Noches de luna roja

La de ayer fue una de aquellas noches de inmensa luna roja. En las fiestas alternativas de Vallekas se concentraban miles de jóvenes en un parque del barrio. Cuando el reloj se acercaba a la medianoche, mandaron pararlo todo: las barras, las casetas y los conciertos. Un muchacho tomó el micrófono para recordar que un trabajador del barrio, operario de limpieza de 60 años, había muerto el día anterior apenas a unas calles de allí.
Un golpe de calor, mientras la ciudad estaba en aviso naranja (el día anterior registró la mayor temperatura de su historia), le tumbó y se desplomó en plena calle, a una hora en la que se registraban alrededor de 40 grados.
El alcalde sonriente, esta misma semana, escuchó en una entrevista en la SER a un trabajador de la limpieza denunciar que los uniformes de poliéster que utilizan empeoran las condiciones laborales en las olas de calor, algo que el alcalde desconocía por completo. Le pedían hacer algo para proteger a los trabajadores, que en muchos turnos trabajan continuamente bajo el sol.
Pero a Madrid no lo gobierna un Ayuntamiento, sino una Agencia de Contratación, que poco se preocupa por cuidar a sus trabajadores en este capitalismo de casino. Al igual que la Comunidad, solo saben adjudicar contratos (hasta para decidir qué proyectos adjudicar), y siempre a los mismos grandes grupos: Ferrovial, FCC, Sacyr, OHL, Acciona (algunas de ellas a través de subcontrataciones a empresas en manos de fondos buitre…), siendo la ciudad que más gasta en contrataciones de limpieza para que cada día veamos la misma discriminación que en los peores momentos de la pandemia (cuando, mediante confinamientos selectivos, viajaban los trabajadores de los barrios más pobres a servir las copas a los guiris y ciudadanos de los barrios ricos) o tras el paso de Filomena, cuando se priorizó limpiar zonas selectivas de los barrios pudientes.
Almeida prometió mejoras, pero sus promesas solo pueden ser como las de Ayuso. Lo único que hizo la presidenta (y por lo que la endiosaron los hosteleros, borjamaris y pequeños empresarios) fue permitir esa libertad de ir a trabajar o abrir el negocio, pero que cada uno se busque la vida si se contagia. Porque ella realmente no ayudó con un euro al sector y desmanteló el servicio público de salud para beneficio de los mismos grandes grupos (Ferrovial, ACS, Sacyr, Acciona…). Todo un inmenso y redondo negocio.
Rompiendo el silencio de las fiestas, el vecino reclamaba que, al igual que no podemos seguir con el miedo a que nuestras hermanas o hijas vuelvan a casa sanas y a salvo por el terror machista (algo que a Ayuso le da para hacer comentarios que en cualquier país civilizado merecerían una disculpa o algo más), no podemos vivir con el miedo a que nuestros padres o abuelos puedan morir en el trabajo porque sus responsables andan jugando al monopoly sin tener ni idea de las condiciones laborales de sus empleados.
Y que deje de no pasar nada, nunca.
Que estas muertes griten sin tregua
hasta dejar muertos de vergüenza a sus responsables.
Y que el silencio no los pierda en el olvido.
Igor del Barrio
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Periodista. Bloguero.Escritor

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