CONTRA LOS PALESTINOS: AFINIDAD Y ALTERIDAD

 

 

 

 «Pretenden que las democracias hagan con Hamás lo mismo que con ETA. Tú mata, que yo te daré una comunidad autónoma. Tú mata, que yo te daré un Estado. Ése es el mensaje que están dando»

Isabel Díaz Ayuso

Una vez más toca plantearse una de esas cuestiones que para muchos como un servidor sólo puede ser de Perogrullo: ¿El conflicto palestino-israelí es la enésima derivada de la dicotomía izquierda-derecha a escala planetaria? Dicho como para que nos entiendan en la taberna adónde vamos a buscar público para nuestras soflamas de desahogo diario: ¿Se es propalestino o proisraelí en función de las afinidades ideológicas de cada cual, de izquierda con los primeros y derechas con los segundos? Pues, hombre, podría parecerlo con sólo revisar los antecedentes del conflicto y observar cómo, por lo general, esa parece haber sido la tónica general hasta la fecha. La izquierda, llevada por su teórico pujo a favor de los más desfavorecidos, siempre en pro de los derechos de los palestinos por considerar que estos son la verdadera y única víctima del conflicto tras haber sido expulsados de sus casas y tierras y condenados a  convertirse en eternos refugiados, apátridas. En cuanto a la derecha, siempre a favor de aquellos con los que se identifica por el famoso axioma de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, y ya sabemos todos que, para derecha occidental, y especialmente la europea, no hay mayor enemigo histórico en su imaginario a rebosar de prejuicios racistas y religiosos que el Islam, representando éste en la figura del moro salvaje y cruel empeñado en degollarnos a todos por infieles de alguna u otra manera desde la época de Saladino hasta el atentado de las Torres Gemelas del 11 de Setiembre y todos los que le han sucedido. Si a lo de la derecha occidental le añades dosis ingentes de supremacismo racial heredado de sus mayores para poder así justificar sin sonrojo cualquier plan colonial sobre aquellos a los que considera bárbaros por definición, ya tienes despejada la ecuación.

Claro que tampoco hay que descartar en lo que respecta a la actitud de mucha, demasiada, gente frente al conflicto palestino-israelí un posicionamiento condicionado única y exclusivamente por la dicotomía antes mencionada, quiero decir, sin haberse planteado nada de lo que acabo de mencionar, puede que incluso sin el menor conocimiento acerca de la realidad histórica que nos ocupa. Se está a favor o en contra de unos u otros en función exclusiva de la posición que toma tu adversario ideológico y para de contar. Vamos, y aquí tirando para casa, que basta con que el gobierno de Pedro Sánchez denuncie lo que el de Netanyahu está haciendo en Gaza y se avenga a reconocer el estado Palestino de una vez por todas, para que todos los que vierten cantidades ingentes de bilis contra su persona a diario se declaren proisraelís y antipalestinos al instante. Qué se la va a hacer, es lo que tiene el sectarismo, sin lugar a dudas la tara intelectual más extendida entre los de nuestra especie y de la que prácticamente ninguno estamos a salvo de alguna u otra manera a lo largo de nuestra vida.

Y sin embargo, acaso cabe alguna duda, por supuesto que a poco documentado que se esté, de quién es quién en el conflicto palestino-israelí. Dicho de otro modo, ¿acaso se puede dudar, al marguen de las querencias ideológicas de cada cual, esto es, del tipo de gobierno o sociedad que uno desea para que rija los destinos de su país, cuál es el lado correcto de la Historia en un conflicto en el que, y aquí, sí, pásmense los equidistantes por inercia y conveniencia, sí, en este no hay duda, hay malos y buenos? Me refiero, ya sé que huelga decirlo pero no tanto recordarlo, a la dimensión ética y moral de un conflicto que tiene su origen en un hecho histórico indiscutible como el nacimiento del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948 dando origen a una limpieza étnica por parte de los grupos armados sionistas sobre la población civil palestina con el único fin de provocar una situación de pánico que animara a más de 700.000 palestinos a abandonar sus casas y sus tierras. Hablamos, por supuestísimo, de la famosa Nakba, término con el que los árabes denominan, tanto a los acontecimientos de 1948, como la actual ocupación de los territorios palestinos (Cisjordania  y laFranja de Gaza) por el ejército israelí tras la guerra de 1967 y a pesar de todas las resoluciones de la ONU habidas y por haber en las que se conmina a Israel para que los abandone, así como su persecución y desplazamiento a los campos de refugiados palestinos presentes en la región.

Pues sí, claro que se puede, y eso es precisamente lo que hacen los proisraelíes a diario cuando asumen como propio el argumentario del sionismo para justificar su proyecto racista y colonial en la antigua Palestina. Y no me refiero tanto al de la creación del estado de Israel, un hecho por desgracia ya consumado a pesar de la aberración histórica que supuso en su momento por tratarse simple y llanamente de la usurpación por parte de una población exógena de un territorio que reclamaban y siguen reclamando en base a un falso mito como el del derecho del supuesto pueblo judío a regresar al lugar de donde supuestamente fueron expulsados hace más de dos mil años, sino sobre todo al de rematar el sueño sionista de construir el Gran Israel desde el río Jordán al mar Mediterráneo como si los palestinos hubieran sido durante generaciones simple y llanamente los ocupas de una tierra que nunca les ha pertenecido.

Una idea tan descabellada, cuando no inhumana, por lo que tiene de haber convertido de la noche a la mañana a varios millones de personas en apátridas en su propia tierra, que cuesta aceptar que todavía pueda haber, dejando a un lado los propios sionistas por ser los principales interesados en su proyecto, insisto, colonial y racista, gente de buena fe que no sepa identificar dónde está el lado correcto en esta Historia.

Pero quién es esa gente, quiénes son los proisraelís que odian a los palestinos, y, sobre todo por qué lo hacen. Ya hemos citado aquellos que se posicionan de uno y otro lado en función exclusiva de sus prejuicios ideológicos: “Soy proisraelí porque soy de derechas y veo que los de izquierda apoyan a los palestinos”. Empero, también hay gente a la que le gusta tildarse a sí misma de “corriente” y proclamar que no es ni de izquierdas ni de derechas –sí, ya sabemos, ya, la falsa equidistancia de la derecha vergonzante- la cual justifica su rechazo a los palestinos con el argumento de que lo único que hace Israel es defenderse del ataque del 7 de octubre del pasado año 2023 por parte del grupo terrorista y fundamentalista Hamas. De ese modo, y llevados tanto por la conmoción provocada por las horribles imágenes del ataque discriminado y asesino de Hamas contra civiles israelís en su propio territorio, como por una ignorancia auto inducida acerca de todo lo relacionado con el conflicto palestino-israelí hasta la fecha, toda esa gente tan “sencilla” apoya sin fisuras a Israel en su derecho a la revancha, que no defensa, sin importarles lo más mínimo la criminal desproporcionalidad de esta: 36.000 palestinos muertos, hasta la fecha, contra mil y pico ciudadanos israelíes.

Y cómo es posible que les conmocionara tanto la muerte de esos mil y poco ciudadanos israelís y no la de los ya 36.000 palestinos asesinados y por asesinar en manos del ejército israelí. Pues porque no dudan en identificar a los israelís como afines, y no tanto por consideraciones ideológicas o religiosas como porque ven por la tele que la mayoría de estos vive, viste, se divierte y lo que sea, como bien podrían hacerlo ellos. En cambio, a los palestinos los perciben como ese otro que, tras siglos de rechazo a los árabes y musulmanes en función de su raza o religión, enseguida se convierte a sus ojos en sospechoso de ser siempre un enemigo en potencia para nuestro modo de vida occidental. El israelí es un semejante en el que ya en estos días la religión juega un papel completamente anecdótico. Un semejante con el que muchos occidentales sienten que comparten unos mismos valores, incluso una filosofía de vida que podríamos tildar de “moderna”, en este caso esencialmente hedonista y sobre todo individualista. En cambio, la otra parte, la palestina que es concebida como una sociedad islámica en exclusiva y por ello más tradicionalista, atrasada y hasta fanática. Por si fuera poco, existe la convicción de que la mayoría de los palestinos no sólo no combate el ideario integrista de Hamas sino que además lo asume de buena gana en la convicción de que se trata de la única organización palestina todavía dispuesta hoy en día a luchar contra el estado hebreo que les ha quitado todo.

Valga como ejemplo de este prototipo de individuo proisraelí y furibundamente antipalestino cierto periodista musical del periódico El Correo de Bilbao que al poco de cometer Hamas su despiadado ataque contra la población israelí que habita contigua al muro que separa ese inmenso campo de concentración que es Gaza de Israel, no dudó en publicar en sus redes su más ardiente deseo de que el ejército israelí borrará de la faz de la tierra, ya no sólo a los asesinos de Hamas, sino también a la población gazatí que según él los sostiene sin fisuras. Y lo hacía con el argumento de que alguien que se alegraba, como lo hicieron muchos gazaties, del ataque de Hamas, y en especial tras haber irrumpido en una rave, una fiesta dedicada a la música electrónica, como la que se estaba celebrando a pocos kilómetros del susodicho muro, matando a más de doscientos asistentes, no podía ser categorizado como un ser humano sino como una alimaña. Una rabia que puede ser compresible en caliente, esto es, a la vista por primera vez de las imágenes del ataque de Hamas contra jóvenes israelíes que sólo estaban allí para divertirse. Sin embargo, ¿acaso se planteó en algún momento el susodicho periodista la paradoja de la celebración de una fiesta de semejante calado por parte de unos jóvenes israelíes y no pocos extranjeros, precisamente a poca distancia del muro que simboliza de un modo más crudo, ignominioso, el fondo del problema del conflicto palestino-israelí? Por supuesto que no, el periodista sólo se indignaba porque aquellos jóvenes habían sido masacrado por participar en una fiesta como cualquiera de las miles de ellas que se celebran a lo largo y ancho del mundo que solemos calificar de civilizado cuando en realidad lo que queremos decir es occidental. Para el periodista en cuestión Israel pertenece a su mismo mundo, por lo que al atacar a un israelí por el sólo hecho de estar de fiesta era como si le hubieran atacado a él por asistir a una rave al lado de su pueblo; “Si atacan a un fiestero nos atacan a todos.” El ataque justificaba por lo tanto todo lo que el estado hebreo tuviera a bien llevar a cabo contra Hamas y esas alimañas llamadas palestinos.

Resultaba inútil recordarle al periodista de El Correo que la historia del conflicto no comenzaba el 7 de octubre del 2023 y, sobre todo, que ha habido ataques o atentados igual e incluso más cruentos que el de esa fecha por parte de las organizaciones armadas sionistas -masacre de Deir Yassim entre el 9 y 11 de abril de 1948, con el propósito nunca negado de aterrorizar a la población palestina con el fin de que abandonaran sus tierras y casas por su propia voluntad-, y no digamos ya la larga lista de asesinatos indiscriminados de palestinos perpetrados por el ejército israelí de ocupación hasta la fecha de hoy al estilo del asesinato en Cisjordania de la conocida periodista palestina Shirin Abu Akleh el 12 de mayo de 2022. El periodista musical lo tenía muy claro, a él estar o no en el lado correcto de la Historia en lo que respecta al conflicto palestino-israelí le traía sin cuidado. A él lo que le indignaba es que un chaval como él no pueda divertirse tranquilamente en una fiesta, todo lo demás rollos macabeos. El periodista musical representa el prototipo de occidental proisraelí y antipalestino por inercia que ignora todo lo relacionado con el conflicto que nos ocupa, o simple y llanamente se la suda, y que por lo tanto es incapaz de empatizar con nadie que no le sea afín. Dicho de otro modo, con nadie que no sea un occidental entregado al individualismo hedonista que caracteriza a las sociedades ricas a imagen y semejanza de la suya propia.

Sin embargo, ni siquiera se trata del peor prototipo de ciudadano occidental antipalestino incapaz de sentir la más mínima compasión por los miles de asesinatos perpetrados por el ejército israelí en Gaza durante lo que incluso la Corte Penal Internacional ya ha definido como un genocidio en toda regla. El grupo de los peores lo conforman, no ya  el de los indiferentes o el de los equidistantes siempre a favor del fuerte por omisión, sino el de los amigos declarados de Israel y más en concreto del sionismo.

¿Y quiénes son estos? Pues son todos aquellos que por la razón que sea han asumido como propio todo el argumentario sionista que justifica, ya no sólo la creación del estado de Israel, sino también su proyecto de que éste se extienda sin remisión desde el río Jordán al mar Mediterráneo. ¿Cuáles son esos argumentos? Pues ni más ni menos que los que disecciona uno por uno el historiador israelí Ilan Pappe en su conocido libro Ten Myths about Israel (2017) y que yo invito a leer a todo aquel que quiera profundizar acerca de los mitos y las mentiras del sionismo.

  • Palestina era una tierra vacía
  • Los judíos eran un pueblo/nación sin tierra.
  • El sionismo es judaísmo.
  • El sionismo no es colonialismo.
  • Los palestinos abandonaron voluntariamente su patria en 1948.
  • No hubo otra opción para la guerra de 1967.
  • Israel es la única democracia en Oriente Próximo.
  • El mito de los acuerdos de Oslo.
  • El mito de Gaza.
  • La solución de los dos estados no es viable.

Empero, estos también son los mitos que los auto designados como amigos de Israel asumen a pie juntillas con el único fin, tanto de justificar su apoyo, como de hacer propaganda en sus respectivos países de origen a favor de los intereses de Israel. Dichos amigos de Israel suelen ser personas destacadas intelectual y socioeconómicamente, es decir, gente con un mínimo de poder y/o proyección mediática como para influir en la opinión pública de sus respectivos países. Así pues, los amigos de Israel aprovechan su correspondiente púlpito para hacer difundir los argumentos del sionismo, que no las virtudes o los logros culturales del judaísmo. En España los podemos localizar con facilidad alrededor de la correspondiente Asociación de Amigos de Israel, y ya muy en especial, alrededor de la autoría de un libelo publicado en 2014:En defensa de Israel”. Se trata de una recopilación de artículos de personalidades de la cultura española como Marcos Aguinis, Gabriel Albiac, Gustavo de Arístegui, Marcelo Birmajer, Roberto Blatt, Joan B. Culla, José Jiménez Lozano, Jon Juaristi, Enrique Krauze, Daniel Laks Adler, Reyes Mate, Jaime Naifleisch, Marta Pessarrodona, Valentí Puig, Pilar Rahola, Lourdes Rensoli Laliga, Juana Salabert, Carlos Semprún Maura, Horacio Vázquez-Rial y Vicenç Villatoro. Artículos en los que cada uno de sus autores explican los motivos de su apoyo sin paliativos a Israel acudiendo de continuo a los manidos diez mitos antes referidos. Mitos que, sin embargo, podíamos resumir en su convicción de que Israel es el único estado democrático de verdad de la región y de cuya existencia debemos estar agradecidos porque nos defiende en primera línea del fanatismo islámico que ellos aseguran compartir la casi totalidad de los palestinos por el sólo hecho de ser árabes y mayormente musulmanes Dicho de otro modo, todos estos autores conciben a Israel como el estado cruzado moderno que defiende los valores de nuestra civilización cristiana, occidental, teóricamente democrática y liberal, de la barbería representada una vez más en el árabe salvaje y fanático, en este caso en el palestino sin excepción. Según ellos defender a Israel es defendernos a nosotros mismos porque Israel es uno de los nuestros, y los palestinos, por supuesto, un peligro en potencia dado que según ellos están prácticamente incapacitados al igual que el conjunto de los musulmanes, puede que hasta por genética, para establecer un estado democrático y liberal al estilo de los nuestros.

Creo que huelga subrayar lo mucho que se parecen estos argumentos de los amigos de Israel a los de los intelectuales del siglo XIX y principios del XX que defendían la colonización de los países del llamado tercer mundo con el argumento de que sus naturales también eran por principio poco más que salvajes a los que Europa llevaría la civilización para evitar que siguieran viviendo en la barbarie consustancial a sus costumbres y creencias. Intelectuales que, como hoy en día los amigos de Israel, no tenían otro objetivo que blanquear los objetivos colonialistas de sus respectivas potencias europeas y siempre, siempre, con el racismo como principal y poco o mal disimulada premisa de fondo: Nosotros somos superiores, los civilizados, los buenos.

Con todo, si hay un personaje de la supuesta intelectualidad española que resulta un caso de lo más paradigmático, ese es el de Jon Juaristi. Hablamos del converso en cadena, es decir, de alguien que encadena una conversión tras otra desde su juventud; del nacionalismo vasco pasando por la primera ETA al socialismo primero de la extinta Euskadiko Ezkerra y luego al del PSOE, y de ahí a engrosar la fila de “intelectuales”  alrededor del PP con su correspondiente canonjía como jefazo de Instituto Cervantes en su tiempo y todo lo demás. Eso y una conversión al judaísmo, algo del todo respetable, faltaría más, como que hasta servidor podría afirmar que comparte con Juaristi su admiración por todas las expresiones de la cultura judía producidas durante  dos mil años a lo largo y ancho del mundo, si bien con una clara y rotunda excepción: el sionismo. Juaristi no, para él Israel es el culmen de esos dos mil años de cultura judía y el sionismo la ideología que lo ha hecho posible. Una conclusión harto curiosa viniendo del intelectual que ha ganado su fama, y acaso también prestigio, como bestia negra del nacionalismo vasco gracias a libros como “El bucle melancólico – Historia de nacionalistas vascos” (1997) o La tribu atribulada. El Nacionalismo Vasco explicado a mi padre (2002). Y digo curioso, paradójico incluso, porque el sionista Juaristi que tanto ha desmitificado al nacionalismo vasco no tiene empacho en declarar en una entrevista a Jot Down Cultural cosas como: “Se forjan patrias con patrañas…” Ya hay que tenerlos bien puestos, sí; pero, es que para los tipos como Juaristi las patrañas siempre son las de los demás, nunca las propias, y ellos están a lo que están, a poner todo su intelecto a servicio de la última fe verdadera a la que se han convertido, sin lugar a dudas lo que mejor han sabido hacer a lo largo de su vida.

Estos son los amigos de Israel entre nosotros, individuos de una acreditada solvencia intelectual, muchos de ellos incluso blasonan de  demócratas de toda la vida y hasta de progresistas siempre en la trinchera contra los integrismos totalitarios como el Islam, los nacionalismos periféricos y… y para de contar, y cuyo cometido apenas se distingue, como ya he señalado antes, del de aquellos otros intelectuales que a lo largo de la Historia pusieron su inteligencia, y en especial su pluma, al servicio de la supremacía occidental para justificar un proyecto muy concreto: la colonización de los países que las potencias occidentales consideraban lo suficientemente débiles o atrasados y que por lo tanto debían ser incorporarlas a sus respectivos imperios para la cosa esa de civilizarlos.

He dicho que estos antipalestinos son los peores de todos porque son los que suministran argumentos a los antipalestinos que lo son por la mera inercia del sectarismo ideológico al estilo de nuestras derechas patrias, o por cretinismo ignaro como el del periodista musical y, así en general, de todos aquellos que han decidido creer que lo de Gaza comenzó el 7 de octubre del pasado año y que el único culpable es la organización terrorista e integrista Hamas. Una gente que además da mucho miedo porque, siquiera ya sólo por pura lógica, del mismo modo que justifica que el ejército israelí arrase Gaza matando a miles de inocentes, uno está convencido de que también hecho lo mismo con el País Vasco cuando toda existía ETA y mataba a diario. Una gente esencialmente cretina que exige el exterminio total de todos los combatientes de Hamas caiga quien caiga, sin darse cuenta de que serán precisamente los palestinos que sobrevivan a la masacre, y más en concreto los niños que no consigan matar, quienes no durarán en engrosar las filas del Hamas del futuro o de lo que venga.

Luego también es verdad que hay casos curiosos de antipalestinos como el de los varios millones cristianos evangelistas que van con Israel a muerte y consideran a los palestinos poco más que como una excrecencia a eliminar porque según su credo el advenimiento del segundo mesías anunciado por Jesús sólo podrá darse cuando todos los judíos todavía hoy en día esparcidos a largo y ancho del mundo regresen a Israel. Un despropósito tan de iluminados sí; pero, no muy distinto en esencia del de los sionistas encabezados por Netayanhu y sus aliados de la ultraderecha religiosa cuando propugnan la creación del Gran Israel con el argumento de que eso es precisamente lo que se les ordena en la Biblia y demás libros sagrados del judaísmo.

Así pues, no existe un prototipo único de antipalestino sino varios. Aunque, también es verdad que a veces se podemos encontrar uno que parece concentrar en sí mismo las tres formas antes descritas. Me refiero a personajes como la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con la cual es difícil de dictaminar si su posición proisraelí y antipalestina se debe en exclusiva al sectarismo de la persona que se posiciona a favor de Israel sólo porque Sánchez está en la trinchera de enfrente, porque “le gusta la fruta”, si lo es porque asume a pie juntillas las coordenadas ideológicas que le mandan desde las FAES de Aznar, o ya sólo porque es una cretina incapaz de ver más allá de sus narices, esto es, más allá del 7 de octubre de 2023 a imagen y semejanza de todos aquellos cretinos convencidos de que el conflicto de marras va sólo del terrorismo de Hamas y del fanatismo islámico frente a “su” libertad y “sus” valores democráticos y liberales.

En cualquier caso, y ya para terminar, lo más acertado que se puede decir de todos estos prototipos de proisraelís y antipalestinos es que son, siquiera ya sólo por su indiferencia ante la muerte de miles inocentes a los que son incapaces de ver como sus semejantes, además de por el modo demagógico y a menudo también despectivo con el que rebaten la acusación de estar amparando todos los crímenes del sionismo echando mano del latiguillo del antisemitismo y la complicidad con Hamas para descalificar a todo aquel que les señala su falta de humanidad, los descendientes directos, ya no sólo de esa opinión pública blanca y occidental que dio por bueno el discurso racista y colonial de la época de los imperios europeos, sino también de los de aquellos miles, millones, de individuos que durante los años de ascenso del nazismo, e incluso mientras los nazis cometían su correspondiente genocidio contra los discapacitados, los gitanos, los homosexuales, los judíos y así en general contra todo aquel que sobraba de acuerdo su muy particular concepción del mundo, siempre miraron hacia otro lado, y eso cuando no fueron cómplices de sus crímenes.

 

Txema Arinas

Berroztegieta, 28/05/24

 

 

Sobre Txema Arinas 25 artículos
Escritor español (Vitoria-Gasteiz, 1969). Reside en Oviedo. Licenciado en historia y geografía por la Universidad del País Vasco. Ha vivido en Francia, Irlanda y Venezuela, y aprendió varios idiomas. En los últimos años ha trabajado como profesor de secundaria y además ha desempeñado diversos cargos en la empresa privada. Ha publicado las novelas Los años infames (2007), Gaitajolea (2007), Anochecer en Lisboa (2008), Euskara Galdatan (2008), Maldan Behera Doa Aguro Nire Bihotz Biluzia (2009), Zoko Berri (2009), El sitio (2009), Azoka (2011), Borreroak baditu hamaika aurpegi (2011), Muerte entre las viñas (2012), Como los asnos bajo la carga (2013), En el país de los listos (2015), Testamento de un impostor (2017), Historias de la Almendra (2018) y Los tres nudos (2019), y los ensayos Sabino Arana o la identidad pervertida (2008) y El imposible perdido (2012). Ha colaborado como articulista en el periódico Berria, las revistas Grand Place y Hegats, las revistas digitales Solo Novela Negra y Zubyah, de la asociación cultural Punica Granatum.

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