SIR OLIVER BERRYCLOTH Y AMELIE MOREAU

Hace muchos años fui el coronel Sir Oliver Berrycloth, el mejor agente que haya tenido la Inteligencia británica. Pasé desapercibido incluso para la historia. El mundo ha ignorado mi nombre hasta hoy ¿Qué clase de espía permite que su currículum aparezca en las enciclopedias y que su nombre rotule la avenida de una gran ciudad? ¿Se imaginan? Rotonda del coronel de Inteligencia Sir Oliver Berrycloth o Aeropuerto Internacional Amelie Moreau.
Debido a mi habilidad para el transformismo y al dominio del francés y del alemán fui destinado en 1942 a la Francia de Vichy. Allí fui durante un tiempo la respetable madame Moreau, cocinera del teniente coronel de la Gestapo Albert Christoph Müller Von Holstein-Gottrop, un estirado austriaco de monóculo y cuello almidonado que ingirió un sabroso currywurst de cianuro el día antes del Día D. Cosas de la guerra. En esta foto pueden verme en la puerta de su casa coqueteando con el vendedor de biblias Didier Bertrand. Foto tomada por la resistencia.
Antes de la guerra, Didier Bertrand trabajaba como chivato para el Deuxième Bureau. El conflicto lo hizo ascender a la sombra de François Darlan, director del CIG. Aunque durante la guerra delató a muchos franceses de bien, nunca alcanzó la condición de respetable espía. Un mediocre es siempre un mediocre y Didier nunca pasó de chivato. Hubiera sido fácil apuñalarlo en cualquier esquina, pues todo Vichy sabía que era un soplón de los alemanes, pero Didier perjudicaba más al enemigo en la calle que bajo tierra.
Teniéndome por una furibunda germanófila, me fue fácil hacerlo delatar a germanófilos auténticos que acabaron en manos de la resistencia o en las mazmorras de la Gestapo acusados de terroristas. Ya digo: un desastre. Didier tenía debilidad por mi tarta de manzana y por mí mismo. Llegó a pedirme matrimonio, con eso lo digo todo. No le importaba mi masculina ronquera ni mi siempre indepilable bigote ni mi olor a infiernillos y a tabaco negro. Didier Bertrand me amaba de verdad, tanto o más que mi esposa, a la que adoro.
Didier me recitaba versos de Víctor Hugo y me tocaba las nalgas y las tetas postizas y a cambio yo le sonsacaba información sobre los tejemanejes de la Policía. Que nadie se llame a engaño, así de prosaica es la vida de un espía. En cuestión de amoríos, Didier rivalizaba con el teniente coronel Albert Christoph Müller Von Holstein-Gottrop, quien también me tocaba las tetas postizas y me recitaba poemas de Goethe a la hora del té frente a la chimenea. Yo a cambio le sonsacaba fechas y lugares de redadas, líneas de investigación, movimientos de tropas…
Los lances del amor estuvieron a punto de arruinar mis planes. El teniente coronel Müller sorprendió un día a Didier Bertrand tocándome el trasero en el recibidor de la casa. Arqueó las cejas, se le cayó el monóculo al suelo, profirió una maldición en austriaco y sacó la Luger dispuesto a freír a tiros a mi mejor señuelo en Vichy. Bertrand salió huyendo de la casa con sus biblias bajo el brazo y dejó de visitarme. Nos veíamos a escondidas algunas tardes en el parque, cuando el teniente coronel estaba fuera de servicio.
El día que la ciudad cayó en manos de los aliados, Didier Bertrand fue detenido inmediatamente, como era de esperar. Antes de ser fusilado fui a verlo a la cárcel vestido de coronel del Ejército británico. Le llevé una tarta de manzana y él me entregó una carta de amor que había escrito para Amelie Moreau. Nos despedimos con un apretón de manos. Aún conservo aquella carta entre mis objetos personales.
José Antonio Illanes.
Sobre Jose Antonio Illanes 32 artículos
Escritor de novela, relato,poesía. Ha recibido tantos premios que nos llenaría la página, destacamos los siguientes: Premio de Novela Corta Malela Raenes. ,, Nacional de Cuentos Alzahir ,, Poetas del Mundo ,, Narrativa Ateneo de Sanlúcar. ,, Nacional de Narrativa Breve...

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