Comentarios sobre la Forja de un Rebelde

De forma imperdonable he llegado tarde  a la lectura de la Forja de un rebelde. Siento como soy apasionada de la novela histórica no puedo entender cómo se me pudo escapar una obra de tamaña envergadura.  La llevo a poquitos, por el gusto de paladear las descripciones de una prosa precisa y perfecta. A Barea le sobran tres palabras para describir todo, hacer que veamos al personaje descrito y la acción que discurre ante nuestros ojos soltando humo, grito y sangre o ternura (poca, muy poca) hasta salpicarnos el rostro.

Con la precisión de un estilete describe la historia hasta situarnos en medio. Conocemos y vemos claramente a los personajes en sus miserias y grandezas. A la vez el estudio sociológico que nos hace es de una precisión apabullante.

Y la leo despacio porque hay que tomar aire de vez en cuando, de no ser así hay riesgo de que el corazón estalle ante la relación de sucesos históricos que Barea describe en sus páginas. Tomar aire, aparcarla un tiempito, leer algo más intrascendente para luego tornar con más ganas.

El primer tomo nos describe una sociedad casi feudal, medieval en esencia, donde los siervos de la clase trabajadora sobreviven a penurias sin fondo, mientras la monarquía y las clases dominantes se pudren en un desenfrenado declive. En el segundo, es la guerra de Marruecos la que pasa ante nuestros ojos. Sentimos el calor, el humo del disparo errado, el olor y las heces de caballos hambrientos que mueren con las tripas al aire en el arenal del desierto mientras los mandos ( no tan altos…de sargento hacia arriba) del ejercito, se llenan los bolsillos a base de robar la comida y la ropa de la tropa que se deja matar por ser pobres y no poder eludir la leva. Nos espanta y horroriza que hace menos de  cien años  nuestra gente fuera pasto de la muerte por defender algo tan absurdo como unos montes perdidos en África que nadie quería más que sus habitantes y los jerarcas que pretendían expoliarla. Las guerras, siempre, siempre, las agencian quienes se lucran con ellas y las sufre un pueblo sin saber ni porqué. El honor y el patriotismo tan declarado en los lustrosos desfiles militares no son más que las pamplinas con las que se hipnotiza a un pueblo indefenso.

Es en la tercera parte de la serie donde  una se sumerge en algo tangible y aun no resuelto. Los años republicanos, el golpe y la guerra. Guerra perdida desde el primer día cuando se titubea y no se entiende lo que pasa. Guerra perdida muchos meses antes de empezar porque todo el mundo sabía…menos un gobierno que vivía en una  nube de inconsciencia. Guerra que hace huir a unos gobernantes que dejan Madrid (cuantas veces escuché al abuelo Juan, contar con silencios como vivieron la traición de un gobierno huyendo a Valencia) en secreto mientras el pueblo resiste ¡dos años! entre bombas que arrasan y destripan niños, casas  socavando la tierra hasta hacer aflorar el infierno. Hambre, miedo, sirenas, tiros al amanecer, quinta columna, heroísmos y cobardías sin límites. El pueblo de Madrid resistía sin aliento a un sitio que sabían cada día más cercano. Sin mayor esperanza que sobrevivir el día presente y llevarse un trozo de pan negro a la boca.

Leyendo La Forja una piensa que a este país, España, le colonizó Caín y su prole. Que no debemos de tener mucho remedio porque parece ser que la historia es un mulo atado a un molino que da vueltas y vueltas sin poder eludir el castigo. Se dice que las huestes franquistas hicieron una guerra, en cambio las republicanas libraron varias. Todos contra todos, con un frente tan dividido que veces hubo que mataba más el fuego amigo que el otro. Y si no pregunten por Buenaventura  Durruti o por Andreu Nin

Me queda aconsejar a los/as docentes que lleven La Forja a colegios, institutos y universidades porque debería ser lectura obligada para vivir en este desgraciado país llamado España. Haciendo una pequeña salvedad…hay machismo. Bastante; exponente de una época que nos parece lejana pero no lo es tanto. Las mujeres que conoce Barea, salvo esa madre ejemplar e Ilse, son pusilánimes y secundarias en una historia que a buen seguro, si don Arturo se hubiera fijado algo más que en el culo de las señoras, hubiera encontrado maravillosos ejemplos de valentía e inteligencia. Pero…nadie es perfecto. Salvando ese escollo creo que La Forja es un portento de literatura y reflejo de la historia del siglo XX español.

Madrid ha sido para mí recuerdos de juventud un tanto loca en los 80 y 90, calles empedradas de madrugadas risueñas y de amores cegados por noches eternas. Rúas galdosianas donde a cada instante quería adivinar a Fortunata saliendo de un portal encelada por el Delfín, mientras Jacinta tornaba de misa con cualquier beata. A partir de ahora, será polvo, miedo, humo en las calles que visito y por las que amo caminar, Gran Vía, Ferraz, Lavapiés, Antón Martín, Jesús y María, Hortaleza…Y tantas más. Cuando contemple el edificio de Telefónica le veré humear mientras los periodistas internacionales intentaban eludir la censura republicana y Barea se enamoraba de Ilse. Amaré un poco más a esta ciudad maltratada y hundida pero que resiste. No sé si por mucho tiempo,  como entonces, a Madrid la salva el pueblo.

Casi como a todas…

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1085 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

2 comentarios

  1. Yo leí a Barea hace muchos años, me impresionaron entre otras cosas su infancia tan cercana al príncipe cuando acompañaba a su madre a lavar al río, sus impresiones de la Guerra de Marruecos, sobre la que quise escribir mi tesis de Historia, sus vivencias de la Guerra Civil . Luego viviendo en Copenhague en una de las ferias de libro antiguo y de ocasión compré una edición de La forja de un rebelde traducido al danés y dedicado al padre de una amiga, Jette Moeller Nielsen. LA vida, a veces, presenta estas casualidades. El padre de mi amiga, periodista como ella, había formado parte del comité danés que se formó en apoyo a Barea para la concesión del premio Nobel, de ahí la dedicatoria al libro. No le dieron el Nobel, desde España se criticó duramente su obra, incluso se llegó a decir que la había escrito su mujer Ilse. Un país muy cainita como escribes en tu artículo, María. Gracias por recuperar a Barea.

    • ¡Que enorme suerte! tener ese recuerdo de Barea. Creo que su trilogía es monumental Arancha. Como dices, el primer tomo refleja tan bien la infancia en ese Madrid casi lumpen y el contraste del cambio de siglo. El segundo con el fondo de la guerra de Marruecos nos deja sin palabras…quizá porque la historia siempre es escrita desde arriba y tanto Barea como Galdós nos la cuentan desde el suelo. Y para mí es lo grande, la capacidad de Barea de dar vida a los personajes que hacen y sufren la historia.
      Y sí, creo que somos de la rama de Caín, ni Barea ni ¡Galdós! consiguieron el Nobel, no por falta de merecimiento sino por la terrible espada de los caínes españoles que trabajaron en su contra. Les hubiera venido bien por el dinero y la difusión de su obra, pero a nosotras, sus lectoras, nos da un poco igual. Son diamantes que disfrutamos y procuramos difundir. Gracias por tu colaboración, por tu aportación y por todo.

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