Betty Friedan

«A lo largo de estos años, mucha gente me ha preguntado ‘¿cómo lo hiciste?’. Nunca he podido contestar a esa pregunta. Porque nunca tuve la intención de empezar una revolución feminista. Nunca lo planeé. Simplemente, ocurrió«, dice Friedan en sus memorias.»

 

 

 ‘De alguna forma lo hice por mi padre, para que los hombres no tuvieran que soportar las frustaciones de sus mujeres y tener que pasar por ellas. Lo hice por mi madre, para que las mujeres no tuvieran que depender de sus maridos porque no tenían profesión.

 

«Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, ’¿Quién soy? y ¿Qué quiero hacer en mi vida?’ No se debe sentir como una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos».

Betty Friedan.

 

 

La mujer a la que biografiamos hoy hizo saltar por los aires varios mitos, recorriendo un camino común a muchas que hemos nacido en los albores de los años  sesenta del pasado siglo.

Betty Friedan, nació en una familia de emigrantes europeos judíos. Su apellido de soltera era Goldstein. El padre creó un prospero negocio de joyería, y la madre, una mujer culta,  era editora de una revista femenina, trabajo que abandonó al casarse como era norma en sus tiempos.

Friedan confiesa más adelante que llegó a entender el carácter agrio de la madre y las discusiones frecuentes que tenía con ella, debido a la infelicidad que le producía verse reducida a ser un ama de casa cuando su inteligencia y capacidad iban más allá. Betty y la madre no se soportaban, decidiendo, la hija,  marchar de casa y entregarse a los estudios. Con notas brillantes se gradúa en psicología en el Smith College en 1942 y en 1943 logró una beca de la Universidad de California en Berkeley para realizar estudios de posgrado donde estudió con el renombrado psicoanalista Erik Erikson

Al poco tiempo consigue otra beca para ampliar sus estudios pero, Betty, la rechaza para continuar cerca del hombre del que estaba enamorada…Durante toda su vida se arrepintió de esa decisión y marcó, quizá, su ideología posterior. Friedan detestaba la forma de vida de su madre, huyó de la convivencia para realizar su propia vida,  de alguna manera se vio abocada a repetir los roles.

La relación por la que abandonó la beca acabó y Betty trabajó como periodista en diversos medios. La siguiente etapa de su vida la llevó hasta el Greenwich Village en Nueva York donde colaboró con varias publicaciones obreras​  trabajando también como editora en The Federated Press, un pequeño servicio de noticias que proveía de información a los periódicos nacionales. En 1946 encontró un trabajo como reportera en U.E. News.

 

En 1947 se casó con Carl Friedan, un joven director de teatro y posteriormente ejecutivo publicitario, mudándose a  Victorian House en Rockland County, N.Y. Poco después de la boda, Betty Friedan sintió que la maquinaria patriarcal la había atrapado, o que ella sola se había introducido en el cepo de la falsa  felicidad hogareña. En esa época, las mujeres blancas de Norteamérica, con posibilidades económicas, estudiaban en universidades  pero la meta era el matrimonio. El mensaje patriarcal estaba claro, la felicidad estaba en un hogar feliz y pulcro lleno de electrodomésticos , con un amante marido e hijos.  Y Betty, la que aborrecía la forma de vida materna, se ve repitiendo paso a paso los roles de género  de los que ha huido. Durante ese tiempo, colabora con alguna publicación  femenina de forma autónoma. En sus artículos quiere tratar temas sociales, en concreto presenta un trabajo sobre la incidencia de la II Guerra Mundial en las mujeres pero ninguna publicación se lo acepta. Quieren que aconseje sobre belleza y recetas de cocina…Betty se rebela y comienza un trabajo de campo que realiza durante cinco años entrevistando a mujeres,   que como hizo ella, abandonaron su trabajo para vivir en un hogar familiar.

Se encuentra con el desencanto y un sufrimiento grave en muchas de ellas, con problemas de alcoholismo y desequilibrios síquicos variados, lo que le hace comenzar el libro que escribiría, con la frase famosa de “el problema no tiene nombre” Porque la mayoría de mujeres sufren algo que no saben que es, creen que si no son felices en el paraíso que la sociedad patriarcal ha diseñado para ellas, es que son egoístas, mezquinas…

Recuerdo el malestar que me producía el visionado de la estupenda serie Mad Men, viendo a las esposas de los brillantes publicistas neoyorquinos, mientras realizaban pasteles de carne y tartas de manzana en sus brillantes hogares con electrodomésticos caros en urbanizaciones silenciosas y ordenadas. ¿Qué las pasaba a esas mujeres? No eran felices, mostraban desazón y desprecio por una vida modélica…¿Eran neuróticas? ¿Qué les ocurría para no estar conformadas?, si  tenían todo, hasta unos maridos infieles y agresivos que no las prestaban atención y entretenían su tiempo de asueto con amoríos.

El libro que   escribió Betty Friedan, fue de forma inmediata un best seller,  ofreciendo una explicación a tantas mujeres de su disconformidad con el paraíso patriarcal. Esta publicación es  una de los básicos del feminismo  “Mística de la feminidad” En el año 2000 se habían vendido dos millones de ejemplares. Friedan recibió el premio Pulitzer por él.

1969 fue el año de su divorcio y de la fundación de la Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes de Aborto, posteriormente conocida como Naral Pro-Choice America. En alguno de sus escritos acusó a Carl de maltrato, incluso hay testimonios de personas que vieron como se maquillaba los golpes para salir en televisión o dar conferencias. Años después, de forma sorprendente, Betty confesó en el programa Good Morning America, «Casi desearía que no haber escrito sobre ello porque ha sido usado de manera sensacionalista y fuera de contexto. Mi marido no era un golpeador de mujeres y yo no era víctima pasiva de un golpeador de mujeres. Nos hemos peleado mucho y él era más grande que yo«.

Tan contradictoria como mal humorada, formó en 1966, junto a varias compañeras la Organization for Women (NOW) que dirigió hasta 1970. Hizo campaña para conseguir la legalización y gratuidad del aborto así como protagonizó diversas controversias con destacadas antifeministas. En el cincuenta aniversario del sufragio femenino organizó una huelga pidiendo el aborto libre que fue seguida por 50.000 mujeres en todo EEUU.

El feminismo de Friedan era claramente liberal, hecho a la medida de mujeres blancas, profesionales cualificadas que dejaba fuera a colectivos de lesbianas (a las que llamaba, despectivamente,  movimiento lavanda) y de mujeres precarizadas y/o afroamericanas. En los años setenta, la segunda ola feminista, consideró anticuada las teorías de Friedan levantándose contra ella (las disputas en el movimiento feminista han sido recurrentes…y muy similares a las actuales, como verán leyendo esta biografía)

Una nueva y legendaria figura emergía avalada por su carisma, inteligencia…y (todo hay que decirlo) belleza. Gloria Steinem, se erigió como critica del liderazgo de Friedan, considerando anticuadas sus teorías. El desprecio de Betty por las lesbianas y el desconocimiento de las características diferenciadoras entre mujeres pobres y ricas, hicieron que fuera cuestionada, criticada y de alguna manera apartada de la primera fila de la lucha feminista.

Había (y hay) problemas comunes al hecho de ser mujer, pero cada colectivo femenino tiene peculiaridades que el movimiento feminista debe asumir, a menos que se quiera convertir en algo  segmentado dirigido solamente  a mujeres burguesas y ricas. Esta era la acusación, entre otras, de Steinem hacia Friedan. Sus disparos  semánticos nos llegaban a Europa dejándonos un poco perplejas pues, nosotras, andábamos aun dando los primeros pasos…Liberándonos de las cocinas y de los niños.

Sin embargo,  asumiendo  los errores e incongruencias de Betty Friedan, hay que reconocerla su gigantesca labor en el feminismo, mostrando el camino liberador a muchas mujeres de mi generación, que la admiramos con veneración, a pesar de sus contradicciones.

Aún sin estar en la primera fila de la lucha, Betty Friedan continuó publicando libros, como La segunda fase (1981), La fuente de la edad: vivir la vejez como una etapa de plenitud (1993) y sus memorias Mi vida hasta ahora (2000), y entró en el mundo de la enseñanza. Trabajaría en la Universidad de Nueva York y la Universidad del Sur de California, además de dar numerosas conferencias para mujeres en todo el mundo.

Hasta que un ocho de febrero, de 2006, justo cuando cumplía 85 años, murió de forma apacible en su casa de Washington DC

Nunca negó su mal carácter ni su agresividad verbal que hicieron de ella una temida polemista. Como ella misma confesó : La verdad es que siempre he tenido muy mala leche. Algunos dicen que me he calmado con la edad. No lo sé’.

Sea como fuere, eterno agradecimiento a Betty Friedan.

 

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1307 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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