A Donald Trump no le llegan los dardos

Las que tenemos cultura peliculera nos cuesta asumir un comportamiento tan groseramente obsceno como el que ha tenido  Donald Trump presentándose ufano y bravucón después de la vergonzosa y vengonzante sesión en el Senado de EEUU. Digo que nos cuesta entender, porque estamos acostumbradas a escuchar el respeto idílico que los norteamericanos profesan a sus instituciones. De la misma forma, auténticos sinvergüenzas que le han precedido, como fue, por poner un ejemplo, el presidente Nixon, mostraron la cara de la humillación incluso de la humildad tras un aquelarre de verdades apabullantes que no fueron ni parecidas a las que acarrea Trump. No dudamos que a otro con un ego menos relumbrante  le hubieran hundido para siempre.

No es el caso de Donald Trump. Reconozco que el tipo me crispa tanto como me perturba. Es difícil imaginar un ser tan grosero, tan maleducado, tan banal y tan grotesco. El problema es que Donald Trump es todo eso y preside el país más poderoso de la tierra. El problema es que de alguna manera, a Donald Trump le eligen sus compatriotas y le padecemos todas. Parece imposible que un tipo  de esas características haya llegado tan alto. No, no me digan que es inteligente porque ganó dinero, porque al señor Trump el dinero le vino de atrás. Cierto que amplió patrimonio pero contando con los millones de dólares y las influencias de su papá lo difícil hubiera sido que no lo hiciera.

 

El tipo es soez, basto, inepto y como los matones de clase piensa que tiene derecho a todo. A quebrantar el respeto a ciertas instituciones que en su país son sagradas, a malvender las formas constitucionales e institucionales que ha respetado siempre de forma reverencial los norteamericanos. Aun los más sinvergüenzas, como digo. Si por algo destacan los estadounidenses es por el enorme respeto y el orgullo hacia sus instituciones y símbolos. Recuerdo con cariño una invitación a la casa de una amiga norteamericana un 14 de Julio, como al salir del ascensor, en el mismo  rellano de la escalera  me recibieron guirnaldas de banderitas de barras y estrellas. Huelga decir como estaba decorada la casa.

Si son así ¿cómo es posible que toleren semejante zafio en la Casa Blanca? Algo va mal en el país, algo va mal en el Partido Demócrata cuando es incapaz de ganar o/y expulsar a ese bufón peligroso. Lo damos vueltas, leemos a diferentes expertos en política norteamericana y seguimos sin entender. No  comprendemos  cómo llegó, no entendemos cómo se mantiene y no entenderemos la reelección que es muy posible que después de la mascarada de estos meses tenga asegurada. Claro que no nos conviene levantar la voz porque tenemos en mente ciertos presidentes españoles que no darían para mucho regocijo.

Nadie duda de su culpabilidad. Creo que ni sus más fieles seguidores son capaces de cuestionar que Trump es culpable de las acusaciones que validaron el impeachment. Nadie lo duda pero ha salido indemne…no, pensamos que  ha salido reforzado del juicio que ha perdido a todas luces porque nadie podrá olvidar el cumulo de pruebas presentadas contra él. Cuesta entender como el Partido Demócrata no ha sabido jugar las cartas de la traición en las filas republicanas. Y cuesta entender que un partido como el Repúblicano no ha sido capaz de poner bridas a un caballo loco como Trump.

Su nula elegancia le hizo salir al día siguiente enarbolando  el Whasington Post  haciendo un discurso chulesco, vengativo y hostil hacia el Partido Demócrata,  hacia cualquiera que osara cuestionar su poder. Creo que a la política y a la sociedad americana la imagen de Nancy Pelosi quedando con la mano huera mientras el hombre que representa a la nación no la estrechaba y luego partiendo a la mitad los legajos del discurso presidencial, no se les va a borrar de los ojos en decenios. El golpe a la unidad nacional, a la supuesta decencia y buenos modos de la política norteamericana es de los que dejan huella.

Porque Trump se salta todas las líneas rojas. En los momentos del #MeToo y del poder feminista en la sociedad, insulta y veja gratuitamente a las mujeres. Zahiere a los latinos con insultos de matón de cole, se carga la diplomacia de apaciguamiento con Cuba, con los palestinos, con Irán y con todo lo construido hasta ahora a base de hipocresía, diplomacia de palo y zanahoria y compra de poder e intereses.

Tiene la facultad  de enfadar a todos. Incluso a los suyos…miren la cara de Melania cuando le tiene cerca. Y es que no me imagino pesadilla peor que convivir con semejante mandril.

Entonces ¿por qué? ¿Qué ha pasado y pasa en la sociedad americana para soportar a este tipo?

Es posible que haya que hurgar en porciones ocultas de la psicología social para enhebrar una historia que explique, someramente, la connivencia con el votante del presidente más terrible de EEUU.

Quizá una parte de la sociedad se cansó de corrección política, de buenas maneras con trajes caros e hipocresía a carretadas. O simplemente se deba al sentimiento gregario de seguir al fuerte de la clase, de ser amigos del matón porque de esa manera se sienten a salvo de males mayores. Intuimos más que sabemos que hay una América profunda a la que las bravatas proteccionistas y matonas de Trump les compensa un poco el orgullo herido desde hace décadas. Quizá desde Vietnam… Quieren sentir que son fuertes, los más fuertes;  que ganan guerras, todas las guerras. Que son la potencia económica mundial que China y otros países asiáticos amenazan.

No me atrevo a dar respuesta a las preguntas que me hago, que nos hacemos, al ver el comportamiento grotesco  si no fuera brutalmente agresivo de un patán que vive en la Casa Blanca y gobierna al mundo.

El problema puede llegar con la reelección, porque avalar por segunda vez a un cenutrio antisocial como Trump, puede producirlo una subida de adrenalina como la vista en el discurso de la Nación y emprender la penúltima batallita en contra de los enemigos que se forma o se puedan formar. Y no es que los anteriores presidentes hayan gozado de más amabilidad que la precaria para poner barniz de moderación. No olvidemos que Guantanamo sigue ahí, que la época del soñado y bienamado Obama no lució precisamente de pacificación y de calma…No, pero es que Trump no hace ni tan siquiera el esfuerzo del disimulo. Y eso lo lleva mal la sociedad americana, proclive a creer en un festival de simbolismo pacato y bien pensante que ralla en la hipocresía social más concienzuda.

Trump está dando la vuelta a EEUU. Está sacando los colores a los/as ejecutivos/as de Wall Street que pasean sus perritos y sus trajes caros por la Quinta Avenida o por los barrios altos de Manhattan. Está acalorando a los altos ejecutivos que en el fondo le desprecian pero de momento le utilizan en su provecho.

Mucho nos tememos que esa bajada a los infiernos de la América profunda hurgando en las vísceras de una sociedad depauperada y enferma deje secuelas difíciles de cauterizar a menos que se encuentre un antídoto para el espécimen, que una vez derrotado el  impeachment solo reste repetir un Dallas, y eso le haría héroe, cosa que los pijos neoyorquinos detestarían aún más.

María Toca

 

 

Sobre Maria Toca 913 Artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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