Si eres mujer, se transparente.

Es cansado, les aseguro que ser mujer es cansado. Si me dieran un euro por cada vez que alguien me ha dicho que “ya tenéis todos los derechos, no sé porqué seguís dando la brasa” o “me fastidia que incluyas a todos los hombres… que yo siempre soy feminista, encabezo las manis y he luchado lo más grande por vosotras” les juro que habría hecho una fortunita. Por no hablar de quienes nos “aconsejan” “enseñan” “muestran” cosas de la vida. A mí hace poco un  de ellos me aconsejó qué escribir. Sobre la soledad masculina…me dijo, que eso sí es tema interesante y no las cosas  sobre  mujeres de las que suelo escribir. Tal cual.

 

 

 

 

 

A las mujeres se nos pide, exigen casi, cosas imposibles y de no cumplirlas el infierno del descredito nos acecha. Si usted es hombre y político, por ejemplo, puede bailar, emborracharse alguna vez (recuerden las curdas de Boris Yeltsin, la farras pandémicas de  Boris Johnson,  los bailecitos de Rajoy, además del trastabilleo del día que perdió la presidencia) pero si es mujer, jamás. Si baila, está alegre y preside un país -modélico país Finlandia– le exigen pruebas anti droga porque donde se ha visto que una política se desmadre divirtiéndose como una persona normal, con amigos normales. ¡Anatema! Prueba antidrogas para la libertina. Y rotura de camisa de los bienpensantes.

Si ustedes comparan, o comparásemos (en el supuesto de tener acceso) a lo mejor habría que hacer esas pruebas demandas para la finlandesa,  en los servicios de cualquier Parlamento europeo o yanqui. El problema es ser normal y si eres mujer, la cosa se desmanda, porque  yo no he visto a ninguna señoría británica pedir el mismo análisis a su primer ministro, una vez vistos los videos de las francachelas pandémicas. Ni poner el alcoholímetro a Mariano Rajoy el día de su despedida, mientras Soraya Sainz de Santamaría y su bolso (icónico bolso) ponían decoro en un Parlamento abochornado. La sobreexposición de las mujeres políticas solo ellas lo saben y les aseguro que mucho y malo. De cualquier partido. De todos los partidos.

También se nos exige ser jóvenes. Guapas, depende. Porque si eres guapa corres el riesgo de ser puta. O de que te lo llamen de continuo. Accedes al poder por pasar por la cama de…quien sea. Al revés no, jamás se dio el caso de un efebo que enamorara a una poderosa y subiera de puesto. Quizá porque no hay poderosas…o si las hay profesan la sagrada premisa de la discreción y el trasparentismo social. Es decir, si eres mujer y quieres llegar lejos, más te vale   que seas  trasparente, no brillar por nada. Claro que fea o gorda  tampoco se puede ser porque te lloverán insultos y descalificaciones por esa causa. Lo dicho: transparentes.

 

 

 

 

 

El haber vendido más de 300 millones de discos, ser la  solista con más ventas de todos los tiempos, según el Guinnes, ser productora, compositora, actriz, haber realizado musicales, tenido hijos razonablemente bien situados y seguir activa y con éxito, tampoco te exime de la descalificación o de protagonizar titulares absurdos como el del artículo de Alberto Rey en el (In)Mundo.

Mick Jagger, a sus setenta y seis años es una figura legendaria del rock. Bruce Sprigsteen, a sus setenta y tres años es una leyenda que sigue teniendo energía y talento y llena estadios con su música.  Bob Dylan si saca disco se convulsiona el mundo. Tiene la misma edad que Bruce

A Madonna se la juzga por vieja mientras que al resto de los adalides musicales se les denomina legendarios, leyendas… Porque de todos/as es sabido que solo somos viejas nosotras.

Hace tiempo que empleo una fórmula que no falla. Se la recomiendo a ustedes. Cuando alguien ataca ad hominem, bien por el físico o por la personalidad, es decir descalifica a la persona y no a su obra, a su buen o mal hacer,  estamos ante un malvado mediocre. Créanme, malvado y mediocre hasta hartar. Deben darse ambas cosas porque si es malvado y destaca, buscará la forma de desacreditar a su adversario/a de forma sibilina y demoledora sin tocar, jamás, ni su aspecto ni su vida personal. La proporción de mediocridad debe ser alta, para cumplir el axioma.

 

De jóvenes, cuando contrariamos, nos suelen llamar putas, guarrillas, facilonas… Sabemos que nos ha llegado la madurez (a eso de los treinta, no se crean que mucho más) cuando nos empiezan a llamar viejas, o putas viejas. A mí, la primera vez que me llamaron vieja tenía 27 años.

Ahí te das cuenta que has cruzado la línea y ya te disparan con la bala de la edad. No sé si saben ustedes que los hombres no son viejos, son maduros interesantes, hombres de experiencia demostrada con el atractivo que pone la edad sobre el físico marchito.

Miren, miren, si no me creen la filmografía. Verán a actores en plena senectud seduciendo a jóvenes que bien podrían ser sus nietas. Llevan años las actrices de Hollywood quejándose de que a los cincuenta ( y mucho antes) se convierten en trasparentes del todo y pasan a engrosar las cifras del paro, mientras los tíos comienzan a florecer como galanes maduros prestos a realizar papelones de Oscar.

Claro, que una vez trasformadas en trasparentes podrán ejercer la política. Siempre que no bailen, no rían, no follen y sean señoras bien serias.  Y trasparentes.

Y eso, amigas mías, es el poso duro del patriarcado infame.

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1282 artículos
Escritora. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina. Coordinadora de #LaPajarera. Articulista. Poeta

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