A ver qué pasa

En estos días (salvando el lapso del fin de semana que lo dividí entre Jimena y un relato largo que me está quedando chulo) estoy repartida entre el lobo y sus consecuencias en la ganadería de extensión y un libro de historia sobre la República y la Guerra Civil de Paul Preston. Del lobo hablaremos en breve porque tiene mucho que escuchar, aprender…y también contar

Leyendo  a Preston (otra vez…)he llegado a enfadarme mucho con la República. Los terribles sucesos de Casas Viejas, la venganza que los hombres de Sanjurjo se tomaron  por lo ocurrido en Castilblanco, matando a dieciocho personas e hiriendo a dos en Zalamea de la Serena. También los criminales que  dos días después balearon a dos huelguistas en Calzada de Calatrava…unido a   la total cobardía que se tuvo con el campo andaluz y extremeño para  enfrentarse a una reforma agraria de fondo,  me decepcionan mucho. No es que no conociera los hechos, pero revivirlos con los datos que aporta, el siempre minucioso Preston, encorajinan porque sabemos el desenlace de la película que no sirvió de nada el hacerse prudente.

Aunque la España de ahora tiene poco que ver con la de los años treinta del pasado siglo, las forma de hacer política de la izquierda sí tiene similitud. La misma sensación de obrar  de forma  pusilánime, la misma cobardía para emprender los cambios necesarios y precisos al momento social. La derecha, cuando gobierna no tiene pudor en agraviar a todo cristo sin preocuparse de las consecuencias que podrán ser lío en las calles aplacadas sin miramientos o sacando de la manga una Ley Mordaza, que sigue sin derogarse, por cierto. Les da igual cabrearnos   incluso también a sus votantes a los que toma prestado el voto para hacer lo contrario de lo prometido sin pudor ninguno. Adopta las medidas oportunas a sus propios intereses caiga quien caiga.

Es la izquierda quien al legislar parece que anda aparcando en sitio pequeño. Mirando a ambos espejos retrovisores por si se pasa, por si no llega, por si da al de al lado…

Con esa forma de gobernar decepciona a los suyos y  a los  adversarios los enfada por igual. No comprenden, nuestros gobernantes, que a la derecha no le molestan las medidas tomadas por los supuestos gobiernos de izquierdas -en muchos casos hasta están de acuerdo, como prueba es que no suele derogar leyes salvo las económicas que  afectan al bolsillo de sus amigos- Recuerden la ley de aborto, divorcio, matrimonio igualitario… No, no se engañen, queridos gobernantes de la izquierda.

No les enfada lo que hacéis. Les enfada que estemos. Que seamos. Que existamos.

Durante los años republicanos, los miserables latifundistas andaluces y extremeños, junto a una iglesia perversa y conversa, tejieron las redes de rechazo hacia la República desde el principio. Comenzaron a conspirar justo en el mismo instante en que el Borbón salía por Cartagena sin saber ni qué ni cómo resultaría la nueva forma de gobierno. Respondieron con odio y con bravuconerías  a pesar de ser tan tímidas las leyes propuestas por el gobierno republicano para  intentar proteger a los braceros que perecían de hambre en los campos yermos del latifundio español. Eran tratados peor que animales con jornadas de sol a sol sin descanso teniendo, en muchos casos,  como pago el mendrugo del pan que sobraba en la mesa del amo. Tampoco los industriales dudaron ni un momento en emplear a  matones para enfrentarse a las huelgas que trabajadores explotados hasta la extenuación, preparaban con el fin de conseguir derechos laborales y sueldo digno. Liquidaban a tiros al respondón, de esa forma descabezaban la protesta y a la vez destrozaban al sindicato que la propugnaba. Daba igual que la protesta fuera pacifica… o revolucionaria como las programadas por la CNT, FAI.

 

No tengo ninguna duda que fue la cautela, la duda, la sumisión a los poderes fácticos lo que decepcionó  a las masas que apoyaron  con entusiasmo infantil el amanecer del 14 de Abril, lo que les hizo envolverse en una apatía alejándoles de las urnas en 1933.  Además de la abstención que  propició el descalabro también tuvo graves consecuencias el error propiciado por el PSOE, que  produjo  la desunión de las izquierdas lo cual penalizó los resultados electorales. Se dio la circunstancia que en número de votos las izquierdas ganaron, pero la fragmentación del voto penalizó con dureza  el reparto de escaños. Con el calculo realizado en la contienda electoral, el bloque de derechas obtuvo 3.345.504 votos y 212 escaños, mientras la desunida izquierda obtuvo, 3.375.432 votos y solo 99 escaños provocado por la fragmentación del voto al no haberse coaligado los diferentes partidos de la izquierda y al escoramiento derechista de los radicales de Lerroux que siempre apostaban al ganador o al mejor postor. En las zonas de poder latifundista los votos se cambiaban por trabajo y hasta por pan, las monjitas de los asilos llevaban a los viejitos a votar a los partidos católicos y votaron muchos muertos por mano de la sacristía.

Se acusó, jamás sabremos si con razón o no, que el voto de la mujer, concedido poco antes, movió la balanza a favor de la derecha por el influjo católico en las mujeres votantes. Los anarquistas, consecuentemente, no votaron y suponemos que una variada amalgama de izquierdistas desencantados, tampoco. Resalto,  porque es muy curioso, que se nos ha culpado, históricamente, de la perdida de esas elecciones a las mujeres pero no a los/as anarquistas ni al voto fragmentado de los partidos de izquierda que ni quisieron ni supieron unir intereses.

¿Les suena la catástrofe de la desunión? Les sonará en los resultados de las andaluzas, verán.

Los partidos de izquierda suelen enfadarse mucho cuando su electorado no va a las urnas en masa, mientras el de derechas corre como gamo hambriento con el voto hacia la urna. Lo que se deberían plantear los partidos y movimientos de izquierda es lo cansado que es caminar entre decepciones como si fuera un salto de obstáculos. Vamos descabezadas como pollos antes del horno. Y no se puede. ¿Cuándo entenderá la izquierda en el poder que es necesario gobernar y legislar conforme a lo prometido? Que ya es poco de antemano, pero si mutilan y mutilan los programas y las promesas electorales nos quedamos en el tallo. Y para ese viaje no queremos alforjas.

Que se quedan leyes sin derogar, que se quedan otras sin desarrollar, que casi todas son cortas y planas en derechos y largas en obligaciones.

Es la cobardía de la izquierda, la falta de honestidad política la que decepciona. Claro que hay miedo a la contestación pero no aprendimos nada del 36. Por tímidas que fueran las reformas, los fascistas instigaron el golpe desde el principio.

 

No fueron los “desordenes” republicanos, como nos han contado, los que propiciaron el golpe. Precisamente mucho de esos “desordenes” por no decir casi todos los preparaban  los cachorros de los partidos fascistas. Salvo la quema de iglesias y la desesperada respuesta a agresiones salvajes por parte, sobre todo de la Guardia Civil, posicionada a favor del señoritismo latifundista agrario,  poco desastre produjo la izquierda durante los años republicanos. Me consta que a algunas de mis lectoras(es) poco afines a la ideología republicana les parecerá falaz esto que digo, pero es sencillo, busquen datos e información histórica (Pio Moa, no vale en este apartado…)

Es tan sencillo como que las derechas españolas no quieren que se mueva ni un  ápice de los privilegios de casta que consideran derecho divino. Les propongo, amigos de la política de izquierda, que aunque solo sea por variar, cumplan el programa, lleven lejos las consignas y los hechos ¿a ver qué pasa? Por lo menos los propios andaremos satisfechas y pelearemos con ganas, aunque los adversarios coman piedras. Un poco, para variar.

Yo misma he afirmado, en ocasiones, que hay que gobernar para todo el país una vez conseguido el poder. Me desdigo. Por una puñetera vez gobiernen para los propios. Hagan lo que dijeron que harían y dejen la prudencia en casa. A ver qué pasa.

La decepción republicana llevó al desbarajuste al gobierno por decepción de un pueblo maltratado y no calmó al elemento faccioso que corrieron a buscar financiación y apoyo logístico ante los nazis y los fascistas italianos. La decepción de la Transición nos ha producido un sarcoma difícil de curar. Se llama escepticismo político, desafección y ahí, les aseguro que pescan los ultra derechistas como en un lago tranquilo.

De los desafectos se nutre la reacción. No lo olvidemos…recordémoslo cuando en la noche electoral andaluza empiecen los lideres, que no supieron cumplir ni trabajar por una izquierda unida (es más, las zancadillas propiciadas a ese animal político que es Teresa González, se estudiará como prueba de la imbecilidad malsana y cainita de la izquierda) Como digo, les llevará a llorar y a culpar al electorado de no votar o de votar mal.

María Toca Cañedo.

Sobre Maria Toca 1311 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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