Djuna Barnes

«Según la moral puritana que yo recuerdo, antes se suponía implícitamente que, si uno era laborioso, emprendedor, inteligente, práctico y respetuoso con los convencionalismos sociales, uno tenía una vida feliz y “provechosa”. El fracaso se debía a cierta debilidad o perversidad peculiar del individuo; pero una persona “como Dios manda” no tenía por qué padecer. Ahora es más común suponer que las desgracias del individuo son culpa de la “sociedad” y que pueden remediarse por cambios del exterior. En el fondo, ambas filosofías, por distintas que parezcan en su forma de operar, son iguales. Me parece que todos nosotros, en la medida en que nos aferramos a objetos creados y aplicamos nuestra voluntad a fines temporales, estamos roídos por el mismo gusano. Visto de este modo, El bosque de la noche adquiere un significado más profundo».

T.S. Elliot

 

Djuna Barnes nació en Cornwall-on-Hudson, Nueva York, en 1892, dentro  una familia gustosa del arte que vivía en una colonia de artistas. Su padre Henry Budington Barnes y la madre Elisabeth Chappel  se conocieron estudiando violín en Inglaterra. Tanto su padre como la abuela sentían pasión por el arte que inculcan a la joven Djuna. En su primera infancia se formó en casa, debido a que el padre aborrecía de la escuela reglada, aunque más tarde se traslada con su madre a Nueva York para realizar estudios de arte y literatura en el prestigioso Instituto Pratt de Brooklyn.

Durante su primera infancia, su hogar era frecuentado por diversos artistas entre los que se encontraba Jack London, Franz Liszt entre otros, lo que le supuso un pronto contacto con el arte. En ese periódico realiza entrevistas variadas ilustradas por sus propios dibujos.

A los veinte años, estando en Nueva York, se presenta al Brooklyn Eagle, prensa amarilla de la época con la siguiente frase: «Sé escribir y dibujar; si no me contratáis, seríais idiotas»

Poco después, en 1921, como no podía ser de otra manera, se traslada a París tomando contacto con los integrantes de la  Generación Perdida que vagaba por la capital del Sena en aquel momento. Djuna Barnes, se integra y mimetiza con ellos convirtiéndose en una de sus principales valedoras. Escribe y publica Ryder, novela de autoficción donde refleja parte de la historia de su infancia y juventud. Con esta obra, Barnes, comienza a sacar el gusano del que hace mención su amigo y mentor T.S. Elliot. El gusano que corroe la parte interna de una burguesía bien vestida y correcta que mantiene pasados oscuros y ocultos. Cuenta de forma solapada, como fue violada por un vecino con la aprobación de su padre, contando dieciséis años y la velada confesión del incesto a la que su abuela la somete durante su infancia. Queda en duda si fue violada también por su padre…

Más tarde publica el pastiche Almanaque de mujeres, inspirado en el salón literario sáfico de Natalie Barney del que forma parte, describiendo con apacible y perfecta prosa el ambiente marcadamente homosexual de las reuniones literarias.

En esa época conoce a la escultora Thelma Wood,  mantiene con ella un apasionado romance que dura ocho años. Al romper la relación, Djuna se hunde en una depresión acuciada por el alcoholismo que ya padece. Escribe en esa época, 1936, su obra cumbre El bosque de la noche.

Mantiene una vida social importante en París, pero su obra carece de éxito popular, por lo que sus ingresos son irregulares. Su amiga y protectora Peggy Guggenheim se encarga de patrocinarla hasta el final de sus días. Djuna intenta otra relación con un hombre de su círculo hasta que se aburre y lo deja.

Cuando estalla la II Guerra Mundial, su depresión y alcoholismo  se tornan peligroso además Paris está a punto de caer bajo la bota nazi. Guggenheim la convence para tornar a Nueva York donde le alquila un pequeño apartamento en un callejón del Village, el número cinco de la calle Patchin Place, donde se refugia y durante cuarenta años no vuelve a salir a la calle. Es apodada por ello, la Garbo literaria.

Durante esos largos años, escribe de forma convulsa pero no consigue  hacer nada de valor. Deje la bebida pensando que es debido a su adicción la sequía que la aqueja, pero sigue descartando casi todo lo que realiza.

Las pocas personas que consiguen entrar en el apartamento, cuentan que el suelo se haya regado de papeles, servilletas arrugadas escritas y tiradas por carecer del valor por ella requerido.

El enorme talento de una literata que deslumbra a T.S Elliot, a Proust y de la que dice, Dylan Thomas que ha escrito uno de los tres libros mejores de la literatura realizada por mujeres, se ha secado. Anaïs Nin, Karen Blixen, David Foster Wallace, reconocen el gran influjo en su propia obra, y el valor de  que junto a Proust se atreviera a poner protagonistas homosexuales en su obra, no vuelve a escribir o lo que produce no es de valor.

Durante su encierro se convierte en figura mítica, Carson MacCullers , Anaïs Nin, Susan Sontang merodean por la zona por si la ven en algún momento, esperando el milagro de su aparición. Algunos de sus admiradores le dejan flores en el buzón con notas amables, incluso llaman a su timbre, obteniendo exabruptos de Djuna Barnes: “el que toca mi timbre podría irse al infierno…” El encierro y quizá sus propios demonios la han convertido en una misántropa amargada y distante de la sociedad. Un personaje de una novela de Anaïs Nin lleva el nombre de Djuna, en honor a ella, lo que la enfada y niega para siempre la palabra a Nin.

Su único medio de vida es la paga que le sigue pasando Peggy Guggenheim y una beca tardía que recibe.

Nadie le hace salir de su guarida. Muere a los noventa años, en 1982, posiblemente de inanición. Fue encontrada por los vecinos pasados unos días.

Fue una escritora importante, que mostró la cara oculta y morbosa que mantienen oculta las personas “normales” Una precursora y una literata de la talla de Virginia Woolf que mostró un lado feminista y crítico.

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1100 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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