De pensamientos y coherencias

No cabe duda que la materia base con la que nuestro cerebro está hecho es una amalgama de aprendizaje, emociones primarias e incoherencias varias que conforman una psique un tanto sorprendente. Una da vueltas y vueltas a las noticias, la historia, incluso las vivencias cotidianas y constata que el mejunje personal es un tanto variopinto. Perturbador más bien.

Si miramos a la ideología, nos damos cuenta (con cierto esfuerzo, confieso) que no siempre las ideas llamadas “buenas” (subjetivado el concepto, por supuesto) pertenecen a personas respetables o decentes. Ni las “malas”. Me explico. He conocido, imagino que ustedes también, verdaderos hijosdeputero redomado que compartían la marcha solidaria contra los desahucios, el 8M, o una huelga más que justa. He conocido (por desgracia, ustedes también) gente de izquierdas que explotaba y malpagaba a sus empleadas. Y hemos de confesarnos que en la acera contraria nos encontramos a veces personas que para la nuestra quisiéramos. Lo cual  hace que nos  preguntemos ¿cómo es posible que alguien de izquierda, sea un asqueroso racista o clasista? ¿Que una compañera feminista arrugue la nariz de forma displicente ante el drama de la inmigración? o ante una mujer trans…o prostituta. Les pongo más fácil la reflexión: que nos repugne el delito del sistema que defendemos tanto como el contrario. Nos pesa más el preso político chileno que el venezolano, incluso nos sorprendemos encontrando disculpas al sistema que defendimos o que creemos se ajusta a nuestro concepto de justicia social, sin querer ver las procacidades que son cometidas encontrando disculpas para las felonías más evidentes.

Tenemos ejemplos varios en la historia. Realizando la biografía de Trotsky me dejaba perpleja la facilidad que tuvo Stalin  para convencer a los fervientes comunistas de que ,el antes héroe revolucionario, era un consumado diablo defensor del capitalismo y facedor de todos los desmanes habidos y por haber. Los procesos (purgas) del padrecito soviético condujeron a la muerte a amigos, camaradas, e ideólogos que antes fueron ídolos. Los patéticos personajes de las purgas pasaban de héroes a villanos en pocos meses, a veces días. Bastaba una campaña de prensa, el murmullo corrido en los mentideros que el sátrapa y sus cómplices (que poco después correrían la misma suerte) desperdigaban para que el mundo coreara al reo. “Salvar a Barrabás” que decían las turbas a Pilatos, debidamente aleccionadas por los jefes judíos ¿recuerdan? Cuando unos días antes, esas mismas (o parecidas) turbas aclamaban al Cristo con palmas y fe.

Recuerdo la frase de un personaje en una novela de Almudena Grandes que decía que temía más el tiro del camarada que de la policía franquista. Eran los años cuarenta vividos en España. Gente honesta, que se jugaba la vida por la libertad, que eran verdaderos héroes frente al fascismo y que sin embargo cerraban los ojos a los desmanes de la URSS y estaban prestos, sin dudarlo mucho, para  asestar el tiro en la nuca al camarada por disidente.

Hay algo que siempre me hace sonreír y es el amor desmedido que tiene la Iglesia Católica por el poder y el dinero. Quien dice la iglesia, dice los cristianos. Esos miembros del Opus, o de  los Kikos, y demás sectas, incluyendo a los diversos evangelistas que siembran odios desmedidos e ideologías retrogradas, oigan, en todos, sin exclusión acumulan riquezas y ansia de poder como si no hubiera un mañana. No hay más que ir a centros de la cristiandad como  Roma, Santiago…para comprobar que el oropel y la riqueza son comunes. Los miembros de estas sectas conocen la Biblia, el Evangelio al dedillo. Todos sin exclusión obvian el párrafo donde Jesús tira de rebenque y zurra la badana con saña a los mercaderes del templo. Tampoco tienen en cuenta (o disculpan con argumentos peregrinos) lo de que es más difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos que un camello por el agujero de la aguja. Pregunten, pregunten…y si les responden de forma plausible me lo cuentan.

Como les decía, la argamasa de nuestra psique está compuesta de muchas incoherencias. En ocasiones he reflexionado ¿de dónde vienen mis ideas, mis convencimientos ideológicos, mis seguridades? ¿Y los suyos, amable lectora? ¿Por qué votamos a la izquierda o a la derecha? ¿Por qué somos feministas o recalcitrantes defensoras del patriarcado? ¿Por qué reaccionamos ante determinadas injusticias o simplemente las consideramos escandalosas?

La respuesta puede ser que la formación social a la que pertenecemos nos condiciona. Sí, es más lógico ser de derechas si se ha nacido rico/a, en mansión con criados y creyendo que se tiene derecho al servicio. Es más fácil ser izquierdista irredento si se nació en un barrio obrero sin mínimos existenciales. Sí…y no. De ser así, pocas o ninguna revolución hubieran sido, porque muchos de los/as grandes revolucionarios/as han sido burguesas, nacidas con privilegios y en muchos casos mantuvieron durante toda su vida. No olvidemos que Carlos Marx tuvo criadas y una de ellas fue su amante durante tiempo. Al revés ocurre algo similar.

Sabemos que los grupos ultraderechistas se nutren de la desesperación de gente depauperada. Encuentran su caladero de voto en barrios populares. Ni todos ni de forma común pero bastantes…Es así, mal que pese.

En la trayectoria de las españolas/es existe una especie de esquizofrenia colectiva peculiar. Somos hijas y nietas de la amalgama formada por las “dos Españas “ Nadie es completamente “puro” Quizá mi propia familia puede ser exponente de lo que apunto. Hija de apolíticos que se aprestaron a subir en el escalafón social en los años sesenta, nieta de familia comunista por parte de abuelo materno y de falangista, el abuelo paterno. Lo nombro porque creo que es sintomático de nuestro país. En muchas ocasiones me he preguntado ¿Qué solapado pensamiento/emoción hizo que yo en determinado momento optara por la izquierda, a veces de forma virulenta? Si fui educada en colegio de monjas, con ideología claramente derechista, con padres que hacían del dinero su tótem ideológico y abuelos marcados por el miedo y el silencio (los maternos, claro, los falangistas hacían cierto alarde)

Es posible que fuera precisamente la educación restrictiva lo que me hiciera dar el viraje por el espíritu contradictorio de llevar la contraria, o la constatación de falaces argumentos frente a la vida que se desarrollaba ante mí y que miraba con ojos críticos y un tanto perplejos. Sinceramente, lo ignoro. Una tiende a creerse estupenda y pensar que fue rebeldía, convencimiento intelectual, lecturas…O todo junto, pero sin eximir el componente emocional que es importante, tanto en la mimetización ideológica familiar como en su contraria.

No negaré la importancia del peso educacional.  Somos hijas de nuestra ceremonia iniciática de vida. Si nos hemos criado bajo unos preceptos inamovibles tendemos a repetirlos. Hay un claro ejemplo en el paladar. Todas recordamos con ternura y amor excelso esos platos preparados por la madre o la abuela que se tomaban en fechas señaladas. Las torrijas de Semana Santa, que para las cántabras son navideñas y las llamamos tostadas. Los caracoles de mi tierra que son devorados con fruición por las mismas personas que jamás tomaríamos una babosa en salsa o una salamandra escabechada ¿Caracoles? Pues sí, caracoles que nos hacen salivar en fechas navideñas.

Esos gustos extraños al foráneo nos marcan de por vida. Las costumbres ancestrales han conformado nuestra identidad social. Comportamientos sexuales incluidos. La pederastia fue norma común en ciertas culturas, incluso el incesto, o las relaciones homosexuales que han basculado de la condena total a una tolerancia permisiva, incluso bien vista en determinadas culturas. Si observamos el lenguaje del cine o de la literatura, de años no muy pasados constataremos lo que indico. Veremos comportamientos escandalosos a los ojos actuales que se consideraban normales en épocas no tan lejanas.

¿Es la costumbre norma social por excelencia? ¿Conformamos nuestra psique en el contrapeso de lo políticamente correcto o nos revelamos con la rabia que producen las imposiciones injustas?  Cuantos fanatismos no encuentran jamás en sus protagonistas más explicación que una emotividad exacerbada ¿Alguien puede justificar racionalmente el odio racial? ¿Quién es capaz de hacer una pormenorizada explicación de por qué debemos pensar que el negro es inferior, el judío traidor, el árabe sucio y ladrón o la mujer débil? Pensamos que es fácil para el palestino odiar al judío, al judío odiar al alemán pero al contrario nos es mucho más difícil concebir que además de victimizar se odie y se justifique racionalmente la victimización del sometido. Claro que tenemos ejemplos tenebrosos de esto que niego, en nuestro país sin ir más lejos un  psiquiatra, el comandante médico Vallejo Nájera describió con detalles pseudocientíficos detallados el llamado “gen rojo” que llevaban las mujeres de la zona republicana por lo que debían arrebatarles a los hijos a fin de “reconducirlos” a la buena senda. Por no hablar de las teorías del doctor Menguele sobre la raza, que tanto Vallejo Nájera, como López Ibor y Morales fueron adelantados discípulos.

Esas terribles teorías, adelantadas muchos años antes en el Mein Kampf hitleriano, fueron el sustento del mayor genocidio de la humanidad  asimiladas de forma absoluta por millones de personas que sin su aquiescencia nunca hubiera sido posible el horror.

Hay una anécdota terrible, contada por Jorge Semprún. Él, fue prisionero de Buchenwald, contaba que desde los ventanucos de su barracón podía divisar a lo lejos un pueblo, con casas habitadas. Al ser liberado, se dirigió a ese pueblo cuya visión le acompañó para comprobar si desde allí se podía ver Buchenwald. Comprobó con espanto que era nítida la visión del horror, de las humeantes chimeneas, del discurrir de humanos que caminaban hacia la muerte como hormiguitas por la blanca llanura nevada. Los habitantes del pueblo convivían con el horror de forma tranquila, nadie hizo nada, nadie se percató del espanto que suponía esa visión. Tal que los habitantes de la Rusia soviética con las purgas. Tal que tantos genocidios humanos que han sido posibles gracias a la pasividad complaciente de las “buenas personas

Quizá sea preciso un análisis del pensamiento pormenorizado al calor de la filosofía más que de la sociología o por lo menos, tanto. Quizá debiéramos ejercitar  nuestra capacidad de análisis para calibrar los pensamientos o las conductas normalizadas intentando darles la vuelta. Como ejercicio de pensamiento activo me parece una muy buena costumbre.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 983 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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