¿Amnistía o amnesia?

En estos tiempos convulsos, de entre los distintos shows mediáticos protagonizados por las derechas españolas, hay uno especialmente llamativo que culminará en un gran acto este domingo. En él se pone el foco en unos golpistas que van a torcer el brazo del gobierno progresista para que les conceda una amnistía.
¿Golpe de Estado? ¿Amnistía? Y… ¿lo dicen las derechas? ¡Por supuesto! Porque a ellos se les permite todo, y son especialistas en llamar “golpe de Estado” a todo lo que se mueve (menos a lo que es un golpe de Estado, claro). Ellos nunca condenaron, ni simbólicamente, el golpe de Estado fascista de 1936 que desencadenó la Guerra Civil. Ni los 40 años de régimen con una represión atroz solo superada en la historia reciente de Europa Occidental por el Holocausto. Nunca pasó nada, aunque hayan tenido medio siglo para hacerlo. Es más, Vox directamente reivindica los gobiernos de la dictadura sin despeinarse. Pero son los que siempre exigen al otro la rendición, el perdón y el arrepentimiento.
El acto criminal al que llaman “golpe de Estado” se refiere a cuando millones de catalanes, que solicitan desde hace décadas un referéndum para decidir sobre sí mismos, se organizaron para poner unas urnas por todo su territorio. “Es que era ilegal”, repiten con énfasis también muchas voces desde el mundo progresista. Ilegal fue la guerra sucia de los primeros gobiernos del PSOE (cuyos dirigentes nunca juzgados ahora claman al cielo por esta amnistía) que se llevaron decenas de vidas o la guerra de Irak a la que nos llevó Aznar y que costó un millón de muertos al pueblo iraquí (más los de la venganza del 11M) y de la que nunca rindió cuentas nadie.
Cuando la Guardia Civil dio junto al ejército un golpe de Estado (de los de verdad, con tiros y secuestrados en el Congreso) en 1981 para restituir el franquismo (con cientos de voluntarios, entre los que parece que se encontraba el entusiasta Coronel Pérez de los Cobos que hoy dirige el Cuerpo) a nadie se le ocurrió disolver ese cuerpo armado o purgar el ejército de elementos antidemocráticos. Es más, en lugar de decir que es una institución profranquista y golpista, se le ha ido glorificando año tras año, a pesar de su historia tan poco comprometida con la democracia. Y aún siguen siendo secretos los documentos que tendrían que ser públicos sobre este hecho.
Hubo más intentos de golpe de Estado (de los que planeaban asesinar a dirigentes políticos y miembros del Gobierno) en 1982 y en 1985, en nombre de los mismos principios que en 1936… pero los únicos golpistas que sabemos que existen son los que quisieron poner urnas y recibieron palos hace ya seis años.
La derecha española siempre tuvo el privilegio de no condenar, así como el de la amnistía permanente. Cuando murió el dictador, el único camino para evitar un nuevo derramamiento de sangre (en nuestra venerada y modélica “Transición” hubo casi 600 muertos por violencia política y 2.300 heridos, según documenta Mariano Sánchez Soler en su libro “La Transición sangrienta”; otros libros hablan de 714 muertos y casi 3.000 actos violentos) era pactar una amnistía total con el régimen franquista, que tenía el poder absoluto del Estado. “Amnistía” quiso decir “amnesia”. Amnesia obligatoria para todos sus crímenes, en un régimen que nació y murió matando y torturando. Solo el primer año de la Transición hubo más de cincuenta muertos, con policías que disparaban a bulto en las manifestaciones con total impunidad. Asesinos y torturadores que murieron con todas sus medallas y condecoraciones intactas.
El PP fue fundado por siete jerarcas del régimen, y, de la noche a la mañana, se olvidaron todos sus crímenes (comenzando por las barbaridades del terrorismo de Estado de Fraga). Prescribieron automáticamente, mientras que un condenado por terrorismo en 1980 en Euskadi sigue siendo hoy lo más mezquino. Muchísimos jóvenes de aquel PP, que ahora ocupan cargos de relevancia en el partido, votaron en contra de la Constitución. Y hoy se hinchan el pecho gritando que son los únicos que la defienden, porque, de nuevo, la amnesia les permite adueñarse de lo que quieran.https://www.youtube.com/watch?v=mVscBHy9piI
En una entrevista, Suárez confesó a Victoria Prego tapándose el micro que el referéndum de 1978 iba con pregunta trampa. Como no les daban los números sobre la Monarquía (que no iba a aprobar el pueblo español) decidieron hacer una única pregunta, que básicamente era “¿apruebas todo lo que vamos a decidir o quieres otra guerra civil?”). Un “Borbón y cuenta nueva”. Llamar democracia a votar bajo amenaza militar suena bastante pobre… pero, que en 45 años no se haya refrendado de ninguna manera ni la forma del Estado ni si validamos ese régimen (que, a diferencia de nuestros vecinos europeos, nació de la victoria del fascismo, y no de su derrota, lo que hace que nunca se hayan depurado sus instituciones judiciales o policiales y ni se haya limpiado en su totalidad el callejero de símbolos del régimen) dice mucho de esta incuestionable democracia plena. La Transición fue, en definitiva, un pacto para congelar el tiempo en 1978.
Por ejemplo, se apostó por una administración municipalizada para atender las demandas sociales y vecinales… pero en manos del PPSOE durante medio siglo esto, más allá de convertirse en un modelo municipalista, abrió las puertas a una corrupción sistémica y a un sistema clientelar rozando lo mafioso. Nada de eso lo votamos tampoco.
Los años han ido desvelando la verdad que toda la Corte conocía sobre el rey de España (que, para tener la aprobación de EEUU y su primera comisión millonaria saudí, lo primero que hizo fue regalar un trozo del país, el Sáhara Occidental, a la dictadura de Marruecos). Todas las fechorías borbónicas han sido también amnistiadas, sin ley ni nada.
De ahí es, muy en parte, de donde vienen esas urnas catalanas.
El catedrático en Derecho Constitucional Pérez Royo escribía recientemente una defensa sin ambages de la amnistía a los catalanes, por la necesidad apremiante de “poner la cuenta a cero” y favorecer así la convivencia en Catalunya.
Pero todo esto se topa con la cerrazón de los que siempre han visto como un negocio muy rentable el enfrentamiento entre los pueblos que conviven en el Estado.
Mientras poner urnas en Catalunya se ve como la peor traición a la democracia, Vox protagonizó un asalto violento a un ayuntamiento murciano para defender las macroganjas. Hubo policías agredidos, se profirieron amenazas a los cargos públicos y se amenazó con quemar el edificio. ¿Pasó algo? Los detenidos quedaron pronto en libertad. ¿Hubo una condena unánime? Por supuesto, la ultraderecha no lo condenó, porque tiene el privilegio de no condenar la violencia.
Recientemente, Ayuso ha alarmado a los españoles de bien sobre un pacto secreto que vendría a traer una “república federal laica y plurinacional”. Lo que para muchos de nosotros sería una democracia mejor, a ella le hace hablar de “bandos” y “enfrentamiento”, dejando caer de nuevo el regreso a 1936. Ayuso conoce bien lo que son las amnistías. Su familia ha salido amnistiada del caso Avalmadrid, en el que recibieron un crédito de un dineral de manera irregular y con trato de favor que nunca devolvieron. Ella misma, que había firmado la condena a muerte de 7291 mayores durante las seis primeras semanas de la pandemia a quienes prohibió la atención sanitaria (un derecho humano universal que estaba fuera del decreto de alarma) amnistió a todos aquellos que tuvieran contratado un seguro médico privado.
La convocatoria del domingo tendrá el lema de “Por la igualdad de todos los españoles”. Aunque pareciera la consigna de una manifestación republicana, es la de un partido que defiende a ultranza un rey tan corrupto como inviolable, que ha estado siempre tan por encima de la ley como de los españoles. Que defiende el ultraliberalismo que agudiza las desigualdades sociales. Que deja Madrid como si fuera un fondo de inversión en sí mismo y quiere que Madrid chupe de los recursos del resto con su dumping fiscal. Que no ve problema en que más de la mitad del IBEX 35 ya esté en manos extranjeras…
Porque solo se rompe España cuando alguien plantea votar qué relación quiere tener con ella, pero no se rompe cuando se firma un rescate bancario bajo la promesa de que será devuelto hasta el último euro, y no se devolvió ni un céntimo. No se rompió España cuando los más de 100.000 millones salieron de la Sanidad y de la Educación. Ni se rompió cuando se cambió la Constitución para anteponer los deberes de la deuda española a los derechos de sus ciudadanos.
Tampoco pasa nada con que el PP haya sido denominado “organización criminal” o “constituida para delinquir” en sentencia judicial. Sigue gozando de autodenominarse el partido constitucionalista sin que se le ponga roja la cara de vergüenza con sus 900 imputados y la lista de cadáveres de los testigos de la Gürtel.
Al contrario que con los catalanes, la justicia española archiva todas estas cosas. Algo tendrá que ver que el propio PP, ciscándose en la Constitución de la que solo defiende el artículo 8, mantiene secuestrado el poder judicial desde hace más de 1.700 días.
Al final va a ser cosa de entendernos entre nosotros, independizándonos de las élites y de la clase dirigente… Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases. Solidaridad, fraternidad y apoyo mutuo. Porque solo el pueblo salva al pueblo.
Igor del Barrio
Sobre Igor del Barrio 29 artículos
Periodista. Bloguero.Escritor

2 comentarios

  1. Muy de acuerdo con la opinión del artículo de Amnistía o Amnesia. Solo confirmar que la derecha está dividiendo España en dos, como en el 36, llevan ya varios años y mienten más que hablan, quisieran el poder para hacer lo que han conseguido el gobierno de Grecia, de la misma calaña que el PP.

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