Capítulo II: Los olvidados del cine español

Capítulo 2. Antonio Moreno y José Crespo.

ANTONIO MORENO.

 

Antonio Moreno, el español que cuando actores y actrices españolas recalaron en Hollywood para trabajar en las versiones en español, él ya estaba allí. Consagrado. Nacionalizado. Famoso. Rico.

El actor que se rebeló contra los contratos leoninos que imponían los estudios, atando a sus actores y actrices a sus caprichos durante años. Ni Bette Davies ni Olivia de Havilland. Él fue el primero en romper la norma y convertirse en free lance para trabajar lo mismo con Warner que con la Fox, en función de lo que considerara más conveniente para él. El actor español en Hollywood que rodó 150 películas, incluidas las de sus comienzos en Nueva York. El español que cuando estaba naciendo el cine ya estaba allí.

El paradigma de lo que los americanos llaman un self-made. El hombre hecho a sí mismo. El que hace realidad esa neblina no siempre nítida del sueño americano. El galán que comparte protagonismo en la pantalla con Mary Pickford, Lillian Gish, Alice Terry, Gloria Swanson, Greta Garbo, Clara Bow o Gary Cooper sin que se le desplace un pelo por entre la gomina.

Antonio Moreno. Fue él quien realmente marcó el patrón de latin lover que más tarde impondrían Rodolfo Valentino y Ramón Novarro a quien, por cierto, y a modo de anécdota, escondió en el maletero de su flamante Cadillac para colarle en los estudios y que comenzara a trabajar como extra.

 

Antonio Moreno, uno de los primeros actores en tener un club de fans, allá por 1914, que le fueron fiel durante más de cuarenta años. Con cuarto y mitad de esa fidelidad se conformaba más de uno y de una hoy, ¿no les parece?

Antonio Moreno se convierte en el actor a enamorar. El que trae locas tanto a actrices como a público femenino o a periodistas que alaban su tez morena, sus profundos ojos negros, su pelo negro como el azabache, su porte como de torero español. En suma, el soltero cotizado de la meca del cine que, de paso, alardea de su origen español sin disimulo. Sin lugar a dudas, una de las primeras superestrellas de Hollywood. El ídolo que vive su época dorada entre 1923 y 1927. El admirado actor español que cuando sus compatriotas van llegando a cumplir sueños, él ya estaba allí y su casa, la impresionante mansión en Silver Lake, el lugar de encuentro, refugio, y ayuda para todos ellos.

 

 “Antonio Moreno luchó mucho por abrirse camino. Simpático, buen compañero y cordial, gozó de enorme prestigio en la profesión, llegando a trabajar a lo largo de su brillante carrera con las más famosas estrellas de Hollywood. Ayudó a muchísima gente, al mismísimo Gilbert Roland para que consiguiese ser actor, sin contar con la generosidad que tenía con todos los españoles que llegaban a Hollywood. Se volcó con ellos”, declaró el actor José Crespo en una entrevista muchos años después.

Antonio Moreno, el actor que caminó con paso firme por los senderos del cine silente cuando el deslumbrante rótulo de Hollywood no había nacido aún y se rodaba en Nueva York, continuando por los cortos de Griffith, la llegada del sonoro, el color, hasta su colofón en Centauros del desierto de John Ford en 1956.

El primer actor español en conseguir una estrella en el Paseo de la Fama, mucho antes que Antonio Banderas, Javier Bardem o Penélope Cruz. Y es que él, antes, mucho antes de que María Antonia Abad, Sara Montiel, naciera, él ya estaba allí.

Antonio Garrido y Moreno, el niño que vende pan por las calles del campo de Gibraltar para ayudar a su madre viuda. El que se va por la playa como otros niños pobres para ver si los ricos turistas ingleses y americanos que pasan de Gibraltar para jugar al golf tienen a bien pagarle unas monedillas por llevarles los palos, o a los jugadores de polo atender los caballos o hacer de guía turístico por las callejuelas de su localidad. Simpático. Parlanchín. Buscavidas, cae en gracia a una pareja cubana rica instalada en Nueva York, que, con el consentimiento de su madre, acceden a pagarle el pasaje en busca de una vida mejor. Quince años apenas, trabajitos aquí y allá, en una compañía eléctrica como lector de contadores, botones en un hotel, en una fábrica de seda… Hasta que entra en contacto con una compañía de teatro que le ofrece pequeños papeles. El niño que se hace hombre enfundado en una percha imponente de galán. Es tal el éxito que consigue en el teatro a pesar de su fuerte acento español, que en 1912, con veinticinco años, da el salto al cine mudo. Hollywood no existe aún y Nueva York es ya entonces el centro de la incipiente industria fílmica. Contratado por Vitagraph se convierte en uno de los actores más cotizados del cine mudo para, posteriormente, ser contratado por cuarenta dólares semanales por D.W. Griffith para participar en diversas producciones cinematográficas con el nombre artístico de Antonio Moreno. Su innegable atractivo, su pelo negro engominado y mirada seductora, le convierten en un actor tan popular que pasa a formar parte del elenco de la todopoderosa Metro Goldwin Meyer.

Lola´s Promise, 1912, The Voice of the millions, 1912, His Own Fault, 1912…  Siete películas rodó ese año. Seis el año siguiente. Veinte en 1914.  Doce en 1915.  Siete en 1916.  Nueve en 1917.  Cuatro en 1918… The house of hate, junto a Pearl White… My American wife, 1922, con Gloria Swanson… The Spanish dancer, 1923, junto a Pola Neri… Seis en 1924. Tres en 1925. Cinco en 1926… Beverly of Graustark, junto a Marion Davies. The temptres, con Greta Garbo. Mare Nostrum, película de la que siempre guardará especial recuerdo al estar el argumento basado en una novela de Blasco Ibañez que, además, lo consagra como galán de la gran pantalla. Cuatro en 1927… Junto a Clara Bow rueda ese año It. Por cierto, es a raíz de esta película que se acuña el término it girl, con connotaciones bien diferentes a las actuales, dicho sea de paso. Cuatro películas más en 1928… Otras cuatro en 1929, hasta finalizar su carrera cinematográfica con The SearchersCentauros del Desierto, película de John Ford rodada en 1956 donde interpreta, con sesenta y nueve años, el papel de Emilio Gabriel Fernández y Figueroa. Ciento cincuenta películas en total.

En los años 20, la prensa española del momento le dedica titulares como “El as español de Hollywood” o “El notable actor cinematográfico español”, acompañados de fotografías del actor convertido en sex-symbol al otro lado del océano, que entonces era otro mundo. Ya saben aquella frase de “hacer las Américas”. El actor español amigo y compañero de las grandes estrellas de Hollywood. Viaja a España con frecuencia para visitar a su madre en Los Barrios. A pesar de su fama y su dinero, Antonio Moreno será siempre el emigrante nostálgico. El deseoso de volver, instalarse en su país y aportar todo lo aprendido a la retrasada industria española. Durante uno de esos viajes, dirige el documental En la tierra del sol donde la protagonista es una Sevilla muda -aquí aún no se rodaba en sonoro-, para promocionar lo que sería la Exposición Universal del 27, que luego se inauguraría en el 29.



Pero Antonio Moreno no es únicamente el actor famoso del cine mudo que incursiona en el sonoro con éxito, sino que además se adentra en la dirección y lo hace en 1920 con la cinta The veiled mystery. Unos años después rueda el mencionado documental sobre Sevilla, y en 1931 se traslada a México para dirigir Santa, la primera cinta sonora del país latinoamericano que consigue un enorme éxito. Posteriormente, y también en México, dirigirá Las águilas frente al sol.

Viaja de nuevo a España en 1936 para participar en María de la O junto a Carmen Amaya y Pastora Imperio. Entonces más que nunca toma forma esa idea tantas veces pensada de instalarse aquí, y aportar todo lo que ha aprendido. Afirmaba Antonio Moreno que España tenía miles de historias que contar, un clima perfecto, unos paisajes envidiables, pero no había dinero. Y él estaba dispuesto a invertir, a ayudar a crear una industria con los conocimientos que él tenía. Pero la guerra civil estalla y decide regresar a Estados Unidos donde continúa haciendo cine. Fallece en 1967, a los 79 años.

No busquéis su nombre en la Filmoteca Nacional porque allí no hay nada suyo. Ni siquiera en la Filmoteca de Andalucía a pesar de haber dirigido en 1927 en Sevilla el documental mencionado anteriormente En la tierra del sol, pues la dan por perdida aun cuando Mar Díaz descubrió una copia en Buenos Aires. Habrá que preparar maletas y volar a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para ver lo que queda de su obra y, por tanto, de él. Eso sí, si queréis conocerle más y mejor, buscad el documental de Mar Díaz The Spanish dancer, que presentó en la Seminci y le ha regalado premios como el del Festival de la Memoria de México o el concedido por el Centro de Estudios Andaluces.

Antonio Moreno, el actor que ya estaba allí.

JOSÉ CRESPO.

Murciano nacido en 1900, con dieciocho años decide hacer petate y trasladarse a Madrid para cumplir su sueño entrando como meritorio sin sueldo en el Teatro Español con la compañía de Martínez Sierra, donde termina siendo primer actor junto a la actriz Catalina Bárcena.

En 1924 hace su primera incursión en el cine español con la película Mancha que limpia junto a Aurora Redondo, entre otros. Ya no volverá a participar en ninguna producción española hasta 1949 con La mujer de nadie.

En 1926, al finalizar una gira teatral por Argentina y Paraguay, en lugar de embarcar de vuelta a España, toma la decisión de irse a Nueva York con sus siete años de actor de teatro en la maleta y quinientos dólares en el bolsillo. Trámites engorrosos de inmigración. Ni una palabra de inglés. Empaparse de la vida teatral neoyorquina. Trabajos varios. Buscarse la vida. Seis meses más tarde se traslada a Hollywood decidido a abrirse un hueco. Uno más entre otros tantos. Casi un año sin conseguir tan siquiera una prueba. Hombre de gran tesón, se hace socio del Club Shakespeare de Los Ángeles con el objetivo de aprender bien la lengua y de paso las obras del autor inglés que, posteriormente, declama en toda ocasión que se le presenta mientras, paralelamente, recita en festivales poesías en español que le hacen conocido entre la colonia latina, incluida Dolores del Río que consigue que trabaje junto a él en su siguiente película, Revenge, en 1928. Sus dotes declamatorias de poco le sirven pues la película es muda, al igual que Joy Street, en la que interviene un año después. Todo ello mientras debe salir hacia México cada dos por tres para resolver sus problemas con inmigración, más de una vez camuflado en camiones junto a trabajadores mexicanos, y con fecha de regreso no siempre asegurada. No fueron pocas las veces que su visado de entrada se retrasaba eternamente poniendo en riesgo los trabajos que en el cine le iban saliendo hasta que, por fin, consigue el permiso de residencia.

La llegada del cine sonoro es un soplo para el actor español curtido en el teatro que, por fin, puede hablar. “¿O acaso un actor sin voz no es otra cosa que un mimo?”, se pregunta el actor murciano muchos años después durante un seminario en el Escorial en 1992. Ahí es cuando José Crespo comienza a trabajar en las versiones cinematográficas que los estudios crean para copar el mercado internacional y la Metro le contrata para Olimpia al considerar que el actor guarda un razonable parecido con John Gilbert, el famoso actor del cine mudo, que la había rodado un año antes en inglés bajo el título de His Glorious night, 1929.

Gustó tanto a los estudios que los siguientes papeles que Gilbert rueda en inglés se los pasan directamente a Crespo para que los interprete en español. “La película que te llevó a ti a la fama, me condujo a mí a la ruina”, le confesaría John Gilbert a José Crespo. No le faltaba razón, y es que His Glorius night significó el principio del fin para la gran estrella del cine mudo, cuya voz y dicción defectuosas que provocaban risas tan pronto como abría la boca en la pantalla, especialmente en los momentos más dramáticos, terminaron por apartarle del cine mientras lo acercaron irremisiblemente a la botella donde camuflar soledades y frustración hasta su temprana muerte. A punto estuvo José Crespo de interpretar el papel de embajador español en la producción en inglés Cristina de Suecia protagonizada por Greta Garbo, pero ésta, por amistad y lástima, impuso a un John Gilbert ya en caída libre con tiburones de boca hambrienta esperándole abajo.

Crespo, con un sueldo de la Metro de 1.500 dólares semanales, cantidad nada desdeñable para la época, es contratado en 1930 por la United Artists para rodar El presidio, la primera película sonora considerada la mejor de todas las versiones en español y la que mejor taquilla obtiene en los países de habla hispana, considerando que se mantiene dos años en cartel. Fue tal el éxito que en Madrid, por ejemplo, en el cine Royalty se proyectaron conjuntamente las cuatro versiones de la película: en inglés, en español, en francés y en alemán. Cabe preguntarse si en el Madrid de entonces había tanto plurilingüe como para llenar todas las salas. Pero esa es otra historia, y quizás no de marketing precisamente.

La United Artists, la Fox y la Metro se rifan a José Crespo al ver en él no sólo a un excelente actor que puede rodar indistintamente en español y en inglés, sino a un nuevo Rodolfo Valentino. Palabras mayores. Suerte que la vida le regaló una vida longeva que para morirse siempre hay tiempo, aunque nunca se encuentre el momento oportuno.

Wu Lichang, En cada puerto un amor, La mujer X, El proceso de Mary Dugan, Revenge at Monte Carlo, Drácula, Julieta compra un hijo… Todas ellas con la Fox. Además de las versiones del inglés, rueda varias películas españolas hechas en Hollywood: La ciudad de cartón, 1934, Señora casada necesita marido, 1934, ambas adaptaciones de José López Rubio, Angelina o el honor de un brigadier, 1934, de Jardiel Poncela, Alas sobre el Chaco, 1935, Abajo los hombres, 1935…  Rascals, en 1938, será su última película rodada en inglés, aunque José Crespo seguirá versionando en español hasta 1940 que emprende la aventura mexicana. Siete años habían pasado desde Revenge, años muy bien aprovechados por el actor español quien, en 1935 y debido a cambios organizativos de la Fox, las producciones en español se cancelan definitivamente, como ocurrió en la Universal y tiempo antes en la Metro. Un total de treinta y dos películas rodadas en Hollywood que sumar a su ya asentada carrera como actor antes de emprender la aventura americana.

Las talkies van desapareciendo ante el avance del doblaje en off que termina imponiéndose, por lo que decide trasladarse a Nueva York donde actúa en la radio para el mercado hispano de la CBS. Asimismo, cuando los estudios de doblaje se instalan en la ciudad, José Crespo trabaja como actor de doblaje para la Metro, la United Artists y la Paramount, siendo la voz de Joseph Cotten, entre otros actores norteamericanos. Es la Paramount quien lo termina contratando como director de los estudios de doblaje. Años después, en 1964, es nombrado director del Teatro Español en Nueva York hasta 1967 que decide regresar a España definitivamente donde combina teatro y cine, colaborando con diferentes directores hasta su última participación en 1980 junto a José Luís López Vázquez en la película Un millón de dólares fuera de impuestos.

En 1989, con ochenta y nueve años, decide abandonar Madrid y regresar a Murcia para instalarse en una residencia en el Mar Menor desde donde contemplará el mar hasta su muerte, ocho años después.

 

El considerado por muchos de la industria de Hollywood como el sucesor de Rodolfo Valentino. El actor que desarrolló una más que digna carrera para los grandes estudios. El actor que su ciudad le guarda recuerdo con su nombre a una calle. Reconocido en 1996 con la Medalla de Oro por la Academia de Cine de España en su conmemoración del centenario del cine español.

José Crespo. El actor que ya estaba allí.

Pilar Lebeña Manzanal.

Sobre Pilar Lebeña Manzanal 5 artículos
Periodista en diversos medios de prensa y audiovisuales. Profesora de inglés y español. Escritora. Lebaniega y sevillana a partes iguales...

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