Elegido

-Suena a profecía, ¿elegido para qué?
– Tenemos una amiga común y a los dos nos ha engañado. A ti te prometió la luna y te dio toda la vida para que disfrutaras de ella, cuando se cansó de ti, te abandono a tú suerte.
A mi me prometió la paz, solo sacrificaría a asesinos, narcotraficantes, proxenetas y maltratadores. Y así hemos estado largos años, pero en su carta decía que era una vida aburrida. Que no quería jugar a ser Dios, que ahora en vez de matarlos se unía a ellos. Amante del riesgo, novia de la muerte, ha vuelto para matar, ¿cuántos como tú caerán en su trampa?
A ti ya todo te daba igual, por eso estabas aquella noche en el desfiladero, necesito que me ayudes a encontrarla. Conoces todos los lugares nocturnos por los que ella se mueve y donde descansa.
-No será difícil encontrarla sumergida en la noche de esta ciudad, conozco las contraseñas y a los porteros de todos los garitos. Ahora, donde descansa, no lo sabe más que ella, cada día lo hacía en un lugar diferente.
Te ayudaré a encontrarla y ahí se acabará mi deuda contigo, después quien sabe igual vuelvo al desfiladero…Pero a ver la luna, jajaja.
Tardé una semana en localizarla, ya que había cambiado los lugares de ocio, ahora se juntaba con toda la chusma de la ciudad, políticos, empresarios, curas y gente de bien, como la calificaba la prensa amarilla.
Llamé a Andrea y juntos esperamos en el aparcamiento del local, siempre solía salir una hora antes del amanecer, tenía el tiempo justo.
La puerta se abrió, iban uno colgado sobre el otro, casi no se tenían en pie. Andrea fue a su encuentro, cuando la vio, apartó a su acompañante de un empujón y se puso en guardia.
-¿Qué haces aquí?
– Tenemos que hablar
-No hay nada que hablar, te lo dejé bien claro, quiero la ciudad, hermanita.
-Por encima de mi cadáver.
El acompañante se dirigió hacía Andrea, tenía los ojos inyectados en sangre, los colmillos por fuera de la boca, salto desde un coche para coger impulso y dejó grabadas todas sus uñas. Andrea se apartó la capa y sacó la ballesta automática, hizo tres disparos, el ser desapareció en el aire, sus cenizas no llegaron al suelo, ya que corría un poco de viento.
Alberto Allen
Sobre Alberto Allen del Campo 6 artículos
Escritor de relatos

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