Ellas las que saben, reparten carnets

En varias ocasiones me ha surgido la misma duda ¿por qué tanto políticas como activistas viven tan alejadas del suelo? Nubladas en una burbuja silente, rodeadas de fieles y residentes en las mismas burbujas realizan sus contubernios filosofales mientras el común de los/as mortales caminamos por sendas pedregosas tan alejadas de las cumbres filosóficas/teorizantes que da susto comprobar la distancia.

Viene a cuento la entradilla a la distancia sideral que nos separa de quien debiera encabezar e interpretar el malestar de la calle. Hace poco, una señora de edad, jubilada y trillada por la vida, abonaba un servicio de estética mitad en metálico, mitad con tarjeta, explicaba la mujer con palabras teñidas de humillación que su marido vigilaba las cuentas, para no tener que dar tantas explicaciones prefería partir el costo…Poco después la que suscribe realizando sus compras, en la caja del supermercado ve a una mujer llenar varias bolsas mientras el caballero que la acompaña la mira con indiferencia…sin mover  un músculo. Una chica, a su lado, le afea la inacción, ante lo que el caballero alega que él está acostumbrado a que se lo den todo hecho. En pleno 2020,  con todo lo andado comprobamos que queda tanto trecho que sobrecoje.

Cada día se asoman a nuestra prensa crímenes machistas, violaciones y delitos sistémicos de un patriarcado asesino que nos ahoga. Y mientras tanto ¿a qué dedican el tiempo nuestras teóricas, blanquitas, etnocéntricas? Hemos perdido el oremus, queridas mías, tan dedicadas a filosofías teóricas sobre la deconstrucción del genero, el ataque de las trans,  al uso del velo (pero solo en musulmanas, las monjitas católicas son muy libres de vestir como cuervitos) a la pervivencia de la mujer como ser y ente prioritario y las peleas variopintas que pueblan nuestras redes.

Y una se pregunta si este mensaje teorizante y elitista llega a la anciana que calla y chalanea del dinero del pan para poder hacerse una limpieza de cutis o comprar una crema (oh, mal, mal, porque ambas cosas son construcciones patriarcales que ensucian la conciencia feminista, como la barra de labios o el rimmel, salvo el que usa Lidia Falcón que ese está realizado con esencias feministas puras) o a la joven que tiene que bajar el dobladillo de la falda por imposición masculina, o a la madre sobrecargada por el trabajo, la compra, los niños y la casa. Sin ayuda y lo que es peor, sin altavoz que haga visible su problemática. Ocurre que mientras, nosotras, blancas, cristianas, hablamos en favor o en contra del velo a ellas, las mujeres racializadas las matan o las golpean por llevarlo o por no llevarlo. Da igual, porque lo importante es “nuestra” opinión. Por ahí andaba Lucía Etxebarría, convertida en adalid del feminismo de Cuarta Ola, ¡ella, Lucía Etxebarría ! dando lecciones de como deben ser las feministas musulmanas. Porque ella sabe  todo que para eso es blanca, europea y cristiana. Lo de petarda lo obviamos porque es evidente…

Porque nuestras teóricas andan desentrañando el genoma humano en pos de evitar contaminación con el cromosoma Y, que pueden aportarnos mujeres que no lo son (según ellas, claro,  las porteras del edificio feminista, expendedoras de carnets de mujer y mucha mujer) Y una se pregunta si esta Cuarta Ola no se habrá pasado de frenada al olvidar lo importante en aras de algo que solo elucubran las preclaras mentes al calor de subvenciones académicas y cursos caros. Ay la Cuarta Ola… Me parece a mí que se aleja como globo engalanado del día a día común de las mujeres del suelo.

Siento una incierta amargura llegadas al punto de tener el 8 de Marzo enfrente y tan desmotivado al personal, enzarzado en guerras fratricidas donde los puñales silban como hienas de esquina en esquina. En esta humilde tribuna hemos tenido opiniones diferentes, anti y post, controversias y cierta disensión pero lo que nunca pensamos es en la censura, en la oprobiosa lucha por eliminar derechos a la adversaria y tapar bocas.

Entre feministas. Entre mujeres…aunque habría que hacer un clasificado de qué mujeres, quienes somos mujeres de primera, segunda o bajo fondo. Habría que preguntar y esperar debates, diatribas y análisis permutados por diversos estudios estadísticos para verificar si mujer es la que tiene ovarios, útero y edad fértil, la que menstrua…Porque podemos pensar que si le falta un ovario, o el útero entero, o sufre disfunción hormonal y mantiene un alto porcentaje de progesterona en detrimento de estrógenos,  le quitamos puntos al porcentaje y solo le daremos el carnet de cuarto y mitad de mujer.

Luego habrá que añadir la deconstrucción del género pero ¡anatema! abjurando de la teoría queer y/o similar.

Y mientras tanto el machismo finisecular sigue a pie de calle calentando motores en pos de la siguiente víctima, en pos de la humillación aberrante que los tipos con poder o sin él, argollan sobre el lomo femenino. Nosotras, las guays, a lo nuestro, a teorizar y a descalificar a la que diverge de nuestras teorías.

Para terminar quiero transcribir lo que una simpática mujer me decía hace poco: “Con el trabajo que me ha llevado a mí la lucha por erradicar el patriarcado del día a día y ser autónoma como para ahora tener que estar ojo avizor para saber si doy o no la talla como feminista…” Pues eso, que el feminismo, queridas mías, no lo dictan las supersabias sino que lo sentimos íntimamente dentro cada mujer y a su forma. Por estos lares somos muy dadas a capillitas, a formar un catecismo y  dar collejas y cates a quien no cumpla con los mandamientos. Los que dicen las guays. Las que saben. Las guardianas de las esencias. Ellas, las porteras del edificio feminista al que no acceden más que las que cumplen a rajatabla los mandamientos impuestos por las teóricas y sus adeptas. Como toda religión. ¡Ay si doña Emma Goldman levantara la cabeza..!

María Toca

Sobre Maria Toca 869 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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