una perrita que odia el agua pero le gusta comer jabón y a veces vomita burbujas; una perrita que ama el helado y se lo pide a cualquier extraño que tenga un cono en la mano y si no se lo dan, reclama con un ¡grrr! que hace a todo el mundo sonreír.
Ni “mi gran imaginación” logra explicar este año veinte, “problemático y febril”. Qué larguísima agonía de findemundo, cuán despiadada y obscena lucha de egos e intereses, cuánta angurria descarada en los ojos de los pescadores de odios en éste río revuelto que habitamos. Ya perdí la cuenta de las peleas que he visto sin necesidad de prender la tele. Peleas en las calles, peleas en el autobús, peleas en las llamadas redes sociales. “Que este es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue… vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos…”*
Quizás este “cuento” ayude a alguien a sobreponerse a tanto espanto. Más vale un corazón roto que uno inexistente.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 9 de agosto 2020

“…que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad.” Gabriel García Márquez, El cataclismo de Damocles, 1986.

*calatas: peruanismo para desnudas

*chanconcito: peruanismo, chancón, persona muy estudiosa y pegada a la letra

*chusquitos: peruanismo, chusco, animal sin raza.

*Cambalache, tango de Enrique Santos Discépolo: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos, ni escalafón, los inmorales nos han igualao…y herida por un sable sin remache ves llorar la biblia contra un calefón…”

Sobre Ursula Álvarez 38 artículos
Arequipeña de origen cántabro (sobrina de Consuelo Bergés y sobrina nieta de Matilde de la Torre) Profesora de inglés en la Universidad del Pacífico de Lima Publica en Mujeres Mundi y en diversas revistas peruanas. Corazón partido entre el origen cántabro y su Arequita natal

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