Que me quieran.

«Cuanto más autónoma o menos necesitada me muestro, más miedo tengo a perder algo de lo que se denomina feminidad o a resultar menos deseable, tengo que confesarlo», me dijo ella en consulta.
Como dice la maestra Jessica Benjamin, en cada una de nosotras la dominación inherente a la estructura patriarcal está anclada muy profundamente y el deseo de reconocimiento y de que nos quieran puede llevarnos al sometimiento y a que la sumisión se convierta casi en el precio a pagar por ser amada.
Esta necesidad de ser querida, muy querida, hace que si se materializa y la percibimos nos valoremos, tengamos más ganas de vivir y de desarrollarnos y nos otorguemos entonces valía y suficiencia.
Pero para que esto ocurra y por encima de nuestra seguridad, autonomía o dignidad se dé, es casi una obligación poner al otro en el centro y gastar muchas energías en saber qué necesita ÉL y los demás.
No se trata de no tener vínculos o amor, se trata de no tener que elegir entre los demás y tú.
Se trata de saber a ciencia cierta que no sólo a través del amor nos construimos y que la búsqueda de seguridad y reconocimiento por encima de todo nos sitúa en desequilibrio a la primera de cambio.
«El dejó la relación después de cinco meses, sin una explicación clara y con muchos te quiero y te amo mediante, María. Y yo tuve un dolor agudo, ansiedad y una colonización del pensamiento acerca de él durante mucho tiempo.
Me decía que me amaba, que me amaba. Y yo no entendía nada«.
Obra de Dan Hillier.
María Sabroso.
Sobre María Sabroso 63 artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

2 comentarios

  1. Estoy de acuerdo que para algunas mujeres es difícil encontrar una pareja, porque son demasiado independientes y fuertes para la ideología reinante. Esa seguridad en sí mismas no les resta feminidad, pero no son aceptadas. Un saludo

  2. Esto sucede. Amamos a quien nos ama. Y nos importa. Pero no amamos igual. Las mujeres no somos sumisas, lo es el amar a otro, que no significa a costa de nuestro amor propio, pero si a entregarse. El otro no lo hace, la entrega. El amor lo ve como un logro, una conquista y un trofeo que ha obtenido. No asume el sentido indiscutible del amor. No es placer y ego. El amor es amor. Ellos temen eso. Y te quieren pero la entrega la conciben como someterse y como nos ven a nosotras en tanto su errada óptica de trofeo para su ego e interés.

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