¿Qué pasa en el fútbol?

 

No, no se asusten, mi capacidad enredadora no da para opinar sobre un deporte que desconozco. Me referiré a los numerosos casos de violencia sexual, machismo (no micro, sino maxi) y la cantidad abundante de depredadores sexuales que se dan en los vestuarios de estos jóvenes altaneros que salpican, día sí día no, las páginas de sucesos de los diarios.

Me veo obligada a realizar la parada  necesaria para que los ofendiditos no me lapiden  con un  #NoTallMen, que ni son todos ni se juzga al deporte. Dicho esto, que es perogrullada banal, vamos al lío.

¿Hay más casos de violencias machista en el fútbol y en deporte, en general,  que en otras profesiones? Ni sí ni no, expliquemos. Es posible que la notoriedad que confiere el deporte rey haga más noticiables los hechos  que concurren…Es posible, pero la abundancia de casos, constatablemente más numerosa que en otras profesiones, merece explicación.

 

El fútbol es deporte masivo, en el que si se triunfa el poder, el éxito, la fama y el dinero son desmesurados. Y no hablo solo de un triunfo en grandes equipos porque si se meten goles, si se dribla bien y se eluden fueras de juego con cierta destreza, ya tenemos el ídolo entronizado en el pueblo,  ciudad, o  comunidad. Aunque sea pequeña.

Se magnifica al héroe de forma desmesurada, como no se magnifica a las personas dedicadas a la ciencia, arte, o cualquier otra profesión. A la vez, los sueldos, las primas, las invitaciones y el boato que se deriva de participar en un equipo que triunfa,  convierten a jóvenes poco formados en ídolos masivos.

Cuando hablamos de violencia machista, de abuso sexual o de violación,  jamás hablamos de sexo o sexualidad. Nada anda más alejado del jolgorio explosivo que es una sexualidad sana que el abuso. Nada. Los que dicen que añoran tiempos pasados, en los que había “libertad” para soltar vituperios por la boca, tocar, sobar, abusar…sin menoscabo de su integridad, debería someterse a lo mismo durante un tiempo. No, lo que añoran es “la libertad”  que se tomaban abusándonos sin consecuencias, porque la libertad de la secretaria, de la camarera, de la funcionaria, de la conductora…cuando era vejada, sobada, insultada, esa a los sujetos machistas les importa poco. O nada.

 

No es sexo. Jamás ha sido sexo lo que impulsa a un tipo a tomar la cabeza de una joven y hundirla en su entrepierna obligando a una felación no deseada. No es sexo que una manada de ñus comparta escenas de sexo en redes sociales.  Sexo que ha sido consentido, sí, pero que  ese consentimiento no implica  compartir en redes la intimidad personal. No es sexo, que una joven consienta relaciones con UNO y de pronto se vea invadida por la manada de amigos que envisten y violan en grupo. No es sexo un beso no consentido. No es sexo que te toquen las tetas, el culo… opinen de forma constante sobre  el físico de forma sarcástica y publica. No es sexo. Es poder.

Cuando la manada de los canteranos del Real Madrid, comparten el video de la intimidad que han tenido con menores no están disfrutando sexualmente. Lo que hacen es disfrutar del poder que les da ser los machos de la manada, famosos, envidiados y poderosos. Los que comparten, con envidia, esos videos no desean a las menores, sino ser como los canteranos. Tener el suficiente poder para conseguir “pibitas” y “follarlas hasta reventarlas”

¿De donde me saco estas groseras frases, se preguntarán ustedes? De escucharlos. Claro que hemos escuchado y leído hace bien poco que unos ¿estudiantes? de Magisterio, para más inri,  expresarse de forma similar. Cierto, pero es que las manadas de ñus están en toda la sociedad, ya les indiqué al principio. Solo que el fútbol les da resonancia.

 

Cuando un jefe toma la cabeza de una subalterna y la besa en el morro, no goza sexualmente (lo sabemos, Rubiales, no hace falta que lo digas) solo es poder y las ganas de demostrar al mundo quien es el que manda. Quien tiene el suficiente poder para cogerse los huevos delante de gente (que parece que solo estuviera mal por estar la reina y la infanta delante, como si el resto del personal no mereciéramos el mismo respeto) y erigirlos como tótem masculino. Nos quieren decir que sus huevos mandan, que por el huevismo innato al macho de la manada está permitido todo. Y que no debemos darle tanta importancia…porque siempre se hizo,  al ser cosa de  la naturaleza masculina el porhuevismo abusón y obsceno.

Los casos de abusos, violaciones, vejaciones y machismos patológicos en el mundo del fútbol son demasiados para intentar normalizarlos;  demuestran a las claras que el abuso machista es solo cuestión de poder. Poder que lo da el dinero, el grupo, la fama, o simplemente el patriarcado que indica a las claras que la mitad masculina de la población mundial dispone de patente de corso sobre la mitad femenina de la población mundial. Basta dar impunidad a un tipo para que el patriarcado sistémico e imbricado hasta la raíz de nuestra cultura, salga a flote y se muestre de forma descarada.

Si en el mundo de la ciencia, del arte, de la literatura hubiera el mismo boato social y encumbramiento que en el fútbol, pasaría lo mismo…que ya pasa bastante. No es que los futbolistas sean más burdos, más machistas y más animales que otras profesiones, es que tienen poder y fama. Eso les permite desarrollar sus impulsos machistas sin cortapisas.

Ocurre que también hay un coro de “lloradores” por la libertad cuando se pone en marcha la respuesta feminista… “Es que hay que tener un cuidado ahora…porque todo molesta” “Uyuyuy, no te beso por si me denuncias” “ahora estamos como con Franco, no se puede hacer ni decir nada porque las feminazis salen a cortarnos” ¿Cuántas veces leen o escuchan estas frases u otras similares?

Habría que decir a los cómplices del criminal machismo que no es falta de libertad, es respuesta. Ahora respondemos. Ahora denunciamos. Ahora nos quejamos. Aunque no lo entiendan porque en su cortedad mental y sus escasas entendederas sobre lo que significa de verdad una sociedad igualitaria, no entienden que no nos gusta que nos soben, que nos besen, que nos abusen, que nos violen o que quebranten nuestra intimidad. Y como no nos gusta, lo denunciamos y nos plantamos con un #SeAcabó que atruena al mundo.

He visto muchas fotos donde equiparaban besos amigables en la boca. Besos que se daban amigos, compañeras, conocidos…Equiparando al dado por Rubiales a Jenni Hermoso. Yo les preguntaría a esas personas que no ven la diferencia entre beso consentido o beso forzado, si consideran que es igual que les roben cien euros de su cartera a que ellos regalen cien euros a alguien querido.

En las camadas de los vestuarios futboleros se produce mucha testosterona fatua, mucho machismo residual y se sale con el subidón a la calle hasta confluir en una discoteca, un piso de soltero o un rincón donde manifestar quien es el que manda. El porhuevismo del macho cabrío se impone. No es por sexo, no es por disfrute de intimidad con alguien que disfruta a su vez. Es puro y genuino poder machorro. Y eso está aun muy imbricado en la sociedad porque el patriarcado no es residual, mal que nos pese. El patriarcado hunde sus raíces hasta profundidades ingratas y sale a flote ante el mínimo estimulo.

María Toca Cañedo©

 

https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20210310/6274152/robinho.html

 

Sobre Maria Toca 1570 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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