¿Por qué en una crisis epidémica entramos en histeria y acumulamos papel higiénico?

Como siempre, nada es porque sí y todo tiene una razón de ser, aunque no lo parezca. Lo he oído en decenas de lugares antes de que se decretara el estado de alarma,
normalmente acompañado de risas y a veces de indignación por el incomprensible
desabastecimiento de papel de váter.
Aunque es cierto que el desabastecimiento no ha sido exclusivamente en papel higiénico,como hemos podido observar, este ha sido el que más nos ha llamado la atención. Es lógico pensar que alguien se compre comida, aunque sea en cantidades completamente surrealistas. Del mismo modo que también es comprensible que compremos productos de limpieza o para prevenir el contagio (mascarillas, guantes…). Hasta ahí normal o no tanto, pero comprensible.
Las necesidades básicas para los seres humanos son más o menos las mismas:
alimentación, refugio, higiene, vestimenta… pero luego hay otras necesidades que se
pueden apreciar en ciertos momentos o que simplemente son creación cultural o tienen
alguna influencia en ellas.

La higiene es una necesidad humana y lo es, precisamente porque cuanta más salubridad menos morbilidad y mortalidad. Podemos verlo en países donde no la hay. En territorios donde el sistema sanitario no existe la morbilidad y la mortalidad son muchísimo más altas, es decir, enferma y muere mucha más gente. Las políticas de salud como la vacunación o la simple potabilización del agua no están en el debate público, porque sabemos que funcionan. Por tanto, el concepto de higiene que tenemos se correlaciona con tener buena salud y además es cierto. Por ejemplo, lo primero que hacemos cuando nos hacemos una herida es limpiarla, es automático. A nadie le daría igual hacerse un corte y dejarlo sucio. Lo limpiamos enseguida, porque sabemos que suciedad y herida abierta es igual a infección o enfermedad. Por tanto, prevenimos esa situación con medidas sanitarias. Lo hacemos nosotros y cualquier otro animal.
José Carlos Ruíz en el libro: “El arte de pensar” decía que pensar es la unión proporcional entre la razón y la emoción. Es decir, un pensamiento contenido y uno pasional al mismo tiempo. Lo primero es “la verdad” y lo segundo “nuestra verdad” y la suma es una respuesta humana que nos permitirá vivir en comunidad. Es decir, si la gente hubiera ido al Mercadona pensando, habría hecho este proceso:
– Me da miedo el coronavirus (emoción)
– Me informo a través de fuentes fiables (razón)

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– Compro lo que necesito (respuesta cívica)
Pero no todo el mundo piensa y de hecho la mayoría de nosotros no lo hacemos nunca o casi nunca y además se le suma una situación de pánico, de crisis, de estados de alarma, de falacias acientíficas y de medios de comunicación irresponsables que nos bombardean con noticias con carga desinformativa con la única finalidad de vender y claro, qué puede salir mal. Todo eso está cargado de “emoción”, no de “razón” y nos desequilibra la balanza.
Además en ese desequilibrio emocional, cuando ya estamos alterados, cualquier respuesta racional nos parece falsa y cualquier medida insuficiente. Simplemente no nos las creemos, porque las respuestas científicas son puramente racionales. ¿Cómo nos vamos a creer a un médico que nos está dando pautas, como la de limpiarnos las manos, cuando vamos a morir todos? Y además lo hacemos mal. Ahora sí que es el fin.
Por otro lado, nos encontramos con cómo funciona la ansiedad. La ansiedad es natural en los seres humanos, nos dota de respuesta ante el peligro. Imaginad que estáis en frente de una serpiente muy venenosa. Se empezarían a activar mecanismos de huida. Palpitación y respiración más rápida, para llevar más oxígeno a los músculos para escapar y/o defendernos del enemigo que nos está amenazando. Da igual si tenéis al lado al mayor profesional y conocedor de serpientes venenosas que os diga que os debéis estar quietos, os moveréis. En ese momento somos incapaces de razonar. Querer escapar de esa situación nos genera impulsos nerviosos y pensamientos de huida. No nos quedaremos quietos pensando: “ah, si lo dice él que tiene el título colgado en el salón, me quedo quieto hasta nueva orden”. Nos fiamos más de nuestros instintos, más veces de las que nos pensamos.
Sin embargo y curiosamente esa característica humana suele generar justo lo contrario de lo que pretende. Si para evitar un mordisco de una serpiente nos tenemos que quedar quietos y nos movemos, nos morderá. Si para evitar el contagio por aglomeración colapsamos las tiendas de comestibles, nos contagiaremos o aumentamos la probabilidad de que ocurra, porque nos aglomeramos. Si desabastecemos las tiendas con productos sanitarios adquiriéndolos de forma descontrolada, no conseguimos que la sociedad tenga acceso y es tan negativo que no mantengamos una higiene nosotros como que no la mantenga el vecino, porque desabastecemos. Por tanto, son respuestas ansiosas, basadas en la histeria colectiva y que a muchos os parecerán una locura y así es.

La situación ante el COVID19 es la misma. Hay una amenaza, en este caso sobre una
enfermedad, que automáticamente nos genera una reacción y respondemos de esa manera para protegernos. ¿Cómo? Reuniendo productos necesarios para vivir durante una larga estancia encerrados en casa. Como no podemos huir realmente, nos protegemos.
Ahora imaginad que no estáis solos ante esa serpiente, sino que hay 20 personas en una sala, una serpiente venenosa y una sola puerta de salida. Un experto en serpientes
venenosas os dice que os quedéis quietos o que sino morirán algunas personas, porque la serpiente reaccionará ante ese movimiento ¿Pensáis que todo el mundo se quedaría quieto o algún listillo consideraría el bien propio como más relevante que el común?
Eso es lo que están haciendo las personas que compran 10 kilos de carne, 12 paquetes de papel de váter y llenan los carros con kilos y kilos de arroz, legumbres como productos de todo tipo. Intentar escapar sin pensar en las consecuencias derivadas de sus actos.
Esto no es solo un problema de desabastecimiento de papel de váter, es un problema grave de individualismo, de falta de cultura democrática, de enormes dificultades para respetar el trabajo y la evidencia científica y pensar que la supervivencia de uno no depende del entorno, sino basarlo en la ley de “tonto el último” y en el ejercicio de un egoísmo que nos conduce directamente a las consecuencias que se pretenden evitar.
Entonces, ¿por qué compran papel de váter? Por todo lo anterior, intentan cubrir una
necesidad básica (biológica) de una forma completamente desproporcionada por miedo
(emoción-crisis) para salvarse de un desabastecimiento provocado por ellos mismos
(individualismo sistémico) y por la lectura socio cultural que considera que cagar es
vergonzoso y, por tanto, un tema tabú. Muchos sociólogos lo consideran un comportamiento gregario.
Conducta gregaria es la tendencia que tiene la máquina humana de mezclarse con las otras sin distinción ni control de especie alguna. Veamos lo que se hace cuando se está en grupo o entre una multitud. Estoy seguro de que bien pocas personas se atreverían a salir a la calle y lanzar piedras contra alguien. Sin embargo, en grupo lo hacen. Alguien puede infiltrarse en una manifestación pública y exaltarse por causa del entusiasmo. Terminará lanzando piedras junto con la multitud, aunque después se pregunte por qué lo hizo. El ser humano se comporta de forma diferente cuando está en grupo, y realiza cosas que nunca haría estando solo. ¿A qué se debe esto? Se debe a las impresiones negativas a las cuales abrió las puertas. Así, acaba haciendo lo que jamás haría solo.” Autor: V.M. Samael Aun Weor
Esto no es solo un problema de epidemias, ni de crisis, ni de desabastecimiento, es un
problema de pensamiento crítico. Ahora mismo tenemos la constatación de los retos a los que nos enfrentamos: saber pensar, asumir que no lo sabemos todo, escuchar a quien sí, respetarnos mucho más, tener más conciencia como comunidad y actuar en consecuencia.
Del mismo modo que no nos protegemos de la serpiente venenosa haciendo lo que nos da la gana o escuchando un nuevo vídeo aleatorio de Instagram de Dulceida de “10 tips para evitar ser envenenado por una cobra”, no es tan necesario un aplauso colectivo al personal sanitario como votar en las elecciones para que gobierne alguien que proteja el sistema sanitario. Eso sí es aplaudirles.
No hay desabastecimiento de papel de váter, sino de cultura democrática.

Antoni Miralles Alemany

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