La Costa del Sol.

Conozco bien la Costa del Sol. Una cosa que siempre me llamó mucho la atención es que quedaban vestigios de movimientos vecinales muy potentes, como centros cívicos setenteros y ochenteros propiedad de comunidades de vecinos, decorados con iconografía andalucista y retratos del Che. El G. I. L. arrasó con todo aquello. El G. I. L. sí que fue una reacción fascista de manual. Y las efigies de Blas Infante en las obras civiles dieron paso a la simbología masónica, que trajeron consigo los ‘expats‘ británicos, y al ‘kitsch‘ carpetovetónico de la lumpenburguesía local, como ese arcángel con el careto de Rafael Gómez «Sandokan» que preside una rotonda de Fuengirola.

Podría pasarme horas y horas hablando de aquel inframundo andaluz. Podría sacar las cientos de notas que tomé en mi día a día en Mijas y escribir una guía para el viajero a la antesala del infierno. Ojalá tuviera el talento necesario para escribir una novela detectivesca ambientada en la Costa del Sol a lo ‘hard-boiled fiction’, a lo Dashiell Hammett. El grandísimo J. G. Ballard lo hizo con «Noches de cocaína», publicada en 1996. Cierto es que era otra época, el principio de todo, y han pasado muchas cosas desde entonces. El escritor británico no hizo «más» que detectar el tumor y certificar la metástasis; pero después de Ballard ¿Quién puede atreverse a perpetrar una historieta sobre la Costa del Sol?

Vivir en la Costa del Sol no es vivir en Silicon Valley, Tokio o Hong Kong, pero sí es vivir en la punta de lanza del modelo productivo mediterráneo: especulación inmobiliaria, turismo y hostelería, uberización, prostitución y narcotráfico; con sus consecuentes estructuras política y cultural para sostenerlo: corrupción en las instituciones políticas, precariedad laboral, atomización del individuo, culto al lujo y adoración a los ricos, desestructuración familiar y escasez de experiencias comunitarias, turboconsumismo, culto a la imagen, sexismo disfrazado de liberación sexual, un cosmopolitismo impostado mientras impera el racismo y la xenofobia, con violencia policial incluida, contra el extranjero si viene en patera en lugar de en yate. La misma carretera que comunica Fuengirola con Marbella, una de las más peligrosas del país, es el mejor paradigma de su modelo urbanístico: una autovía estrecha y sinuosa que bordea el Mediterráneo y que corre flanqueada por anuncios de venta de bienes inmuebles y letreros del puticlub más grande de EspañaPorque te lo mereces» es su eslogan). La calzada no ha podido restar espacio a los terrenos que serían destinados a complejos hoteleros, urbanizaciones de lujo y centros comerciales. Las incorporaciones a la autovía incluso carecen de carril de aceleración, para, de este modo, no perder ni un centímetro de tierra urbanizable. Los límites de la construcción de una vía pública los impusieron intereses mercantiles, los mismos que han devorado la arena de la playa. Pasear por la orilla del mar en el atardecer, lejos de ser una experiencia placentera, puede ser una pesadilla si has tomado consciencia de la putrefacción del género humano que te rodea.

Ver menos.
Alberto Lavín Compae
Sobre Alberto Lavin 6 artículos
Alberto Lavín Compae vive en Andalucía, donde trabaja como profesor de Enseñanza Secundaria y es militante político y sindical por un mundo justo.

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