Se nos ha ido Chato Galante

Llegó como un trallazo. La noticia de su muerte, de la mano amiga y compañera de las mismas batallas. Ha caído Chato Galante y a mí la pena se me ha despeñado. Ha muerto como mueren de este virus que nos está llevando vidas y libertad, solo, sin la mano que le cuidaba y le amaba tanto. Sin los suyos, porque este virus nos mata y nos deja solos.

Conocía y seguía a Chato desde hace tiempo, bastante, porque siento la Memoria como lucha casi personal. Conocía su historia por haberla leído. Las tortura a las que fue sometido en la Transición por ese ser abyecto de Billy el Niño y sus secuaces. Fue torturado durante meses, años, con saña, con el método que usan los psicópatas para romper el alma, para degradar al ser humano, para hacerlo pequeño. No pudieron. Ese fue su fracaso. Y Chato además de vivir, además de luchar por la libertad, la democracia y la justicia dedicó vida y cuerpo a desenmascarar a los culpables. Los que ensucian la tierra. Y sus cómplices.

Conocí a Chato personalmente en unas jornadas de Memoria Histórica en ese ágora de La Moraduca. Me deslumbró su lucidez, la voz serena que relataba el horror sin ansias de venganza pero sí de justicia. Tiempo después pasé un día inolvidable con él y más gente en Castro Urdiales. Yo conducía, él iba a mi lado y hablamos, hablamos sin parar. Luego, perdida por Castro, según mi costumbre, me fue guiando con su paciencia y mirando al maps.  Al acabar la jornada, paseamos por Castro, reímos, seguimos hablando. Si le admiraba de lejos, aseguro que al acercarme a él, en la distancia corta de la camaradería, ganó. Como ser humano, como luchador. Ganó con la inmensidad de una humanidad de hombre bueno, libre y valiente.

Hoy te nos has ido. No he podido evitar el pensamiento rabioso de que quienes te torturaron, quienes te arrebataron los años de  juventud y quizá te rompieron el corazón que nunca pudo reponerse, siguen en sus casas. Tranquilos, cobrando medallas por ser mala gente. Recuerdo que contaste como veías cada mañana, cuando  salías a pasear a tu perro, en el mismo parque, casi a tu lado, al rastrojo humano de Billy el Niño . Tu torturador. Y te lo tragabas…como te tragaste los golpes, las inmersiones, que en la DGS te hizo, él personalmente y cuando se cansaba, sus secuaces. Y sonreías cachazudamente  mientras lo contabas y seguías admirando el Cantábrico que te apasionaba.

Siento rabia. Mucha. Porque no es justo. Al tiempo me digo que tu memoria, el amor y la admiración que sentimos, las lágrimas que esta mañana hemos derramado por ti, nadie, nunca jamás lo hará por ellos. Las basuras humanas que ensuciaron a nuestro país por tanto tiempo y lo siguen haciendo, jamás inspirarán ni un aliento, ni un gesto de dolor.

Nadie llorará por ellos. No me consuela, Chato, pero sí el pensar que somos muchas, muchas, las que seguiremos tu lucha, para que allá, bañándote en un mar infinito te sonrías y nos bendigas.

Descansa Chato y vuela muy alto.

In Memorian Chato Galante.

María Toca.

 

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Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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