Dora Maar

Nació Dora Maar, en Paris el 22 de Noviembre de 1907, su nombre verdadero es Henriette Theodora Markavitch, su padre era un eminente arquitecto croata y su madre violinista de prestigio. El padre fue embajador de Austria- Hungría y en 1910 emigró toda  la familia a Buenos Aires (Pablo Picasso decía que hablaba español con acento porteño) En 1926 regresan a París siendo en esa época  cuando ella adopta el nombre de Dora Maar. Realiza cursos de fotografía a la vez que comienza a pintar, ya que la fotografía era considerada un arte menor.

Conoce a Heri Cartier-Bresson en el taller de  André Lhote entrando de la mano de Jacqueline Lamba en el círculo surrealista que estaba en pleno auge en el París de la época. Entabla lazos de amistad con André Breton, Paul Elouard y Georges Bataille. Emmanuel Souges fue su mentor y quien la introduce en los circulos surrealista. También posó como modelo ocasional para Man Ray.

Se convierte en una fotógrafa que sublima el surrealismo, con fotografías contrastadas, ángulos inusuales, imágenes dramáticas conformando una realidad distorsionada.  Dora Maar, tenía un extraño humor negro que plasmaba en imágenes de esqueletos y formas indefinidas y extrañas. Fotografía a perdedores, excluidos de la sociedad, seres extraños o monstruosos extrayendo una belleza singular de cada imagen. A la vez es activista política, antes de la II Guerra Mundial viajó a Madrid y Barcelona, militando en Appel á lutte.

En 1936, poco antes de la guerra civil española, conoce en el mítico café  Les Deux Magots, a Pablo Picasso, ella tenía 29 años, él 55. Dora arrastraba una tormentosa relación con el filosofo Georges Bataille, también con el actor Louis Chavance, Picasso seguía casado con Olga Khokhlova, madre de su hijo Pablo y compartía casa con Marie- Therese Walter, madre de su otra hija, Maya. La pasión que estalló entre Maar y Picasso fue abrasadora en su primer momento. Se convirtieron en amantes a pesar de todos los condicionantes en contra que tenían. Durante la elaboración del Guernica ella fotografía todo el proceso de creación convirtiendose en la cronista de la gran obra picassiana, a la vez que se convierte en musa inspiradora de grandes obras del pintro. Picasso,  la convence para que abandone la fotografía y se dedique a la pintura.

Durante la relación  comienza un periodo destructivo de Dora Maar. Picasso la tortura psicológicamente  maltratatándola  de forma física también. Hay testigos que apuntan a que la golpeaba sin tregua, humillándola y vejándola sin piedad. El genio en la intimidad se convierte en un monstruo devorador de la psique femenina. Dora perece mentalmente bajo su maltrato.

Pronto, Picasso se cansa de ella  y de la tormentosa relación que mantienen, entrando una nueva amante en su vida, Jaqueline Gilot, que  tenía solo  20 años. Llega a haber una confrontación entre ambas mujeres y Picasso se decanta por Gilot. Maar, le acusa de no saber amar, de no haber amado nunca.

La ruptura humillante la quiebra por completo, tiene episodios psicóticos que asustan a los amigos, recluyéndola en diversos psiquiátricos, donde le efectúan electrochoques y diversas terapias. También hizo psicoanálisis con Lacan.

Acabó refugiándose en la espiritualidad y en un catolicismo exacerbado, recluida en su casa de París, la ciudad que antes había reinado desaparece de la vida pública y no vuelve a trabajar. Aunque su catolicismo era exagerado, su mente siguió perteneciendo a Picasso, en palabras de su biógrafa Ángeles García: “después de Picasso, solo Dios

Murió sola en su casa de Paris el 16 de Julio de 1997.

 

Dora Maar, fue absorbida por el genio de Picasso, además de destrozarla psíquicamente consiguió que su figura aparezca difuminada ante la grandeza del pintor y que sea conocida solo como musa y amante, obviando que  Maar tuvo un genio que fundamentó los cimientos del surrealismo, con una obra ingente que demuestra un talento arrollador.

Era propietaria de más de 100 cuadros de Picasso,  en su casa jamás se desprendió de nada que le perteneciera, como si de un culto sagrado fuera la memoria de los años pasados junto al terrible genio que devastó su vida. Vendió obras del pintor para sobrevivir pero siempre con el permiso de Picasso para hacerlo.

Las pinturas de Picasso que poseía Dora Maar, doblaban su precio real, según sus propias palabras: “Porque son mías. En los muros de una galería valdrían apenas medio millón. En las paredes de la amante de Picasso cuestan más: el precio de la historia.”

María Toca

 

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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