Matilde de la Torre (parte segunda)

En 1934 da el salto a la política activa y presentándose  como diputada al Parlamento español. No  lo hace por Cantabria,  aunque en un primer momento fue anunciado,  quizá, con razón, se pensó que  había poca esperanza de voto debido al proverbial conservadurismo de nuestra región (provincia entonces). Se le propone presentarse por Asturias y es elegida diputada con 84.410 votos. Su amada amiga María de  Lejárraga  sale , a su vez por Granada… compartiendo  escaño con otra mujer conocida,  Dolores Ibarruri, que también es elegida por Asturias.

Durante los años republicanos, Matilde se ha desplegado para llegar con su mensaje a todo el mundo. Además de parlamentaria, funda ateneos en los pueblos, crea bibliotecas con el fin de llevar la cultura hasta el último confín de la Cantabria rural en la seguridad de que las letras y los libros rompen las cadenas mucho mejor que las armas, y que la revolución puede salir de las páginas de un buen libro. Matilde de la Torre es una activista cultural y con el amor al pueblo que profesaba se presta a llevar la cultura hasta el último rincón.

En 1933, aunque ella es elegida diputada por el Partido Socialista, las izquierdas pierden las elecciones ese año y todo se tiñe de gris para las personas que creen en un progresismo y esperaban más de la República.

Matilde de la Torre vive los acontecimientos revolucionarios asturianos con desesperanza. Quizá pensara, como tantas, que la República solventaría por sí sola los problemas endémicos de nuestro país, para comprobar con la dureza de los resultados electorales de 1933 que los tímidos avances y las precarias modernizaciones se  funden en el negro de la represión del bienio oscuro. Se deshace lo poco logrado, mientras los mineros asturianos frustrados, desesperados por las injustas y tiránicas condiciones laborales se levantan y, como ensayo general de lo que se viviría después, llegan las tropas al mando de un pequeño generalito de voz aflautada que casi nadie conoce, tan solo los compañeros africanistas. Franco, además de casarse en Asturias, arrasa a los revolucionarios, a sangre y fuego.  Los que no mueren en las escaramuzas, son encarcelados sufriendo graves torturas carcelarias que diezman a los   mineros. Matilde de la Torre, no se resigna y defiende  a  sus votantes con valentía y el arrojo acostumbrado. Con su prestigio de diputada se impone visitar las cárceles donde  languidecen los bravos revolucionarios, se enfrenta a las autoridades por las torturas que han recibido los trabajadores e intenta denodadamente mejorar las condiciones carcelarias. Y lentamente su pensamiento político se va escorando más a la izquierda. Quizá no tanto por  convencimiento intelectual como por el contraste social que la lleva a posiciones radicales.

En 1936 vuelve a presentarse. Las izquierdas han aprendido la lección de las anteriores elecciones. Esta vez van juntas, para que no ocurra como en el 33 que la desunión les arrebató el poder puesto que en número de votos, ganaron las izquierdas pero al ir fragmentadas perdieron muchos escaños. Se forma el Frente Popular y Matilde gana de nuevo su escaño, con 170.663 votos. Sacó alguno más de Dolores Ibarruri.

Las derechas latifundistas y reaccionarias de nuestro país  sabían que lo que no se ganaba de forma legal podía ganarse de forma violenta. Habían realizado un tímido ensayo que resultó un fiasco, la Sanjurjada. Les sirvió para  hacer las cosas bien la  siguiente vez. Tenían generales dispuestos a sacar las tropas, los países del Eje –nazis y el fascista Mussolini-  apoyando con armas y dinero además de que  el capital de las grandes fortunas de aristócratas era entregado sin regateo ninguno. Contaban con  la oligarquía rural que se encontraba enriscada y llena de violencia temiendo una reforma agraria que dinamitara sus cotos de caza y el trabajo de los aparceros en poco más o menos esclavitud. Todas las fuerzas reaccionarias confluían en denostar a la República que se tambaleaba entre indecisiones, trifulcas partidistas y políticos sin mucha vista social, todo hay que decirlo.

El 18 de julio de 1936, Matilde, como el resto de España, se levanta con la grave noticia de que se ha producido un golpe de estado que ha fracasado. La indecisión y el titubeo de Casares Quiroga pierde un tiempo precioso para parar a los sediciosos. Cuando al fin el gobierno legal reacciona, el augurio es oscuro, los golpistas tienen armas, dinero y poder. La guerra civil comienza y ahí se trasforma Matilde en la gloriosa mujer que nos produce asombro y admiración.

La joven profesora, la folclorista, la conversadora intensa, la literata y diputada,  ha envejecido. Está enferma porque no curó una neumonía antigua que la produce sufrimiento y desasosiego. A su cargo tiene al hermano inválido, Carlos de la Torre. Y sobre todo, se ha quedado casi ciega. Apenas ve, le cuesta leer y escribir. Da igual, se las ingenia para hacerlo y sin hacer caso de la precariedad de su salud. Matilde , se trasforma en luchadora infatigable por la legalidad republicana.

El gobierno de Largo Caballero la nombra Directora General de Comercio y Política Arancelaria, en 1937, ella no se considera capacitada para el cargo haciéndoselo  saber al ministro que la impone silencio  y le responde: “Eso de la competencia soy yo quien tiene que determinarlo, no la interesada al que afecta el nombramiento

Para entonces, las tropas golpistas han entrado en Cantabria, antes Santander. El Frente Norte va cayendo como castillo de naipes. Primero Euskadi, luego las tropas facciosas avanzan por el sur de Cantabria hasta la capital. En Cabezón está la solitaria casa de la diputada, que se encuentra en Madrid. El hogar que fue ágora de cultura  guarda una biblioteca de más de 3000 volúmenes, cuadros y recuerdos de una familia extensa y cariñosa. El viejo piano que adornaba las tardes familiares, andaba mudo en espera de mejores tiempos. Los recuerdos de los hermanos muertos, del padre, de la madre… En el avance de las tropas llegan al pueblo que la vio nacer.

Las milicias falangistas triunfadoras y borrachas de poder,  incautan la casa, los libros son devorados por el fuego que hacen en el patio, los patriotas, como colofón se añade el cuadro de Matilde de la Torre, que arde entre las ascuas de sus amados libros, quedando unidas las cenizas de todo ello. Se dice, se comenta, que aun hoy, parte del mobiliario de la escritora y folclorista cántabra anda desperdigado por alguna de las casas del pueblo…En especial ese maravilloso piano en que primero tocaba su madre y luego ella, las canciones de la tierra y obras clásicas. Seguro que si visitamos alguna de las casas principales de Cabezón nos topamos con él…Seguro.

Es un patriotismo perverso que quema la cultura, que arrebata lo más excelso que tiene un país que son sus libros, su arte y su convivencia. Patriotas, los llaman.  Nadie interviene en su favor, la familia antes tan unida la deja sola uniéndose al coro de los que queman y arrasan su patrimonio. Concha Espina, que lloraba por la mutilación de una virgen a la que tenía mucha devoción y clama a Millán Astray para que sea considera mutilada de guerra (la virgen, no ella) no mueve ni un ápice a favor de las propiedades de la pariente, más bien al contrario.

(Carta de respuesta de Millán Astray a Concha Espina en la que vemos el aprecio del general:

Insigne y gloriosa Concha Espina:

Muchas gracias mi tan querida como admirada escritora, por haberte acordado de mí al encontrar a tu Virgen del siglo XVI. Mutilada de Guerra por Dios y por la Patria en la liberación de España. Bien has encaminado tus pasos, pues es a mí a quien cabe el honor de ser el encargado de velar por nuestros gloriosos Caballeros Mutilados de Guerra. Y ya son Caballeros Mutilados en esta guerra las tallas del Santísimo Cristo de la Parroquia del Sagrario de Málaga y el de la Parroquia de Maravillas de esta Capital. Y ahora uniremos a esas imágenes cercenadas por las hachas y los tiros de los rojos ateos, la Inmaculada del siglo XVI por la que tú sientes tanta ternura y veneración, y ante la que, en el nombre de todos los Mutilados, te suplico con todo mi cariño que nos representes y seas tú la que condecores con ese Distintivo que la ofrendamos, y la des el culto y los honores que le corresponden a esa imagen, en su nueva y gloriosa categoría de «Mutilada de Guerra por la Patria».

Con el cariño y admiración que todos los españoles sentimos por nuestra Concha Espina, te besa las manos, tuyo. Millán Astray

Es posible que las diatribas de doña Concha y de Fernando Gutiérrez Cueto, incrementaran el martirio de la casa familiar de los de la Torre. Tiempos duros que rompe familias y converge el odio saliendo a flote bajos instintos.

Matilde, tal como dijimos, casi ciega, maltrecha y con unos años que no propician la mejoría se despliega por la geografía española como integrante de un gobierno que camina a trancas y barrancas por la piel de toro. Marcha a Valencia ,  muy a disgusto porque  tiene la firme creencia de que los gobernantes debieran estar con el pueblo y critica ácidamente el abandono del Madrid sitiado. El Madrid del No Pasarán que se queda solo ante el asedió fascista.

Matilde va cada poco a Asturias, porque quiere sentir y que la sientan cercana sus electores. Odia y teme absolutamente el avión, tiene verdadera fobia a ese aparato que lo ve como un monstruo que vuela sin seguridad. No obstante sale muchas noches de Madrid en un viejo y destartalado bimotor que tiembla y racanea cerca de las nubes para llevar armamento y vituallas a los asturianos. Sube aterrada al viejo aparato. Su lividez la delata por el miedo que la atormenta al subir al bimotor pero no por eso se arredra. Sobrevuelan líneas enemigas…Burgos, Valladolid,  con el consiguiente agravante de que si tienen que aterrizar o sufren cualquier incidente los resultados, de ser apresados por los fascistas, dejarían pocas dudas a su final. De noche, el miedo no se nota tanto, debió de pensar Matilde con cada viaje. Había que hacerlo y se hizo, se diría la mujer.

Visita el frente, alienta a los soldados, como también lo hacía otra mujer de hierro, Dolores Ibarruri. Quizá los tiempos duros forjan el carácter hasta hacerlo invencible, o precisamente llegan esa estirpe de mujeres y hombres valerosos para darnos cuenta del valor de la dignidad y el honor.

 

 

En Cantabria, su familia, o lo que queda de ella  desprecian la labor de la insigne mujer. Concha Espina, antes ferviente divorcista y mujer de rompe y rasga que tuvo el valor de hacer un desplante al rey Alfonso XIII, se ha reconvertido en furibunda franquista y dedica duras y agrias palabras a Matilde. Por no hablar de su tío Fernando Gutiérrez Cueto que le dedica unas estúpidas y crueles coplillas:
La apóstola o pitonisa

del comunismo exaltado

que de casaca ha cambiado

más veces que de camisa.

Esta que les mostramos es una de las más suaves. Las hay más hirientes y sarcásticas que no desacreditan a Matilde de la Torre sino a quien las profiere. Concha Espina, en sus escritos muestra un contumaz resentimiento y ofende de forma gratuita a su, antes amiga y siempre pariente. Entendemos que quizá fuera   el influjo del hijo de Concha, Víctor de la Serna, contumaz falangista y nazi confeso (fue espía, dirigió el diario Informaciones, correa de trasmisión de Hitler en España, amigo intimo de Skorceny, hasta el punto de ser su padrino de boda) y la terrible subsistencia bajo el franquismo lo que la hizo convertirse en falangista y defensora de la dictadura de la que recibió prebendas y medallas. Tampoco la biografía realizada por la hija de Concha, Josefina de la Serna,  fue ecuánime con Matilde de la Torre, ayudando al descredito cuando ya había pasado la virulencia de los primeros años del franquismo.

Oviedo está asediada y maltratada por las tropas golpistas como antes lo estuvo Santander, cae al poco tiempo y Matilde sigue al gobierno en el desempeño de sus funciones gubernamentales con la tristeza y la intuición de que la guerra se ha perdido irremisiblemente y el futuro trágico del país será el mismo que correrá ella.

Matilde nos dejará unos extraordinarios escritos sobre la política de los sucesivos gobiernos republicanos durante la Guerra Civil, realizando no solo perfectos retratos de los hombres que detentaban el poder sino de las situaciones peculiares a las que se veía sometida la población y ella misma. Tienen un enorme valor histórico para entender cómo se vivía y que maniobras se realizan en los sucesivos gobiernos así como vive muy de cerca los desencuentros y las disputas entre los integrantes del Frente Popular, que le debilitan y exponen a la ciudadanía a mayores riesgos. El libro que recoge las apreciaciones de Matilde sobre la época es Las Cortes republicanas durante la Guerra Civil, y es un grato recuento de la historia de nuestro país. Es una obra tan doliente como desgarrada que está escrito con una prosa precisa, y no exenta de la tristeza que invade a una mujer que ha visto solapados todos sus ideales y augura un triste final para la utopía que le ha conducido hasta el momento.

 

Matilde, ya hemos dicho, que se ha radicalizado durante la guerra. Hay dos formas de entender la política del momento en su propio partido, la que defiende Indalecio Prieto, su amigo, recuerden, y la seguida por el doctor Juan Negrín. Ambos socialistas comparten partido. Ambos cultos, honestos,  inteligentes y buenos políticos, se enfrentan por la diferente postura ante la guerra. Indalecio defendiendo una conciliadora con el otro bando. Considera que la guerra está perdida casi desde el principio,  su intención es  ahorrar sufrimientos al pueblo español. El propio carácter depresivo de Prieto, ahoga  la percepción sobre la situación en la que brega con un decaimiento enfermizo y derrotista. Dentro del gobierno bastantes consideran  inútil mantener la guerra  ya que desde la caída del Frente Norte, que es donde estaban las fábricas de armas, y la producción de alimentos, va de mal en peor y el triunfo de los golpistas es inevitable. Manuel Azaña abunda en las teorías prietistas que abogan por una rendición temprana. Están bien documentados los ingentes esfuerzos realizados por el doctor Negrín para que Manuel Azaña regrese a España desde su exilio francés…cosa a la que se niega el dirigente de Izquierda Repúblicana. No les falta razón a los que opinaban que todo se había perdido, pero la opinión del presidente del Consejo de ministros, doctor Negrín, es ver más lejos. Contempla la situación internacional y lee el futuro con la certeza de visionario.

Negrín, sabe que no puede ganar, pero sí puede ampliar el tiempo, estirarlo hasta que los países democráticos  entren en conflicto con las potencias del Eje. Hasta que la traidora Inglaterra se dé cuenta de que no se puede pactar ni calmar al tigre nazi con componendas  y entienda que la primera batalla de esa guerra mundial se está  librando en España.

Tiempo, quiere Negrín. Tiempo y resistir (palabra mil veces repetida por él y por Matilde: resistir, resistencia)  para empalmar la guerra española con la mundial. Tiempo para que los que están bajo yugo fascista puedan huir y ponerse a salvo de las garras fascistas que arrollan a sangre y fuego en los territorios conquistados y los que se sublevaron. Sabe que las tropas fascistas y los carroñeros que los siguen no tienen piedad. Sabe que en la guerra se muere pero en la postguerra se seguirá muriendo con más crueldad y  sin esperanza. Tiene certera información de lo que está ocurriendo en las ciudades y pueblos que toman los rebeldes, incluso en las zonas que se mostraron afines al golpe desde el principio.  Hay una desesperada intentona de Negrín de que las democracias europeas se impliquen en apoyo al gobierno legal, abandonando una terrible neutralidad y dejando campar la ayuda de Hitler y Mussolini a los rebeldes.   Marcha a Suiza para exponer, en un sentido discurso en la Sociedad de Naciones, la enorme beligerancia de los gobiernos del Eje y el abandono en que vive la República española. Matilde recoge el discurso y la impresión de derrota que el doctor Negrín tiene a su regreso a España con las manos vacías. La de Cabezón se rebela, se enfada de verdad con las democracias que no perciben que en España se libra la primera batalla contra el fascismo. Y se rebela contra la Sociedad de Naciones que no sabe defender ni la verdad ni la democracia.

Al final, ganaron los que pensaban como Prieto, minados y manipulados por la Quinta Columna ceden al desafío. El golpe de Casado y la traición de unos cuantos como Cipriano Mera, anarquista, Julian Besteiro,  socialista, el general Miaja y figuras de calado menor, que  entregan Madrid a los sublevados y el uno de abril de 1939, cautivo y desarmado el ejercito republicano y legal, se entrega a las hordas fascistas. Luego ya todo será plomo y hielo. Duró cuarenta años. Aún perduran sus flecos.

Continuará…

María Toca Cañedo

 

Sobre Maria Toca 1339 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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