Nuestra parte de la noche. Premio Herralde de novela

“Nuestra parte de noche” tiene partes realmente asombrosas y un tratamiento de lo terrorífico que me ha interesado mucho. Me encanta que la autora se intertextualice a sí misma, que incorpore en el centro de la novela, en la sección que para mí supone la cima de la narración, uno de los relatos que más miedo me ha dado en mi vida. “La casa de Adela” jugaba con el misterio de una desaparición, la de una niña, Adela, la tarde en que se adentra con sus dos amigos en una casa abandonada que les fascina. Adela es un personaje repulsivo y conmovedor, una chiquilla a la que falta un brazo, rubia, pero de dientes amarillentos, dada a fantasear por el origen de su mutilación. El cuento es aterrador porque se narra de forma magnífica lo sucedido en el interior de la casa maldita. La narradora superviviente contaba lo que allí encontraban. Estanterías llenas de uñas y dientes, una luz imposible en una casa abandonada, límites movedizos, puertas que se abren y se cierran solas. Los tres niños invaden un espacio doméstico maldito, del que se cuentan leyendas en el barrio. Adela no tiene miedo y se adentra en una habitación que parece tragársela. Nada volverá a ser lo mismo a partir de entonces. Los policías, la madre de la niña perdida, no creerá lo que le cuentan sus amigos, aún en estado de shock. Todo lo que ellos creen haber visto en el interior ha desaparecido cuando se lleva a cabo la investigación y la ausencia de datos sobre Adela acentúan el remordimiento y las secuelas en los dos chiquillos que sí lograron salvarse de esa casa carnívora. Enríquez lograba asustar con esa elipsis atroz, con ese no saber nada más de Adela, que recuerda el duelo sin cuerpo de tantas familias de desaparecidos durante la dictadura argentina. Es decir, un motivo del fantástico clásico, la mansión encantada, maldita, se actualiza, de forma que el miedo se contextualiza perfectamente, se hace real, posible, para los lectores contemporáneos.
En la novela se inserta el relato con algunas variaciones, como el narrador en tercera persona o las modificaciones en los personajes que acompañan a Adela en su aventura fatal. Se desvelará el misterio de lo ocurrido, que en el cuento se dejaba en suspense. Y esa revelación resultará muy coherente con la trama de la novela, con la visión crítica, política, de la realidad que ofrece. En “Nuestra parte de noche” se habla de la diferencia de clases, del poder cruel y omnipotente que ejerce una minoría elitista que no duda en usar toda la crueldad del mundo en su afán de controlar las fuerzas oscuras que rigen la existencia humana. Esos personajes acomodados, que disfrutan del dinero y la pleitesía de las fuerzas armadas, que cuentan con influencia y contactos en los sectores más relevantes de la sociedad, manejan los hilos de una secta secreta en la que utilizan como material desechable, como carnaza, a seres humanos sumidos en la miseria, sin posibilidad de defenderse ni de escapar de sus garras.
Esta forma de abordar la realidad, de señalar la explotación de los más vulnerables por parte de una élite despiadada, me parece uno de los grandes aciertos de la narrativa de la autora. Nunca opera en el vacío, nunca inventa mundos fantásticos sin más. Se instala en el nuestro y descorre el velo para mostrarnos lo muy siniestro que es.
Patricia Esteban Erlés

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